Engatusando al pueblo palestino

La familia Trump, en este caso personalizada por el multimillonario patriarca y su avispado yerno, Jared Kushner, está urdiendo un plan con el que, a cambio de abundantes dólares, los palestinos tendrán que aceptar el futuro que les asigne Washington.

Anunciado hace ya largo tiempo, Kushner ha ideado un proceso, cuyos detalles todavía no se conocen, del que su suegro ha manifestado que resolverá definitivamente el “problema palestino”, para la mayor gloria de su presidencia.

Se tiene la intención de hacer pública la parte económica del plan y retrasar sus aspectos políticos hasta que, en las elecciones previstas para septiembre, se resuelva el conflicto originado en Israel por la incapacidad de Netanyahu para formar Gobierno.

En una próxima reunión a celebrar en Baréin con financieros regionales y ministros de economía de la zona, se discutirá un plan de infraestructuras para Egipto, Jordania, Líbano y Palestina, que implicará puertos marítimos, aeropuertos, polígonos industriales, centrales de energía, etc. y del que se dice supondrá una inyección de 50.000 millones de dólares en esta región. Lo más brillante del plan, con matices de refinada estafa internacional, es que esa cifra será extraída de las arcas de los Estados petrolíferos del Golfo, a cuya cuenta Trump pasaría a la Historia como el pacificador de Oriente Próximo.

Con tan suculenta zanahoria se supone que los palestinos aguantarán el palo que les supone olvidar para siempre sus esperanzas en la solución biestatal, la capitalidad en Jerusalén Oriental, la recuperación de las fronteras de 1967 y el regreso de los refugiados.

Dotado de tan poca sutilidad diplomática como su suegro, Kushner, preguntado si creía que los palestinos aceptarían ese plan y renunciarían a sus aspiraciones, dijo: “Cuando hablo con ellos, lo que quieren de verdad es vivir una vida mejor, pagar sus hipotecas…”. Y aclaró que una cosa eran los tecnócratas dirigentes, empeñados en sus reivindicaciones políticas, y otra el pueblo llano al que le basta con vivir mejor.

Por si hubiera alguna duda, al preguntarle si el plan liberaría a los palestinos de la ocupación militar israelí y le llevaría al autogobierno, respondió: “Eso es poner el listón demasiado alto”.

Y a la pregunta sobre si suponía que los palestinos eran capaces de gobernarse por sí mismos contestó: “Buena pregunta. Tendremos que verlo. Esperamos que, al paso del tiempo, puedan hacerlo”. Y aclaró: “Puede que ellos no confíen en mí, pero si su vida mejora el plan tendrá éxito”.

La conferencia de Baréin no parece interesar a los palestinos, que no acudirán, y tanto China como Rusia han declinado su participación. De momento, no pasa de ser un proyecto que, como otros originados en la mente del indefinible presidente, puede modificarse de la noche a la mañana o simplemente acabar en el cesto de los papeles.