Se complica el embrollo sirio

En el prolongado conflicto oficialmente conocido como “Guerra civil de Siria” se han producido en dos días sendos acontecimientos que vienen a complicar aún más la ya complejísima situación en que derivó lo que a comienzos de 2011 parecía solo una rebelión interna contra el autocrático Gobierno de Damasco.

Durante estos años, la guerra dejó de ser “civil” para convertirse en “internacional”, pues prácticamente todas las potencias mayores y menores, y sobre todo las más próximas geográficamente al teatro de la guerra, participan en ella de todos los modos posibles: desde la intervención militar directa hasta la financiación oculta de grupos terroristas.

Esta guerra, que ya tiene mayor duración que la Segunda Guerra Mundial, ha hecho de Siria un sangriento lugar de encuentro donde Estados de todo el mundo pugnan por promocionar sus intereses y extender su influencia.

Los dos acontecimientos antes citados, aunque apenas tendrían relieve en la ya larga historia de las operaciones que se vienen desarrollando sobre tierras sirias, sí son de relevante importancia por lo que significan en el aspecto geopolítico.

En primer lugar, el pasado domingo un cazabombardero estadounidense derribó a otro sirio al sur de Raqa (la autodenominada capital del Estado Islámico), aduciendo que había atacado a las fuerzas apoyadas por EE.UU. en su lucha contra el terrorismo. Por su parte, el Gobierno de Damasco consideró que el derribo de su avión era “un flagrante intento de perjudicar los esfuerzos del ejército sirio para combatir el terrorismo en su territorio, la única fuerza eficaz para conseguirlo, junto con sus aliados”. He aquí un claro ejemplo de dos perspectivas opuestas sobre quiénes son los terroristas en Siria.

Asunto todavía más grave para Damasco, en cuanto que la agresión, según un portavoz oficial, “se ha producido cuando las fuerzas sirias estaban logrando importantes avances en su lucha contra el Estado Islámico”, ya que habían recuperado territorio y varios yacimientos petrolíferos de la zona, que estuvieron tres años en poder del EI.

El Mando Central de EE.UU. (responsable de las operaciones militares en esta región del planeta) justificó el derribo del avión sirio porque tuvo lugar “para la defensa de la fuerzas aliadas de la Coalición”, las llamadas Fuerzas Sirias Democráticas, contra las que lucha el Gobierno de Bagdad. Un resultado más de las enrevesadas alianzas producto del mosaico político-social sirio al que aludí en estas páginas el pasado 22 de septiembre.

Por su parte, el lunes siguiente al derribo del avión sirio, Rusia amenazó con interceptar cualquier aeronave que penetrase en su zona de operaciones en Siria. El ministerio ruso de Defensa declaró que EE.UU. no le avisó del ataque mediante el canal especial de comunicaciones establecido entre ambos ejércitos para estos efectos. El viceministro ruso de Defensa lo consideró como un acto de agresión y de apoyo al terrorismo.

El segundo hecho de relevancia se produjo el lunes siguiente: Irán disparó varios misiles de alcance medio contra posiciones ocupadas por el EI en territorio sirio, como represalia por el doble ataque terrorista que sufrió Teherán la semana anterior. Este hecho es muy sintomático, pues Irán no había utilizado este tipo de armas en el conflicto sirio.

El ataque no tuvo mucho éxito, al parecer, pues unos disparos quedaron cortos y cayeron sobre territorio iraquí y de los que alcanzaron Siria se desconocen todavía los efectos causados. Pero Teherán parece no haber olvidado la lección que EE.UU. dio al mundo cuando, tras sufrir los atentados del 11-S, se tomó la justicia por su mano y descargó todo el poder de sus armas sobre Afganistán primero y luego sobre Iraq, aunque los principales responsables fueron ciudadanos saudíes.

Es de sospechar que el principal objetivo del ataque iraní fue enviar un claro mensaje a Arabia Saudí y a EE.UU., las dos potencias que más han apoyado la rebelión contra El Asad. La división geopolítica en Oriente Medio según el vector, nominalmente religioso pero básicamente político, sunismo-chiísmo sigue siendo uno de los factores que más dificultan la comprensión de este embrollo.

Ahora, en territorio sirio, los grupos suníes apoyados, financiados e instruidos por EE.UU. ocupan la zona central de la frontera entre Siria e Irak, y son el objetivo a batir por Irán, que apoya a los grupos chiíes. Por último, el hecho de que el EI, grupo terrorista suní, ataque a los chiíes respaldados por Irán es la guinda de este enrevesado pastel. Todo ello sin olvidar dirigir el anteojo de observación hacia la Casa Blanca, donde Trump ha iniciado una extraña y peligrosa luna de miel con el régimen saudí, régimen cuyas primeras grietas internas anuncian una peligrosa desestabilización.