De Cádiz a Singapur ¿la nueva Eurasia?

El trayecto ferroviario más largo del mundo comenzó a funcionar en 2014. Sus dos terminales extremas se hallan en España y en China. Es el exponente más claro de la pujanza china y del declinar europeo, como enseguida veremos.

Un año antes, el presidente chino había puesto en marcha la llamada “Iniciativa One belt, one road”, conocida en Europa como “La nueva ruta de la seda”, aunque en este caso se trata de una doble travesía, puesto que al tradicional recorrido terrestre por donde la seda china llegaba a los mercados europeos desde la más remota antigüedad se añade ahora en paralelo una ruta naval que enlaza el Extremo Oriente asiático con Europa a través del canal de Suez.

Desde el centro comercial de Yiwu, cerca de Shanghái, donde se concentran más de 70.000 empresas fabricantes y distribuidoras, los trenes de carga tardan unos 20 días en recorrer los 13.000 km del trayecto que termina en Madrid. No merece tanto la pena entrar en los detalles de este gran enlace ferroviario, como considerarlo un excepcional indicativo de la nueva configuración geopolítica que se está gestando ante nuestros ojos.

Un resultado bien visible del pasado Foro de Davos, que fue objeto de mi anterior comentario en estas páginas, ha sido el definitivo salto de China al primer plano de la relevancia mundial. Aunque Trump asistió a él en persona, acompañado de un relevante grupo de empresarios, mientras el presidente chino Xi se limitó a enviar a su principal asesor económico, la prensa de EE.UU. hubo de reconocer que China, sus grandes inversiones en todo el mundo y su creciente influencia geopolítica fueron los asuntos más tratados en los diversos paneles de análisis y en los cócteles y reuniones privadas, convirtiendo a Xi, y no a Trump, en la verdadera estrella del Foro.

A nivel mundial la balanza de la preeminencia internacional, salvo en lo exclusivamente militar, parece inclinarse hacia el lado chino más que al estadounidense. La citada Iniciativa tiene previsto enlazar China con todas las grandes regiones asiáticas, parte del Oriente Medio y África Oriental, así como Europa. Los tentáculos chinos extendidos sobre el globo se materializan en gaseoductos y oleoductos, rutas de navegación comercial, autopistas, líneas de ferrocarril y nuevas instalaciones portuarias.

Pero también existen otros tentáculos no tan perceptibles físicamente, como son bancos y otras instituciones financieras. Según The Times, el primer ministro camboyano se expresó así: “Hay países que tienen muchas ideas, pero no tienen dinero. Sin embargo, cuando China viene con una idea, también trae el dinero”.

Una mirada al mapa adjunto bastaría para poner de relieve una nueva perspectiva que va a materializarse a lo largo del siglo XXI: Eurasia empieza a aparecer como el futuro agente geopolítico donde Europa deberá encontrar su puesto en un entramado de poder en plena evolución.

Desde Lisboa hasta Singapur y Vladivostok una nueva y densa red de naturaleza económica va a ir englobando a una sustancial mayoría del género humano. China, India, Indonesia, Rusia y Europa van a buscar la forma de encajar en un mundo que evoluciona con rapidez y donde las nuevas tecnologías van a crear situaciones y condiciones inéditas que exigirán imaginación política y coordinación solidaria entre muchos pueblos y naciones.

Los europeos, y sobre todo las viejas potencias coloniales que hasta hace poco más de un siglo habían venido configurando el mundo según sus intereses, habrán de aceptar que su “especial” condición ha desaparecido. La Historia no retrocede.

Dos consideraciones finales: véase en el mapa la excéntrica situación de un Reino Unido que, a sus nostalgias por un imperio desaparecido une la aparente voluntad de separarse de sus vecinos europeos. En casi exacta simetría geográfica con Japón, ambos países habrán de reconsiderar sus relaciones con Eurasia y con el continente americano.

Para terminar, una reflexión crítica sobre España. Aunque Madrid figura como terminal occidental del trayecto ferroviario, su importancia real es mínima. Como anunciaba en 2016 un documento del CIDOB y confirmaron otros datos de 2017, España queda al margen de la ruta. Los trenes que llegan cargados a Madrid regresan casi vacíos. Un empresario español lo explica así: “Si apenas tenemos nada que exportar a China, lo normal es que la ruta no funcione”. El CIDOB reconoce que “Madrid no es el destino estratégico-comercial de la Ruta. Es más, si el tren no hiciese parada en ciudades clave como Varsovia, Łódź, Hamburgo y Rotterdam, el recorrido hasta Europa probablemente no sería viable”.

El salto de la Edad Moderna a la Contemporánea se fue gestando durante algunos decenios. Los Estados que mejor se adaptaron al cambio se reinstalaron ventajosamente en los nuevos tiempos. España ha ido llegando tarde y mal a casi todas las grandes transiciones históricas. ¿Se repetirá ahora el mismo fenómeno?