Los oscuros recovecos de las guerras de hoy

Según un portavoz del Mando de Operaciones Especiales (SOCOM) de EE.UU., en el año que está finalizando las tropas que a él pertenecen han actuado ya en 135 países, es decir, en las tres cuartas partes de la totalidad de Estados del planeta, según datos que tomo del analista estadounidense Nick Turse.

Instruyen en secreto a los soldados de muchos países porque son considerados los auténticos “guerreros” de hoy: una mezcla de soldado y agente secreto, de guerrillero y combatiente antiterrorista. En promedio, las tropas de élite de EE.UU. (los “boinas verdes” del Ejército y los SEAL de la Marina) en cualquier día del año están operando en 80 ó 90 Estados, entrenándose en incursiones nocturnas o efectuándolas, instruyendo a francotiradores locales o atacando y aniquilando directamente a supuestos enemigos.

Puede imaginar el lector el clamor de indignación que se levantaría en los medios de comunicación habituales si este tipo de actividades se atribuyera a las fuerzas armadas de Rusia o de China. Sin embargo, tales operaciones forman parte habitual de la dinámica del poder militar de la hiperpotencia mundial, que se extiende sobre todo el planeta y se apoya en bases militares, terrestres, aéreas o navales, en despliegues de tropas o portaaviones, en instalaciones de vigilancia y escucha o en depósitos de material de guerra listo para entrar en acción.

Según el jefe del SOCOM hay unos 11.000 componentes de las tropas de operaciones especiales situados fuera del territorio nacional de EE.UU., sin contar con los que permanecen en reserva por si surgiera alguna eventualidad. En total son unos 70.000 efectivos, entre unidades de combate y de apoyo logístico.

La gran importancia que esta rama de los ejércitos ha cobrado en EE.UU. se observa al advertir que a finales de la presidencia de Bush operaban en unos 60 Estados; en 2010 el número había aumentado a 134; y durante el verano del presente año 2015 la cifra ya alcanza 135.

La mayor parte de sus misiones se centra en la formación de los ejércitos de los países donde operan, en los aspectos de la instrucción militar que se consideran más necesarios: manejo de armas en combate, ejecución de patrullas, táctica de las pequeñas unidades, operaciones en poblados y zonas habitadas, combate cuerpo a cuerpo y a corta distancia, formación de tiradores de élite y francotiradores, organización y planificación de ataques y uso de las armas pesadas. También se incluye la atención sanitaria a las bajas de combate, el conocimiento de los derechos humanos, la ejecución de marchas e itinerarios terrestres y el modo de organizar y planificar las misiones.

Casi en su totalidad, las operaciones de las fuerzas especiales no están controladas por los órganos políticos representativos, como los comités parlamentarios de las fuerzas armadas. Se ejecutan lejos del alcance de los medios de comunicación y dentro de un ambiente tácitamente aceptado de tolerancia y protección mutua contra denuncias o revelación de actuaciones ilícitas. No solo se desarrollan a espaldas de los ciudadanos de EE.UU., con cuyos impuestos se costean, sino que permanecen en la más estricta oscuridad también para los ciudadanos de los 135 países donde hasta hoy han actuado en 2015.

El jefe del SOCOM es consciente de que la actividad de las fuerzas especiales es ahora más intensa que incluso en los más críticos momentos de las guerras en Afganistán e Irak. Sin embargo, en algunas de sus declaraciones deja entrever que las tan alabadas y publicitadas fuerzas especiales, en las que se inspiran los más conocidos cineastas, no son tan resolutivas como parece: “Podemos ganar tiempo y podemos ganar espacio, y jugamos un papel muy importante en la lucha contra el extremismo violento”, declaró el general jefe; y añadió: “Como ya es sabido, los problemas que observamos en Irak o en Siria no podrán ser resueltos por nosotros”.

The New York Times describía en junio pasado algunos pormenores del “Equipo 6” de los SEAL, el que mató a Ben Laden: “Han planeado misiones mortales desde bases secretas en Somalia. En Afganistán se han empeñado en combates tan inmediatos que salían empapados en sangre ajena. En incursiones clandestinas en plena noche han utilizado desde rifles hechos a medida hasta hachas primitivas. En todo el mundo han montado puestos de espionaje disfrazados de buques mercantes; se han infiltrado como funcionarios civiles en empresas de primera línea y han operado en secreto en las embajadas, actuando como parejas para localizar y perseguir a los que EE.UU. desea matar o apresar”. Como en las mejores novelas de Le Carré.

Son parte de la nueva guerra que Obama ha impulsado desde que asumió la presidencia. Sus instrumentos básicos son los comandos de operaciones especiales en combinación con los drones armados y sus ataques desde el aire por sorpresa. Sin embargo, el jefe del SOCOM reconoce que el avispero de Oriente Medio no es su teatro de operaciones preferido, y se ve forzado a aceptar el continuado fracaso de la nueva guerra en el hirviente mundo islámico.

Desde que los seres humanos empezaron a enzarzarse en sangrientos enfrentamientos que acabaron llamando “guerras”, una verdad ha permanecido: La victoria no es ganar batallas o combates sino lograr que el adversario actúe como uno desea y acepte por entero nuestra voluntad.