Las ONG y las anti-ONG se enfrentan en el Mediterráneo

Existe una ONG española, denominada Proactiva Open Arms (POA) y radicada en Badalona, de la que el arrojo y el altruismo de sus miembros para salvar vidas de emigrantes en el mar las cadenas de televisión han dado ya numerosas pruebas visuales, de modo que pocos serán los españoles que ignoren su existencia.

Sus participantes la identifican como una ONG “cuya principal misión es rescatar del mar a los refugiados que llegan a Europa huyendo de conflictos bélicos, persecución o pobreza”, según se lee en su página web.

Sus primeras operaciones en la isla de Lesbos, en otoño de 2015, cuando a través del territorio turco afluían hacia Europa multitudes angustiadas y exhaustas tras un terrible éxodo a pie, la llevaron al primer plano de la actualidad, mientras realizaban audaces rescates a nado, sin apenas equipo alguno: “Sus socorristas, ante la falta de acción por parte de los Gobiernos, decidieron trasladarse a Lesbos. Con dinero de su bolsillo, sin más medios que sus brazos y unas aletas. Sin miedo, pero con una responsabilidad: la de no dejar que muriera más gente en el mar”.

Poco a poco, gracias a las donaciones recibidas fueron adquiriendo medios de rescate a la vez que su teatro de operaciones se trasladaba al Mediterráneo central, donde la afluencia de refugiados se incrementaba día a día. Rutas más largas y peligrosas que las del mar Egeo y, en consecuencia, más emigrantes ahogados o desaparecidos.

El pasado mes de abril esta ONG recibió el premio estadounidense ALBA/Puffin al activismo en pro de los derechos humanos. Ha rescatado unos 37.000 emigrantes desde que se fundó. Su presidente, Óscar Camps, declaró: “Nuestro objetivo no es perpetuarnos como ONG sino estar ayudando a que la gente no muera en el mar y estimular a los Gobiernos para que cambien las políticas migratorias”. Se trata, añadió, de que los emigrantes y refugiados “puedan pedir refugio sin necesidad de someterse a mafias asesinas. No tenemos más intención que esta”.

Pero en evitar que ésta y otras ONG que también se dedican a tan humanitaria labor puedan perpetuarse se empeñan ya otras organizaciones europeas de ultraderecha, que están planeando y llevando a efecto campañas navales para entorpecer la actividad de los buques que acuden en ayuda de las frágiles embarcaciones que transportan emigrantes.

Varios movimientos denominados “identitarios”, agrupados bajo un carácter común antimusulmán y xenófobo, en tres semanas han recolectado un notable apoyo financiero (unos 65.000 €). Gracias a eso, un grupo francés de ultraderecha efectuó hace dos semanas una misión de prueba para entorpecer las operaciones de búsqueda y rescate de un buque humanitario que zarpó de Catania y que fue obstaculizado hasta que pudo intervenir la Guardia Costera italiana.

Génération Identitaire proclama públicamente: “Estamos siendo invadidos masivamente y esto cambiará el rostro de nuestro continente. Perderemos nuestra seguridad y nuestro modo de vida; los europeos corremos el peligro de convertirnos en una minoría en nuestras propias patrias”. Para reclutar voluntarios anuncian: “Necesitamos una tripulación, armar un buque y hacernos a la mar en el Mediterráneo para perseguir a esos enemigos de Europa”, como califican a las ONG de búsqueda y rescate.

Por su parte, estas últimas acusan a los Gobiernos de algunos países de suscitar tan violenta reacción, cuando notables políticos europeos hablan de la llegada de “enjambres de emigrantes” o se refieren al “efecto llamada” de las operaciones de las ONG, a las que tildan de “taxistas” de los emigrantes.

Parece inútil insistir en el hecho comprobado de que sin las ONG de rescate habría muchas más muertes (desde principios de 2017 se estiman en más de 1700, mientras 72.000 emigrantes han alcanzado Europa por mar), pero ni aún así se frenaría a los emigrantes, que no se arredran al afrontar las crueles penalidades que soportan para alcanzar la soñada Europa, incluyendo la alta probabilidad de morir en el empeño.

Respecto a la actuación de los grupos xenófobos de extrema derecha, el director de la ONG británica Hope not Hate (Esperanza, no odio) ha declarado: “Aunque es espantosa, lamentablemente no nos sorprende. El hecho de que esos activistas de extrema derecha traten de impedir las misiones humanitarias que ayudan a algunas de las personas más vulnerables que existen hoy en el mundo -mujeres y niños en peligro de ahogarse- habla claramente sobre su condición y su capacidad de compasión”.

El peligroso auge de la ideología ultraderechista en nuestro continente extiende ya sus tentáculos asesinos hacia esas patéticas embarcaciones neumáticas en las que se juegan la vida unos seres humanos a los que la “cristiana” Europa parece que le cuesta reconocer como tales.