Israel, Rusia, Europa y la OTAN

El subjefe de Estado Mayor de las Fuerzas Armadas israelíes, general Yair Golan, es considerado en su país como un militar culto y educado, estudioso y aficionado a la Historia. No es un halcón guerrero ni un fanático sionista. Por eso, sus comentarios sobre política internacional tienen gran interés.

Tras una conferencia que impartió el pasado 17 de marzo en un centro universitario israelí de estudios estratégicos, su sinceridad al responder a varias preguntas de los asistentes le llevó a entrar en terrenos de los que un profesional de la diplomacia se hubiera escabullido. Hago un inciso para recordar aquella humorística comparación de que militares y diplomáticos solo se diferencian en que para perder el tiempo los primeros madrugan mucho y los segundos suelen trasnochar demasiado. Más cierto es que los militares han de expresarse con claridad, para que sus órdenes sean bien entendidas, mientras que los diplomáticos suelen hacerlo de modo enrevesado para que sus declaraciones no comprometan a nada y puedan ser interpretadas del modo más apropiado a las necesidades del momento.

El general Golan no se frenó en sus opiniones. Expresó recelo hacia Turquía, país al que considera “un factor muy problemático del que se pueden esperar problemas y desafíos”, lo que gustará poco en Bruselas ahora que Europa ha iniciado con Turquía una ignominiosa luna de miel para quitarse de encima, con dinero, el arduo problema de los miles de refugiados que huyen de la guerra y se agolpan ante sus fronteras solicitando auxilio.

En Washington también habrá disgustado su opinión sobre la política de EE.UU. en Oriente Medio: “EE.UU. se ha acostumbrado en los últimos años a utilizar pródigamente su fuerza militar. No estoy seguro de que esto le sea muy beneficioso”. Tras calificar de “ejército imponente” al de EE.UU., puntualizó que “en muchos aspectos no es mucho mejor que el nuestro. Hay cosas en las que son muy buenos y otras en las que no lo son tanto”.

Quizá la perla más brillante de tan francos comentarios fue la alusión a sus propios contactos con la aviación rusa que operó al norte de Siria, de los que él fue el responsable de coordinar: “Los rusos entendían perfectamente las ‘líneas rojas’ trazadas por Israel y, en contraste con la imagen [que de ellos se da] en la literatura y las películas, son gente con la que uno se entiende muy bien”.

Es muy probable que tan sincera locuacidad no le sea muy positiva para avanzar en su carrera militar, pero le estaremos agradecidos por su ayuda para romper esos estereotipos que tanto perjudican las relaciones internacionales.

Que pueda ser fácil entenderse “con los rusos” choca con la teoría básica sobre la que opera la OTAN, para la que una segunda guerra fría sería un balón de oxígeno para seguir viviendo de las rentas del viejo enfrentamiento con la extinta Unión Soviética.

Durante la Conferencia de Seguridad de Múnich y la reunión de ministros de Defensa de la OTAN, celebradas el pasado mes de febrero, se acordó dejar para la cumbre otánica de Varsovia, prevista para julio, el refuerzo de las fuerzas desplegadas en los flancos de la OTAN.

Es fácil entender que esta acción vulneraría el acuerdo firmado en 1997 con el nombre de “Acta Fundacional sobre las relaciones, cooperación y seguridad mutuas entre la OTAN y Rusia”. El entonces Secretario General de la OTAN, Javier Solana, lo calificó como “una ambiciosa asociación que nos ayudará a dejar atrás de una vez por todas las divisiones de Europa”. No parece que las cosas vayan por ese camino.

Polonia y los Estados bálticos presionan a la OTAN para eludir algunos aspectos del citado acuerdo, como el de cumplir sus misiones defensivas sin establecer fuerzas en todos los países socios: “[Los Estados firmantes evitarán] que se produzca un incremento de fuerzas, desestabilizador de las distintas regiones de Europa y en el continente europeo en su conjunto”.

Cualquier intento de desplazar contingentes con carácter permanente dentro del territorio de la OTAN puede generar serias dificultades en las relaciones entre Europa y Rusia, e incluso discrepancias entre los socios atlánticos. El general checo Petr Pavel, primer militar de un Estado exmiembro del Pacto de Varsovia que ejerce como presidente del Comité Militar de la OTAN, declaró que frente a las “llamadas a la contención de Rusia” desplegar tropas en contacto con la frontera rusa “aumentaría el riesgo de una confrontación militar”.

Aunque la Guerra Fría terminó hace ya años, las percepciones hondamente ancladas durante ella y la general incomprensión que muestra Occidente hacia Rusia, junto con el histórico temor de ésta a su forzado confinamiento, nos hacen temer que las relaciones entre ambas partes seguirán en un inestable equilibrio.

Las bombas terroristas en Bruselas, París… ¿son la reacción, el rebote, la respuesta “en diferido” a los triunfales bombardeos de Irak contra las supuestas armas de destrucción masiva; de Libia para deponer a un dictador; de Afganistán para imponer la democracia, etc.? ¿Acierta el general Golan en su negativa opinión sobre el pródigo uso de la guerra por EE.UU. y sus aliados?