Entre el papel higiénico y los revólveres

La compra de grandes cantidades de papel higiénico al comenzar el periodo de confinamiento doméstico al que los españoles estamos ahora sometidos ha causado bastante sorpresa. ¿Cuál puede ser el motivo? nos preguntábamos. Produjo innumerables muestras de humor y jocosas interpretaciones que sirvieron para aliviar algo la angustiosa e inédita sensación de estar necesariamente encerrados en casa. Sin embargo, esta sorprendente reacción no es una exclusiva española.

Justo al otro lado del Brexit, la periodista británica Suzzane Moore -experta además en cuestiones psicológicas- escribía en The Guardian el pasado martes que “la enloquecida lucha por papel higiénico es comprensible porque permite a la gente sentir que están respondiendo a una crisis, es decir, que están en el centro de la crisis y son capaces de imaginar el momento en que ésta termine”.

Explica que, en circunstancias difíciles, es bueno tener muchas cosas que hacer, pues la actividad vence al miedo mientras que la soledad deteriora el sistema inmunológico. Pero también piensa que es aconsejable actuar de otro modo: manteniendo la calma y aguantando. Vamos, que la cosa no está muy clara ni siquiera para los psicólogos.

La ciencia del comportamiento, puntualiza Moore, describe las cinco fases en que las personas reaccionan ante algo desastroso: 1) Autoprotección: miedo y ansiedad; 2) Protección dentro del grupo, lo que inicia los cambios de comportamiento; 3) Culpabilidad: asumimos que hay que cambiar las actividades normales; 4) Exigencia de responsabilidades: saber qué o quién causó el desastre; y 5) Vuelta a la normalidad, es decir, adaptarse a la crisis y a sus consecuencias.

Pero mientras algunos españoles -y, por lo que se ve, también los británicos- acumulaban rollos de sedoso papel en sus carritos de la compra, muchos ciudadanos estadounidenses hacían cola delante de las tiendas de armamento, ansiosos por adquirir las armas de las que una crisis de desabastecimiento podía privarles.

Uno de los inefables tuits de Trump les recordaba el pasado sábado que las cosas “no se necesitan hasta que hacen falta”. La periodista británica no comenta este hecho, pero no hay duda de que los ciudadanos de EE.UU. permanecen en la primera fase de su lista: la del miedo y la ansiedad. Pero en vez de recurrir a las habituales ayudas de tipo psicológico, bien probadas, que permiten dominar ambas sensaciones, el norteamericano medio tiene siempre un remedio a mano: un buen revólver Colt del 45, listo y bien engrasado.