Las heridas de la humanidad

Sin duda alguna es hoy Yemen la herida más grave que sufre la humanidad y a través de ella se desangra su pueblo ante la ineptitud de los grandes poderes mundiales, faltos de voluntad para detener la sangría. No es la única herida que muestra el deterioro físico y moral de la especie humana, pero sí la más visible en estos días. Hay otra herida más antigua, mal curada y bastante enconada, menos ostensible, pero que paulatinamente va destruyendo a otro pueblo: el palestino.

Ben White es un periodista independiente británico, especializado en asuntos de Israel y Palestina. Su último libro es Cracks in the Wall: Beyond Apartheid in Palestine/Israel, que pudiera traducirse como “Grietas en el muro: tras el apartheid en Palestina e Israel”.

Su publicación vino a coincidir con la insistencia del Gobierno de Netanyahu en proseguir la construcción de asentamientos ilegales en la Palestina ocupada; con el desprecio de Trump por el derecho internacional al trasladar su embajada a Jerusalén; y mientras Israel organizaba la expulsión de los palestinos residentes en un poblado de Cisjordania: Jan el Ajmar.

Para White, la presencia de medio millón de colonos israelíes en Cisjordania recalca la imposibilidad de llevar a la práctica la solución biestatal que durante largo tiempo ha sido el eje central de la política de Occidente para asentar la paz en esta región. Según un periodista de la agencia británica Middle East Eye, White “ha escrito la guía más clara que jamás he leído sobre la trágica separación entre israelíes y palestinos. No hay elucubraciones retóricas ni emocionantes anécdotas personales. White argumenta con autoridad y profundo conocimiento […] sin eludir los juicios difíciles y controvertidos”.

Cisjordania, en la realidad pero no en la legalidad, es ya parte de Israel. Y los palestinos que allí residen están sujetos a las leyes israelíes, aunque sea arbitrariamente a través de tribunales militares. Además, un informe de la ONU recopila más de 700 obstáculos que limitan físicamente el movimiento de la población, sin contar las demoliciones, el traslado forzoso de personas y la apropiación de recursos naturales, principalmente hídricos. En Cisjordania los palestinos habitan varios enclaves aislados entre si por carreteras reservadas para israelíes, colonias de asentamientos, muros y zonas militares prohibidas.

Medio siglo de soñar con la quimera biestatal ha permitido a Israel anexionarse Cisjordania de hecho; esta es la principal conclusión del libro. Esa quimera se ha esfumado. White cita las alertas de muchos políticos occidentales e israelíes anunciando que “el fracaso de una solución biestatal lleva a la desagradable elección entre un solo Estado y el abandono de la idea de una democracia judía, o un Estado no democrático con los palestinos como ciudadanos de segunda clase”. E insiste: “la perspectiva de una única entidad política donde millones de palestinos carecen del derecho al voto describe la situación actual, no un escenario futuro”.

Para el autor, los Acuerdos de Oslo entre Israel y la OLP fueron perjudiciales para los palestinos y crearon un callejón sin salida. En el “Área C”, que es la mayor parte de Cisjordania, se derriban continuamente las viviendas palestinas declaradas ilegales; pero son ilegales porque menos del 2% de las solicitudes de construcción son aceptadas.

Es probable que algunos lectores encuentren exagerado aludir al apartheid y consideren erróneo el paralelismo. Otros quizá creamos ilusoria la demanda de White en pos de un solo Estado donde judíos y palestinos “sean ciudadanos iguales en un hogar compartido”, aunque la apoyemos de todo corazón.

Porque pocas esperanzas inspira la reciente noticia (Haaretz, 27-11-18) de que “de Catar a Irán, ninguno de los países participantes en la Conferencia MED2018 [que tuvo lugar en Roma del 22 al 24 de noviembre, para tratar asuntos de interés común en el Mediterráneo] parecía realmente interesado en los palestinos. La normalización con Israel, por el contrario, estaba de moda: ‘Es un cambio total del paradigma'”. La terrible conclusión la exponía el titular: “La visión de Netanyahu sobre Oriente Medio se ha hecho realidad”. Es una peligrosa visión en la que el pueblo palestino no tiene cabida como tal. La herida seguirá abierta y no se puede anticipar lo que pueda suceder después.