¿Quién domina el mundo?

El infatigable y lúcido intelectual, así como prolífico escritor, Noam Chomsky acaba de publicar su último libro Who rules the world? ("¿Quién domina el mundo?"). Como la mayor parte de su obra no relacionada con la lingüística, es una demoledora denuncia de la situación que afecta hoy a gran parte de la humanidad.

El reclamo de la editorial que lo publica resalta una de las ideas del pensador estadounidense: "Mientras la mayoría de la gente permanece pasiva, apática, volcada hacia el consumismo o al odio a los vulnerables, los poderosos pueden hacer lo que les place, y los que sobreviven se quedarán contemplando el resultado".

LibroDeChomsky

Chomsky considera que los que opinan que el dominio del mundo corresponde a los Estados -sobre todo a las grandes potencias- no están del todo equivocados pero esa idea les impide conocer la auténtica realidad, porque no tienen en cuenta a los "amos de la humanidad", como los llamó Adam Smith (masters of mankind). Hoy son las grandes corporaciones multinacionales, las poderosas instituciones financieras y económicas, los vastos imperios comerciales y de venta al público y otras empresas similares.

Estos son los verdaderos agentes del poder en el orden global reinante, no solo en el ámbito internacional sino también en el interior de los Estados. Influyen sobre los Gobiernos no solo para proteger y aumentar su propio poder sino también para ofrecerles la indispensable base económica cuando les es necesaria.

Así no es de extrañar la expansión de los movimientos políticos basados en los que se dicen indignados o irritados y en los que acusan a sus gobernantes democráticamente elegidos de no representarles una vez alcanzado el poder político. Esto es así porque el verdadero poder, el que es capaz de modificar las circunstancias y configurar los hechos y conductas que afectan directamente a la vida de las personas, ya no está en manos de los dirigentes políticos locales sino que ha pasado a los mercados, a las instituciones internacionales (como las de la Unión Europea, el FMI, etc.) y a las grandes corporaciones, siguiendo el patrón que imponen las modernas ideologías neoliberales.

Los programas neoliberales adoptados por la generación anterior han concentrado la riqueza y el poder en un número reducido de personas y han deteriorado el funcionamiento de la democracia para que ese número siga siendo reducido. Son los mismos programas que han hecho brotar movimientos de oposición en muchos países.

Preguntarse quién domina el mundo obliga hoy a considerar el auge de China, la renovada guerra fría que arraiga en Europa oriental, la guerra total contra el terror iniciada por EE.UU. y el aparente declinar de su hegemonía mundial. En tres regiones ha reinado indiscutible el poder de EE.UU.: el Pacífico como "lago americano"; Europa, bajo el paraguas de una OTAN controlada por Washington; y Oriente Medio, donde las bases estadounidenses aseguraban a sus aliados y frenaban a los enemigos. Hoy, no obstante, las tres se han convertido en zonas discutidas por otros poderes.

El crecimiento de China en sus aspectos económico, político y militar y los problemas que Europa tiene sin resolver son cuestiones importantes que hay que considerar, pero de menor peligrosidad que los efectos de la expansiva e sangrienta guerra global contra el terrorismo que Bush declaró en 2001, tras los atentados contra EE.UU. Entonces, el terrorismo estaba recluido en una pequeña zona tribal de Afganistán. Descartadas otras medidas (diplomáticas, policiales, etc.) que pudieron adoptarse para combatir el terror, EE.UU. inició una brutal guerra de aplastamiento para mostrar su fuerza militar, alcanzar una rápida victoria y mostrar al mundo su hegemonía.

La guerra se repitió en Irak. El rincón afgano que alojaba el terrorismo se extendió por el mundo, desde África hasta el sureste asiático. En Irak, Afganistán y Pakistán, como consecuencia de esa guerra universal han muerto unos dos millones de personas. Las guerras de Obama, mediante los drones, crean terroristas a un ritmo mayor que los que eliminan. Las repetidas intervenciones occidentales en África y Oriente Medio han exacerbado las tensiones y los conflictos y han desintegrado las sociedades. Todo ello crea esa crisis de refugiados que Occidente es incapaz de abordar.

En vez de preguntar quién domina el mundo Chomsky sugiere que la cuestión debería ser: ¿Cuáles son los principios y los valores que dominan el mundo? Este es el interrogante que deberían plantearse los habitantes de los países ricos y poderosos, los que gozan de un especial legado de libertades, privilegios y oportunidades gracias a los esfuerzos de las generaciones que les precedieron, y que ahora afrontan decisiones de trascendencia sobre cómo responder a problemas de enorme importancia humana.

Aunque no sea fácil definir con precisión cuál es el verdadero poder que domina el mundo, porque además su centro de gravedad se ha ido desplazando con el transcurso de los acontecimientos (guerras, transformaciones económicas y financieras, nuevas tecnologías, crisis de la política, etc.), un vistazo a la realidad en la que estamos inmersos nos puede inclinar a pensar que el caos tiene todavía mucho que decir en el destino de los seres humanos.