¿Un nuevo eje militar?: Rusia-China

A lo largo del presente año han sido varios los indicios que apuntan a un sustancial aumento de las relaciones de cooperación militar entre Rusia y China. Analistas políticos rusos y occidentales (los chinos no son muy dados a hacer públicas sus controversias internas) se vienen preguntando últimamente cuál es la naturaleza real de tal cooperación.

Durante 2019 se han observado maniobras navales conjuntas ruso-chinas, ejercicios aéreos de bombardeo y otras actividades en las que han participado unidades militares de ambos países. Más recientemente se han anunciado ejercicios de simulación de defensa contra misiles de alcance intermedio y este mismo mes de septiembre se repetirán las importantes maniobras anuales rusas conocidas como Tsentr (centro).

El Ministerio de Defensa ruso ha anunciado que intervendrán en ellas más de 120.000 soldados, 20.000 equipos de material de guerra, 600 aviones y 15 buques en ocho campos de maniobras. En dos fases sucesivas se practicarán acciones antiterroristas, de defensa aérea, de exploración y reconocimiento, seguidas por la simulación de combate contra enemigos supuestos. Participarán unidades militares de China, India, Pakistán y las cuatro repúblicas centroasiáticas.

Es interesante observar que también se anuncia la preparación de un nuevo documento que sustituirá al viejo acuerdo de cooperación militar firmado en 1993 entre China y Rusia. Se cree que incluirá la consolidación de un mismo sistema de Defensa Avanzada contra misiles balísticos, aspecto en el que China está más retrasada que EE.UU. o Rusia.

¿Se creará una nueva OTAN o un nuevo Pacto de Varsovia que vincule a Rusia y China? La respuesta es claramente negativa. Ambas partes han confirmado que no desean crear una alianza militar, y así se afirmó durante la visita del Presidente chino a Moscú en junio pasado, resaltando que Rusia y China “rehúsan establecer relaciones de alianza, confrontación u oposición a terceros países”.

En realidad, una relación “no formalizada plenamente” beneficia a ambos. Su acercamiento mutuo se basa en que ambos rechazan a EE.UU. y al mundo configurado según se establece desde Washington. Fuera de esto, Rusia y China divergen en otras cuestiones. La primera sigue una política de relaciones amistosas con todos los países de Asia, incluyendo India, Vietnam y Japón, a pesar de las divergencias de éstos con China. Por su parte, Pekín interviene en el desarrollo de varios países europeos con independencia de lo que Rusia opine al respecto.

No es solo eso. Tanto Rusia como China valoran su independencia, y Rusia, cuya economía está menos desarrollada, evita convertirse en deudor de China, lo que daría a este país un elemento de presión sobre sus recursos.

En el triángulo EE.UU.-Rusia-China, es necesario advertir que el conflicto China-EE.UU. es más profundo y peligroso que el de EE.UU. con Rusia, ya que Moscú no está en condiciones de competir con Washington por el liderazgo mundial, mientras que el potencial económico chino, unido a su reforzamiento militar, sí parece capaz de aspirar a alcanzarlo.

Por último, muchos se preguntan qué ocurriría si, por ejemplo, EE.UU. saliese en defensa de Taiwán en el caso de que China intentara ocupar la isla. ¿Intervendría Rusia apoyando a China? ¿Aceptaría Rusia el gasto que esto supondría para una economía deteriorada?

Sea como sea, en los dos últimos años ha variado sustancialmente el panorama militar euroasiático, al surgir una vinculación militar más estrecha entre Rusia y China. Es imposible predecir si esta vinculación se solidificará en una alianza, se transformará en una latente rivalidad, perturbará las relaciones de ambos Estados con Europa o contribuirá al creciente desconcierto que reina en la política internacional de EE.UU. Pero la aparición de un nuevo vector en el entramado mundial de poder es seguro que va a introducir nuevas causas de inestabilidad.