Milicia y deporte

Contra lo que parece sugerir el título, aquí no se va a tratar de los indudables beneficios que a los soldados reporta la práctica del deporte o a los deportistas confieren ciertos hábitos propios de la milicia. El asunto es muy distinto.

William Astore es un teniente coronel de la Fuerza Aérea de EE.UU., ya retirado, profesor de Historia además de analista y prolífico comentarista político. En una de sus últimas publicaciones (tomdispatch.com, 19-agosto-2018) muestra su preocupación por la arraigada costumbre estadounidense de combinar actos deportivos con exhibiciones militares.

En septiembre del año pasado Astore asistió al Open de tenis de EE.UU. en Nueva York, que brillantemente ganó Nadal en tres sets. No sin ironía recordaba que el tenis, desde que desapareció McEnroe de la escena, suele ser un deporte de desarrollo bastante pacífico (comparado con el hockey, por ejemplo).

Sin embargo, en esa ocasión se sorprendió al contemplar que, justo antes de la final masculina que enfrentó a Nadal con Anderson, una formación militar del cuerpo de Marines (Infantería de Marina) junto con una representación de cadetes de la Academia de West Point participaron en una ceremonia conmemorativa por las víctimas del 11 de septiembre de 2001.

Así describía el acontecimiento: "Naturalmente, el escenario lo ocupaba la ahora obligatoria y gigantesca bandera nacional, y la ceremonia concluyó cantando el God Bless America [una popular canción patriótica, que no es el himno nacional] mientras cuatro cazas de combate sobrevolaban el estadio. Hay que admitir que es una forma espectacular de empezar cualquier cosa, pero ¿por qué había de hacerse exactamente en un torneo internacional de tenis, cuyos dos finalistas procedían de España y de Sudáfrica?"

Para Astore, mezclar los deportes con la milicia es algo que amenaza con debilitar la democracia. Cita a este respecto un texto que en 2003 escribió Normal Mailer, poco antes de comenzar la guerra en Irak, aquella vergonzosa campaña de Occidente contra las inexistentes armas de destrucción masiva de Sadam Husein, que sembró un caos perdurable en Oriente Medio. Lo traduzco a continuación:

"La funesta perspectiva que [...] se abre es la de que EE.UU. se va a convertir en una 'megarrepública bananera', donde el Ejército tendrá una creciente importancia en la vida de los estadounidenses...  La democracia es la condición especial, una condición que nos veremos llamados a defender en los años venideros. Eso será enormemente difícil porque la combinación de las corporaciones, los ejércitos y la total investidura de la bandera con los espectáculos deportivos de masas ya ha creado en EE.UU. una atmósfera prefascista" (cursivas de A.P.).

El coronel Astore piensa que, más de catorce años después de escrito lo anterior, el conjunto formado por las grandes corporaciones, los ejércitos y los deportes de masas, todo ello envuelto en una gigantesca bandera con las barras y las estrellas, es lo que "ha terminado por considerarse como genuinamente american [es decir, estadounidense]".

Si a esto se suman el nuevo presidente con su peculiar estilo autoritario, un Congreso desvaído y sin fuerza y un poder judicial crecientemente reaccionario, la predicción del galardonado autor de la 'novela de no-ficción' titulada "Los ejércitos de la noche" parece bastante atinada.

Lejos estamos todavía en España y, en general, en Europa, de esa mezcla de soldados y deportistas que puede contribuir a crear la peligrosa atmósfera que anunció Mailer. Pero no olvidando que mucho de lo que nace en EE.UU. acaba siendo transferido, incluso a menudo de modo muy distorsionado, al resto del mundo, no estará de más que nuestros políticos, así como las autoridades deportivas y militares, estén al tanto de algunas de las preocupaciones que suscita en EE.UU. la supervivencia de la democracia frente a las fuerzas que tienden a debilitarla.

Tanto más cuanto que, a raíz de los problemas causados por los nuevos flujos migratorios, cierta atmósfera prefascista parece estar configurándose en el seno de la Unión Europea, con las graves consecuencias que esto puede implicar.