Si Europa quisiera…

En junio del pasado año aludí en estas páginas a la ONG española Proactiva Open Arms (POA), radicada en Badalona, de la que el arrojo y altruismo de sus miembros para salvar vidas de emigrantes en el mar han dado ya pruebas visuales las cadenas de televisión, de modo que pocos serán los españoles que ignoren su existencia.

El jefe de operaciones de la ONG, Gerard Canals, se ha expresado a través de la página web del canal CTXT, entrevistado en febrero pasado por P. Jiménez Arandia. En la última misión en la que participó a comienzos de este año, la ONG rescató a 905 personas: “El primer día socorrimos un barco de madera en el que había 476. Terminamos este rescate y fuimos a otro, un barco de goma que rondaba las 100 [personas]”.

Tuvieron embarcados cerca de 570 emigrantes, pero tras trasladar a algunos al buque de otra ONG, “cuando teníamos que completar el traslado las condiciones del mar eran terribles. Estuvimos prácticamente tres días con unas 300 personas a bordo”. No es difícil imaginar la penosa situación y es obligado valorar el denodado esfuerzo de estos héroes del Mediterráneo, cuya principal misión es “rescatar del mar a los refugiados que llegan a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza”, según se anuncia en la página web de la ONG.

Solo tres ONG operan hoy en la peligrosa ruta que separa Libia de Italia. En ella POA lleva trabajando durante un año y medio, periodo durante el que ha evitado que unas 26.000 personas murieran ahogadas.

Los flujos de migración en el Mediterráneo son cambiantes, y no solo dependen de la situación meteorológica y las decisiones de las mafias que los sustentan, sino también de los acuerdos entre diversos países. El cierre de la ruta del mar Egeo, entre Turquía y las islas griegas en 2016, fruto de las negociaciones entre Bruselas y Ankara, ha trasladado el problema al espacio mediterráneo que separa el sur de Italia de las costas libias, unas 300 millas náuticas sembradas de cadáveres.

Este espacio ha visto morir a 7.200 personas en los dos últimos años, según la Organización Internacional de las Migraciones. A comienzos del año pasado se alcanzó un acuerdo entre Italia y las milicias libias mediante el que, a cambio de financiación, formación técnica y material, éstas controlarían el litoral y evitarían la salida de emigrantes hacia Italia.

Pero la acción militar combinada de la OTAN y EE.UU. en 2011, convirtió a Libia en un país peligroso y desarticulado tras destruir el régimen de Gadafi. Aniquilaron a un dictador, que antes había sido fiel aliado de varios países europeos (en 2003 hasta regaló un caballo al presidente Aznar), y al hacerlo sembraron el caos en el que hoy vive ese desgraciado país. En él, la suerte de los emigrantes africanos es intolerable y varía entre la esclavitud y la tortura, ante de arriesgar la vida en una miserable embarcación. Las mismas mafias que organizan los viajes hacen negocio con la compraventa de seres humanos.

Las débiles naves a la deriva, una vez superadas las 12 millas territoriales libias, lanzan un aviso de socorro que implica a los buques de la llamada “Operación Sophia”, como parte del pacto entre la UE y Libia, en el que participa también España. La opinión de POA sobre esto es clara: “Se trata de una operación militar de inteligencia, con sus mandatos, entre los que no está el salvamento. Sí que lo hacen, pero es importante el matiz: porque cuando tienes el mandato para hacer algo, te organizas para hacerlo. Y si de paso te encuentras a algún desgraciado ahogándose, les vas a ayudar. Pero su trabajo no es ese. Es romper el modelo de negocio de los traficantes, entrenar a los guardacostas libios, financiarlos, etc.”.

Los conflictos entre las ONG de salvamento, los guardacostas libios y los buques de guerra europeos se han ido agravando. Para Canals “el problema no son los barcos de Sophia, es la concepción de la operación; y eso se decide en las oficinas. Si quisieran, NO MORIRÍA NADIE EN EL MEDITERRÁNEO [mayúsculas de A.Piris]. ¡Si no hay un centímetro cuadrado sin vigilar! No me creo que no sean capaces de controlar todo, todo lo que está pasando. Otra cosa es que se quiera… Si quisieran que no se ahogara nadie, nosotros no estaríamos allí”.

¡Si Europa quisiera…!

Son muchos, somos muchos los que repetimos esta frase aludiendo a los acuciantes problemas que Europa debería poder afrontar y que no es capaz de hacerlo por falta de las adecuadas decisiones políticas. ¿Es que Europa ya no da más de sí?