Snowden, todavía

snowden-peliculaDesde julio de 2013 he venido haciendo referencia en estas páginas al conocido como “caso Snowden”, que los diarios The Guardian y The Washington Post habían revelado al mundo un mes antes, tal como se narra en la última película de Oliver Stone, “Snowden”, recientemente estrenada en España.

Así, en noviembre de 2014, bajo el título “Un héroe y un patriota”, escribí: “El triunfo de Snowden consiste en que él ya no es necesario: ha revelado la verdad, se ha sacrificado por sus conciudadanos y serán éstos los que deberán proseguir el camino iniciado. El documental es un testimonio del pasado para mejorar el futuro: Snowden es un héroe y un patriota en el sentido más genuino de ambas palabras”. Muchos de sus conciudadanos, sin embargo, lo tenían por traidor.

Aludía en el texto reproducido al documental Citizenfour, entonces estrenado en España y protagonizado por el mismo Snowden, donde él aparecía como un “objetor a la guerra” que una parte del Gobierno de EE.UU. había declarado al derecho a la privacidad personal, derecho protegido en la Constitución. Desde un hotel de Hong Kong, Snowden, seguro de sí mismo y de sus actos, mostraba gran sentido del humor e ironía, despreocupado por lo que pudiera venir después. Ahora, en el nuevo filme de Stone, el actor que representa a Snowden transmite también la misma imagen en una muy convincente interpretación.

El acusador testimonio de los acreditados diarios mundiales que en 2013 participaron en la difusión del escándalo de la intensiva vigilancia secreta, perpetrada por la NSA (National Security Agency) de EE.UU. y su equivalente británico el GCHQ (Government Communications Headquarters), acaba de tener eco en el Reino Unido, donde la justicia ha proclamado que la recopilación masiva y secreta de datos personales, incluyendo información financiera, fue un acto ilegal.

El Tribunal sobre facultades de investigación (Investigatory powers tribunal, IPT; el único que en el RU puede controlar a las diversas agencias de espionaje) ha admitido que éstas utilizaron unos procedimientos secretos de escucha de las comunicaciones personales en las redes internáuticas y telefónicas durante más de diez años, sin controles ni supervisión de ningún tipo.

Sucede esto mientras la Cámara de los Lores debate los últimos detalles de una ley sobre las facultades de los investigadores (coloquialmente llamada “ley de los fisgones”), que establecerá los principios de actuación en la vigilancia digital de las comunicaciones, tres años después de que Snowden hiciera sonar las alarmas. Mejor tarde que nunca.

El citado tribunal ha revelado una comunicación interna de las agencias de seguridad a su personal, prohibiéndole utilizar las bases de datos con fines particulares. Visto lo revelado por Snowden, casi no sorprende saber que el grupo activista Privacy International (PI) comprobó que, a pesar de dicha prohibición, se utilizaban las ingentes bases de datos de los espías para confirmar fechas de cumpleaños y otros datos familiares “como si se tratara de Facebook“.

El tribunal dictaminó que desde 1998 hasta 2015 la actividad investigadora del RU violó la Convención Europea de derechos humanos, recopilando datos privados como fichas médicas, declaraciones de impuestos, detalles biográficos, comerciales y financieros, viajes y consultas en Internet. Un abogado de PI comentó: “El tribunal confirma que durante más de una década los servicios de seguridad del RU ocultaron ilegalmente la amplitud de un espionaje que afectó a personas inocentes en todo el país”.

Estimado lector: cuando asista a la proyección de la película “Snowden” -cosa que le recomiendo- no olvide que el famoso denunciante perdió voluntariamente un muy bien remunerado empleo y un envidiable nivel de vida cuando decidió revelar al mundo la vulnerabilidad de las comunicaciones privadas. Esas de las que tan confiadamente nos servimos a diario. Y que su grito de alarma le supuso un duro sacrificio del que todavía sufre las consecuencias. Al hacerlo nos dio a los ciudadanos de todo el mundo la posibilidad de exigir a nuestros gobernantes un mayor respeto por las libertades individuales, esenciales para toda convivencia humana.

Parece necesario considerar totalmente falsa la extendida idea de que quien nada tiene que temer no debe desconfiar de la invasión de su privacidad por el Estado, con la falsa esperanza de que, a cambio de ello, vivirá más seguro. La realidad es que cuando la intimidad de cada ciudadano pasa a ser transparente para los órganos de vigilancia del Estado, es el ciudadano el que abdica de sus más elementales derechos y el que después no tendrá argumentos para rebelarse, cuando los vastos ficheros personales en poder del Estado, que contienen los datos privados de su vida y actividades, se utilicen en perjuicio suyo. Como escribió Bertolt Bretch: “Ahora vienen a por mí, pero es demasiado tarde”. Snowden lo hizo por todos nosotros y deberíamos estarle agradecidos.