¿Un Nobel para Trump?

Como ya he tenido ocasión de comentar en anteriores ocasiones, la política exterior de Trump induce a EE.UU. a abandonar los tratados o acuerdos internacionales que no se corresponden con su idea de America first!

Tras renunciar hace unos días al "Tratado de cielos abiertos", que permite vuelos de inspección sobre los países firmantes, a fin de mejorar la confianza recíproca respecto a las actividades militares de los demás miembros, EE.UU. ahora solo es signatario del "Tratado START III", firmado en 2010 entre los presidentes Obama y Medvédev, que limita a 1550 el número de ojivas nucleares en posesión de cada país y a 800 los misiles estratégicos en reserva.

Cuando todo parecía indicar que continuaría esta tendencia, recientemente se ha anunciado desde Washington su disposición a reanudar contactos con Rusia para alcanzar un acuerdo nuclear. Fuentes oficiales informan de la preocupación de Trump por el peligro existencial que supone una guerra nuclear y alaban su íntimo deseo de poder capitanear un acuerdo global y definitivo que salve al planeta de un posible holocausto y, de paso, le haga ganar el premio Nobel de la Paz.

El enviado especial para esta cuestión, habituado a los usos de la Casa Blanca (para evitar el riesgo de ser cesado a través de un tuit), afirmó encomiásticamente: "El presidente tiene una larga y exitosa carrera como negociador; es un maestro de la persuasión". Designado para este trabajo aunque carece de experiencia en los asuntos de control de armas, aseguró que, a pesar de todo, si hubiera una nueva carrera de armamentos EE.UU. la ganaría: "Nosotros sabemos cómo ganar estas carreras y cómo agotar al adversario", añadió, aludiendo a cómo se desintegró la Unión Soviética por intentar emular a EE.UU. en su alocada carrera de armamentos. Esta bravata, sin embargo, no parece sustentarse en la realidad, cuando sobre EE.UU. pesa una deuda de 7 billones (millones de millones) de dólares, de los que un billón corresponde a China.

En toda su trayectoria como presidente, Trump no ha sido capaz de negociar ningún tratado de control de armamento, ni cuando se reunió con el líder norcoreano, a pesar de la amplia difusión que los medios que le apoyan dieron a sus encuentros en Singapur y en la zona desmilitarizada de Corea. Kim Jong-un ha seguido impasible con su programa nuclear.

Y a la vez que Trump alardea de su empeño para limitar el armamento nuclear mundial, no vacila en presumir de la potencia de "su botón nuclear", como hizo a mediados de mayo al desvelar la existencia de un misil extraordinario (super-duper) que es 17 veces más rápido que los de sus adversarios y que "forma parte de un increíble arsenal de un nivel que nadie ha visto jamás". Y afirmó con su peculiar vocabulario: "Diecisiete veces más rápido, si puede creerse, General. Es algo bueno ¿verdad? Diecisiete veces más rápido que lo que tenemos ahora. El más rápido del mundo en casi tres veces"; y como es habitual en él se enredó con los números, ya que el supuesto misil ultramoderno vuela a 20 veces la velocidad del sonido.

Ante declaraciones tan divergentes como acostumbra a difundir espontáneamente el inquilino de la Casa Blanca, los miembros de su gabinete no logran transmitir (y, quizá, tampoco entender) cuál es la política del presidente en relación con el control de las armas nucleares.

Trump se empeña en que China también firme los acuerdos que espera alcanzar con Rusia, a lo que Pekín se niega en redondo aduciendo que entre EE.UU. y Rusia suman el 90% del poder nuclear mundial. Con más de 1500 armas nucleares desplegadas por cada una de ambas potencias, en disposición de ser utilizadas, China solo posee algo más de tres centenares, que ni siquiera están desplegadas sino almacenadas en depósitos.

Que a Trump le de ahora por enredar en el complejo mundo de la limitación de armamentos nucleares causa escalofríos en algunas organizaciones especializadas, como el movimiento Global Zero, que declara: "El actual Gobierno de EE.UU. está torpemente avanzando hacia un caos nuclear que puede traer consecuencias desastrosas".

Pero ¿quién frena a un Trump, narcisista y ególatra, que ahora incluso sueña con ser galardonado con un Nobel?