Ecos de la España del pasado

Ahora que muchos españoles van a ejercer su derecho al voto, los que por edad nos ha tocado vivir en una época desconocida para algunos de ellos sentimos la necesidad de evocar los ecos de un pasado no muy lejano que deberíamos esforzarnos por no repetir.

En julio de 1973, cuatro alumnos de un centro español de enseñanza superior fueron expulsados por decisión de su Consejo de Disciplina. Verbalmente se les formularon las razones de su inmediata expulsión. El texto de los cargos aducidos contra ellos fue publicado años después y llegó a conocimiento de la opinión pública. Veamos algunos de ellos.

“Haber sufrido una crisis religiosa que le ha llevado a no ser católico, aunque conservando una creencia cristiana”. Todo haría pensar que el citado centro de enseñanza era un seminario, una universidad pontificia o algo más estricto, donde era insuficiente la “creencia cristiana” y se exigía una rigurosa profesión de fe católica.

Otro cargo aducía: “Amistad con universitarios, con los que habla de los aspectos reformables de la sociedad”. Es una acusación de complejos matices. ¿Un centro de enseñanza para quienes no desean reformar la sociedad? O, si lo desearan ¿deberían rehuir las ideas que al respecto tuviesen los universitarios?

“Estudiar preferentemente materias económicas, en perjuicio de las materias técnicas”. Es extraña la predilección que los disciplinadores muestran por la técnica sobre la economía, pues hasta los ingenieros estudian el aspecto económico de sus proyectos. ¿Tendrá esto algo que ver con el catolicismo antes requerido? ¿Un catolicismo “técnico” antes que “económico”? El enigma se oscurece.

“Adquisición y lectura de libros y revistas de temas económicos, culturales y sociales”. Sorprende que, en un centro superior de enseñanza, la lectura de temas económicos, culturales y sociales sea motivo de expulsión. Indudablemente estamos ante un caso muy anómalo. ¿De qué extraño centro de enseñanza se trata?

La incógnita se resuelve de inmediato al leer esta imputación adicional: “Trato de familiaridad con algunos soldados”. ¡Soldados! es la palabra clave que resuelve la duda. Porque se trataba de la Academia de Infantería del Ejército Español, radicada en la histórica ciudad de Toledo. Y los estudiantes expulsados eran alféreces alumnos de la citada academia.

Reconozca el lector la positiva transformación sufrida por los ejércitos españoles desde el hecho aquí comentado. Observe a su alrededor a los modernos militares profesionales, hombres y mujeres que, a las órdenes del Gobierno democráticamente elegido y al servicio de sus conciudadanos, estudian, trabajan, arriesgan su vida, ejercen cargos de responsabilidad dentro y fuera de España y viven su profesión, ajenos a aquel absurdo pasado con el que tuvimos que convivir los que les precedimos y que ahora aparece como algo inverosímil.

El texto que el lector acaba de leer es una adaptación del comentario que publiqué en este mismo diario en mayo de 2013, basado en el trabajo de Fidel Gómez Rosa, doctor en Ciencias Políticas, investigador histórico y subteniente del Ejército del Aire, autor de “Los militares olvidados por la Democracia” (Ed. viveLibro, Madrid 2013). La evolución política española en los últimos años no le ha hecho perder vigencia.