Los refugiados de guerra

¿Es solo el hambre lo que impulsaba a los viajeros del Aquarius a escapar de África hacia Europa? Aunque es difícil obtener estadísticas correctas sobre los motivos que en diversas partes del planeta mueven a las personas a huir de su tierra natal y buscar un futuro mejor en el extranjero, hay que aceptar una verdad contundente: más del 80% de los inmigrantes del mundo lo son porque huyen de las guerras. Así lo demostró un estudio de la Universidad de Middlesex publicado en 2015.

En esta línea, la investigadora iraní Nazanín Armanian, exiliada en España, escribió hace unos días lo siguiente: “Es Asia el continente con más hambrientos del mundo, e India, con su capitalismo más ‘intocable’, cuenta con 200 millones de almas y cuerpos en la pobreza absoluta. Pero no se ven avalanchas de indios llegando al primer mundo en pateras”.

La clave de este fenómeno se descubre por otro conducto. El investigador universitario y periodista estadounidense Nick Turse revelaba en reciente artículo unos documentos secretos del Pentágono sobre la “constelación de bases militares” de EE.UU. en el continente africano.

Esa constelación, según documentos desclasificados del AFRICOM (Mando Militar de África), constaba en 2014 de 36 instalaciones repartidas en más 24 países, como se observa en el mapa adjunto. En la actualidad, según un portavoz del citado Mando, son ya 46, de las que 15 tienen carácter permanente.

Esa red de bases tiene por objeto instruir a los ejércitos de los países africanos y combatir en múltiples frentes a los diversos grupos terroristas que actúan por el continente. Pero también ha sido un factor decisivo en las guerras del Oriente Medio, como en el prolongado conflicto de Yemen o la lucha contra el Estado Islámico en Siria e Irak, donde han operado drones controlados desde bases africanas.

En un reciente documento de planificación estratégica del AFRICOM se lee: “Del mismo modo que EE.UU. busca sus intereses estratégicos en África, otros competidores internacionales, incluyendo China y Rusia, hacen lo mismo. Están comprometiéndose con aliados africanos de un modo que contradice las normas internacionales de la transparencia”.

En una conferencia de prensa en marzo pasado, el general Waldhauser, jefe del AFRICOM, declaró: “Dado el tamaño de África, el tiempo que exige la distancia y el espacio, necesitamos tener acceso a muchos lugares del continente”. Esos “muchos lugares” han ido aumentado, sosteniendo en muchos países guerras ocultas a las que los medios de comunicación apenas aluden.

Nuevas bases, nuevas guerras: desde Yemen a Irak o desde Somalia hasta Nigeria. Guerras cuya finalidad, según el investigador estadounidense Peter Pham, especializado en cuestiones africanas, es “proteger el acceso a los hidrocarburos y otros recursos estratégicos que África tiene en abundancia y garantizar que ningún tercer interesado, como China, India, Japón o Rusia, obtenga monopolios o trato preferencial”.

Y las nuevas guerras traen inevitablemente nuevos refugiados, obligados a elegir entre morir por efecto de la guerra o ahogarse en el mar cuando huyen de ella y son rechazados ante las fronteras europeas. En el Mediterráneo han muerto innumerables personas procedentes de las antiguas colonias, cuyos antepasados apenas fueron considerados seres humanos por los colonizadores europeos; esa Europa que solo se preocupa por esto cuando la crisis alcanza sus fronteras, crea problemas internos y no puede ser ignorada.

Turse termina su análisis de modo sombrío: “Con el Gobierno de Trump escalando sus guerras en África y Oriente Medio, y ante la posibilidad de nuevas crisis -hambrunas catastróficas o guerras interminables- es obligado creer que la huella militar de EE.UU. en el continente crecerá en los años sucesivos con nuevas bases y nuevas instalaciones”. Lo que traerá más guerras y más emigrantes.

Y nuevos problemas fronterizos: según Amnistía Internacional, entre 2007 y 2013 la UE invirtió casi 2000 millones de € en militarizar y cerrar las fronteras, pero solo 700 millones en mejorar los sistemas de acogida y auxilio a los refugiados. La crisis continuará y los métodos aplicados hasta ahora han demostrado ser inútiles.

Europa tiene que despertar y hacer realidad aquellas palabras que J. Manuel Barroso, presidente de la Comisión, pronunció en 2012, cuando se otorgó a la UE el Nobel de la Paz: “Siempre estaremos al lado de los que buscan la paz y la dignidad humana”.