Se agrava la carrera nuclear

 

La 9ª Conferencia en la cumbre de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) se celebró en la ciudad china de Xiamen entre los días 3 y 5 de septiembre pasado, con la presencia de los cinco jefes de Estado o de Gobierno de los citados países.

En su alocución de despedida, el presidente Putin señaló una vez más que el rearme nuclear de Corea del Norte es consecuencia de las intervenciones extranjeras que hubieron de padecer Iraq y Libia, con el resultado final de la muerte violenta de sus respectivos dirigentes -Sadam Husein y Muammar el Gadafi-, intervenciones que se basaron en motivos oscuros cuando no falsos. Los resultados obtenidos a largo plazo en ambos países no han podido ser más desastrosos, pues los han llevado a convertirse en Estados fallidos y soportes del terrorismo, por lo que hoy resulta imposible alegar razón alguna que las justifique.

En su opinión, el principal problema de los dirigentes de Corea del Norte es que se sienten inseguros, aislados y probables víctimas del eterno y mítico enemigo estadounidense. Están convencidos de que solo las armas nucleares pueden garantizar su supervivencia como tales. Putin cree que “[los norcoreanos] comerán hierba pero no interrumpirán su programa nuclear mientras no se sientan seguros”. El mandatario ruso considera que aumentar la histeria militar no tiene sentido en estas circunstancias pues solo conduce a un punto muerto. En su discurso insistió en que una escalada de la crisis coreana podría llevar a una catástrofe planetaria y una enorme mortalidad.

Entre los dirigentes rusos es opinión extendida que los problemas de la región solo se arreglarán mediante el diálogo directo entre todas las partes implicadas, sin condiciones previas y suprimiendo las provocaciones, presiones y retóricas militaristas por ambas partes.

Las bravatas cruzadas entre Corea del Norte y Estados Unidos (más en las locuaces bocas de ambos dirigentes que en niveles más bajos de sus respectivos Gobiernos) no deberían engañar ni alarmar a la opinión pública.

El embajador coreano ante la ONU rechazó de plano la amenaza de nuevas sanciones económicas contra su país anunciando que “harán que EE.UU. sufra el mayor dolor que jamás ha experimentado en su historia”, como respuesta a las truculentas amenazas de Trump contra el régimen de Pionyang.

Pero tanto Rusia como China, que mantienen vínculos más estrechos que EE.UU. con Corea del Norte, se esfuerzan por hacer llegar a Trump su convencimiento de que esta cuestión no puede abordarse solo desde un punto de vista militar, sin correr el peligro de incendiar hasta extremos imprevisibles la situación geopolítica de Asia Oriental.

La opción estratégica de Pionyang, basada en que solo las armas nucleares pueden garantizar su supervivencia como Estado independiente, pudiera extenderse en el futuro, a modo de eco o respuesta, a otros dos países de esta zona cuya nuclearización podría completarse en unos pocos meses: Corea del Sur y Japón.

De ser así, el peligroso resultado sería desmantelar de modo irracional el Tratado de No Proliferación Nuclear que, aunque malparado y poco respetado incluso por las potencias nominalmente nucleares, ha venido sirviendo como referencia de un futuro más esperanzador para la humanidad. Exige a los países oficialmente incluidos en el club nuclear el desarme progresivo, a la vez que prohíbe a los demás dotarse de estas armas.

Puesto que ni EE.UU., China o Rusia (tampoco el RU) han cumplido su parte, al seguir perfeccionando sus respectivos arsenales nucleares en vez de reducirlos, ¿con qué fuerza moral podrán impedir que los países no nucleares violen también el Tratado y desarrollen sus programas nucleares?

Si no se frena esta tendencia, el negativo resultado para toda la humanidad será una nueva carrera de armas nucleares que a nada bueno va a conducir.