Los ultraortodoxos judíos en Israel

Renee Rabinowitz es una ciudadana israelí de 82 años que, tras haber sobrevivido en su infancia al fanatismo de la persecución nazi contra el pueblo judío, está ahora padeciendo en Israel las imposiciones de los también fanáticos judíos ultraortodoxos, cuyas exigencias ponen en tela de juicio la calidad democrática del Estado y su respeto por los derechos humanos.

Según informaba en febrero pasado The New York Times, esta abogada jubilada, especializada en psicología educativa, nació en Bélgica, de donde tuvo que huir en 1941, tras la ocupación alemana del país que amenazó la supervivencia de su familia. Se trasladó después a EE.UU. y desde hace diez años reside en Jerusalén.

Tras una visita a EE.UU., antes de iniciar el 2 de diciembre pasado el vuelo de regreso a Tel Aviv con la compañía israelí El Al, se encontraba instalada en un asiento de pasillo de la clase preferente cuando se le aproximó “un señor de aspecto distinguido, vestido al uso de los ultraortodoxos, como de unos 50 años”, según ella explicó al citado diario. Tenía asignado el asiento de ventanilla en la misma fila que ella pero no deseaba sentarse cerca de una mujer, ya que hasta el contacto involuntario con una persona del sexo opuesto está prohibido según las interpretaciones más estrictas de la ley judaica.

Enseguida un auxiliar de vuelo, tras hablar en hebreo con el nuevo pasajero, se acercó a ella para ofrecerle “un asiento mejor”, más adelantado y próximo a la zona de primera clase. Algo molesta, la Sra. Rabinowitz (“una elegante abuela que utiliza un bastón debido a sus rodillas enfermas”, según el diario) aceptó la sugerencia.

Tras cambiar de asiento, al regresar al anterior para recoger sus objetos personales, preguntó a la azafata si el cambio se debía a una petición del vecino de viaje, a lo que ella respondió afirmativamente: “Sin duda alguna”. Entonces se dirigió a él directamente: “¿Qué le importa? Tengo 81 años” a lo que el ultraortodoxo respondió “Lo dice la Torá”, y tras una breve discusión sobre el asunto regresó a su nuevo asiento. “El auxiliar de vuelo me trató como si fuera estúpida, pero esto es un problema común en Israel si no hablas hebreo. Imaginan cosas, te enredan”. Cuando concluido el vuelo se quejó al comandante, éste le dijo que en El Al era costumbre atender las peticiones de los pasajeros ultraortodoxos.

En una entrevista posterior, aludiendo a lo ocurrido dijo: “A pesar de mis méritos -y mi edad es uno de ellos- me sentí despreciada”. Y añadió: “No es algo personal. Es intelectual, ideológico y legal. Me veo a mí misma, una mujer mayor, educada, que ha viajado por el mundo, y cualquier tipo puede decidir que yo no debo sentarme junto a él. ¿Por qué?”. Manifestó que no tiene nada contra los ultraortodoxos -alguno de sus nietos lo es- “pero no acepto que ellos me digan lo que yo tengo que hacer”.

Una asociación de abogados (Israel Religious Action Center) encontró en el caso descrito la prueba que necesitaba para emprender acciones legales contra la compañía aérea, acusándola de “asumir el mandamiento ‘no te sentarás junto a una mujer'”, puesto que un auxiliar de vuelo había acatado la validez de esta regla.

Esta asociación ya había actuado anteriormente contra la segregación de género en los autobuses que sirven a los barrios ultraortodoxos, y en 2011 el Tribunal Supremo se vio obligado a declarar ilegal que las mujeres tuvieran que sentarse en la parte trasera, salvo que lo hicieran voluntariamente.

Ahora un abogado de la asociación ha entablado una demanda contra El Al argumentando que solicitar un cambio de asiento para no viajar junto a una mujer no es lo mismo que pedirlo para ir junto a familiares o amigos, ya que se trata de una acción degradante.

La ofendida, sin embargo, también ha argumentado en el plano religioso, citando a un rabino ortodoxo que considera aceptable “que un hombre judío se siente junto a una mujer en el metro o en un autobús, siempre que no exista intención de obtener placer sexual mediante algún contacto incidental”. Ella se preguntaba: “¿Cuándo ha sido la modestia el summum de la mujer judía?”, y recordaba a la profetisa Débora, la matriarca Sara o a la reina Ester: “Los héroes de nuestra Historia no eran unas mujercitas apocadas”.

El asunto ha terminado, por el momento, con una demanda contra El Al por practicar la discriminación de género en la prestación de un servicio público, causando la humillación de un pasajero al atender la petición de otro por motivos religiosos. Se solicita una indemnización de 17.000 $, aunque lo más relevante del caso es que se ha vuelto a poner de relieve la nefasta influencia que en la vida cotidiana del pueblo israelí tiene una secta religiosa que impone en ocasiones al resto de la sociedad sus peculiares exigencias, que en muchos casos vulneran los más elementales derechos humanos. En un Estado que se considera la única democracia de la región, pero cuyas extrañas anomalías en muchos aspectos son motivo de preocupación en el resto del mundo.