Los ejércitos necesarios y los deseables

La creación de un Ejército Europeo viene llamando la atención de los medios de comunicación de la UE y de sus élites políticas, de las que algunas parecen haberse puesto manos a la obra aunque de modo incipiente.

Las conjeturas sobre la viabilidad de tal ejército se ven perturbadas por unas circunstancias que dificultan hallar la mejor solución. De entre ellas cabe citar la preexistencia de la OTAN y los compromisos que esto implica; la multifacética presión que la política de Trump ejerce sobre la UE (militar, económica, cultural, etc.), y también el interés en fomentar su industria bélica (un aspecto no desdeñable del America first!); las discrepancias entre los miembros de la UE y también dentro de ellos, en función de las tendencias políticas que ejercen el poder.

Pero hay un aspecto que pocas veces se pone de relieve: la gran anomalía histórica que tal creación implica. Con una mirada de larga perspectiva se advierte que jamás un ente político ya asentado y operando con normalidad (sea un Estado, federación, reino, imperio, etc.) ha carecido de fuerzas armadas y se ha visto en la tesitura de tener que inventarlas, como ahora parece que le ocurre a la UE.

Esto se debe a que la casi totalidad de las unidades estatales políticas hoy existentes han visto la luz como consecuencia de guerras, invasiones, movimientos de liberación, etc., lo que presuponía, al menos, la existencia de un embrión de institución militar, gracias a cuya fuerza nació el ente político. Se les podría llamar los “ejércitos necesarios”; fueron evidentes ejemplos la creación del Imperio Alemán (el II Reich) tras la derrota de Francia en la guerra franco-prusiana de 1871 y el nacimiento de EE.UU. como resultado de su victoria sobre el ejército colonial británico en 1783.

El caso europeo, por el contrario, parece mostrar el deseo de poseer un ejército propio, el “ejército deseable”, cuyo proceso creativo sería del todo distinto al de los ejércitos “necesarios” antes aludidos.

Si se pudieran dejar de lado los factores dominantes antes citados (OTAN, Trump, etc.) que entorpecen lo que sería el proceso racional de crear unas fuerzas armadas a partir de cero, habría que empezar por ponerse de acuerdo sobre las amenazas que ese ejército europeo habría de afrontar. Saber cuál es el enemigo es asunto vital en este caso (y otros parecidos, como recientemente reconoció un político español al atribuir su fracaso electoral a “haberse confundido de enemigo”, como él mismo declaró).

No solo hay que saber cuál puede ser el enemigo: además hay que valorar cuál es la hipótesis de su actuación más probable y cuál la que resultaría más peligrosa. Una fórmula elemental de la estrategia aconseja que la organización general del ejército se ajuste a la primera hipótesis, y que sus órganos de seguridad y protección se articulen en función de la segunda.

Fácil es imaginar la complejidad -casi imposibilidad- de llegar a un acuerdo entre los Estados de la UE sobre esta cuestión. No existe la necesaria homogeneidad para alcanzarlo: los Estados norteños y los meridionales discreparían sobre ello, del mismo modo que los antiguos miembros del Pacto de Varsovia tendrían opiniones muy distintas sobre el hipotético enemigo del que defenderse.

Y en el extraordinario caso de que se llegara a un acuerdo, el obstáculo de casi imposible superación sería el relativo a la organización de ese ejército, la contribución de los diversos Estados y, lo que es aún mas peliagudo, la competición entre las industrias de guerra designadas para equiparlo.

En resumen: es de temer que el Ejército Europeo que en las actuales circunstancias se llegase a organizar no sería ni el “necesario”, pues no hubo ninguno que contribuyese a crear la Unión Europea, ni el “deseable” en función de las circunstancias estratégicas actuales, sino una mala componenda entre los poderes reales que ejercen presión sobre Bruselas y las tensiones y desacuerdos internos que tanto contribuyen a debilitarnos.

Intentemos conseguir primero una Europa justa, coherente, inclusiva y equilibrada, que si necesita ejércitos éstos irán formándose de modo natural y adaptados a la situación geoestratégica del momento.