La “jungla” Euro-Atlántica (y II)

Las “tres reglas de la jungla”, a las que aludí en mi comentario de la pasada semana, pudieran parecer una exagerada simplificación, propia de una popularización periodística, o un simple toque humorístico.

Algo parecido a lo que a comienzos de los años 50 del pasado siglo nos comentaba un profesor de la Academia General Militar, que resumía toda la táctica y la estrategia militares, desde Sun Tzu hasta Mao, pasando por Maquiavelo, Clausewitz y Fuller, en tres axiomas que, según él, bien aplicados, servirían para ganar todas las batallas:

1) Amagar y no dar.

2) Quien da primero da dos veces.

3) Ver sin ser visto.

Solía añadir un erudito colofón, en latín: Audaces fortuna juvat; con lo que completaba su breve manual de táctica y estrategia para uso universal.

Pues bien, las “reglas de la jungla” le han permitido al director de la ELN extraer unas útiles conclusiones que pueden ayudar a los dirigentes europeos en la toma de decisiones.

Una primera recomendación es evitar la verborrea o el apresuramiento para encuadrar los problemas de seguridad, que requieren reflexión. No basta con preguntarse cómo conservar, restaurar o crear una arquitectura europea de seguridad, pues la cuestión es más compleja que esto.

La complacencia en estos asuntos es peligrosa. ¿Basta con creer que, desaparecidos al paso del tiempo Trump y Putin, volverán las cosas a su anterior situación? Hay que pensar si a las grandes potencias les sigue conviniendo reproducir la guerra fría en el siglo XXI, apoyándose más en el poder militar que en otros aspectos de la seguridad, como las reformas económicas o las inversiones domésticas.

La tercera conclusión obliga a ser mucho más precavido ante las consecuencias de las acciones propias. ¿Está seguro Trump de que los rusos sabrían distinguir entre un arma nuclear de baja potencia y otra de gran potencia, si ambas forman parte del arsenal de EE.UU.? ¿Había pensado Erdogan en las consecuencias económicas y políticas de derribar un caza ruso en 2015? ¿Qué podría ocurrir si otro caza ruso da una pasada sobre un buque de EE.UU. en el Báltico?

Como cuarta sugerencia, se recomienda dedicar más esfuerzos para entender a los adversarios y comprender mejor el entorno de seguridad. Esto afecta a todos: grandes y pequeñas potencias. Muchas de ellas adquieren información, pero son menos las que la comprenden; y todavía menos las que toman decisiones acertadas basándose en ella. “Los animales de la jungla lo hacen mejor”, comenta Adam Thomson.

Como corolario de lo anterior, hay que reforzar el diálogo sobre seguridad con los adversarios potenciales; no se les va a convencer para que cambien de posición, pero esto ayudará a entender mejor la situación y abrir posibilidades de negociación.

Como sexta y última conclusión, hemos de respetar la ecología de la jungla. Es una jungla, sí, pero es la nuestra. La jungla euroatlántica acoge peligrosas fieras y el mayor número de armas nucleares de todo el mundo, pero también alberga invaluables reservas de historia, diplomacia, formas de actuar y de entenderse, con las que poder mejorar la seguridad mutua.

El director de la ELN concluye así: “Son recomendaciones muy generales, pero muy prácticas. Estamos en una época de la vida en nuestra jungla en la que ningún hechizo mágico de un brujo podrá concedernos más seguridad. Solo la paciente puesta en práctica de un planteamiento distinto de nuestra ecología de seguridad y su sostenibilidad podrán hacer las cosas menos costosas y peligrosas”.

Esta claro, tras todo lo aquí comentado, que se necesita un nuevo modo de pensar, que lamentablemente parece no llegar a los dirigentes políticos y militares, que hacen lo de siempre: aumentar los gastos militares, multiplicar el número de armas y soldados, su potencia destructiva y su expansión sobre la superficie del planeta. A esto contribuyó mucho la fatal decisión tomada por EE.UU. en 2001 de combatir el terrorismo por medios militares, en vez de utilizar recursos de otra naturaleza, más eficaces en este tipo de lucha.

Militarizar la lucha contra el terrorismo ha sido el gran error que, por un lado, ha contribuido a extenderlo y, por otro, ha distorsionado el viejo axioma de que la guerra es la continuación de la política por otros medios. Hay que descubrir otros modos de funcionar y hemos de agradecer a la European Leadership Network su contribución a este empeño.