Las brutales prisiones californianas

Si usted, estimado lector, fuese ciudadano de California, podría llamarse George Ruiz, tener 72 años de edad y haber permanecido los últimos 31 años de su vida en riguroso aislamiento en una prisión del Estado. Hubiera vivido encerrado en una minúscula celda sin ventanas y privado de todo contacto humano; cada día podría abandonar la celda durante una hora o poco más, pero aún paseando por el patio seguiría en total aislamiento. El motivo de tan inhumano y prolongado castigo no es la mala conducta de Ruiz como prisionero: se debe solo a que se le considera miembro de una banda criminal mexicana.

Más de 75.000 presos permanecen en esa situación en EE.UU. El aislamiento total se aplica por razones de seguridad y disciplina, pero a menudo con arbitrariedad y por faltas menores. En California se basa a menudo en la sospecha de pertenecer a una banda criminal, puesto que esa condición convierte al preso en un probable promotor de violencia entre los demás reclusos. En ese Estado, el siniestro penal de Pelican Bay ha venido manteniendo a más de 500 presos en aislamiento durante más de diez años; de ellos, 78 han vivido aislados más de dos décadas.

Se trata de una medida de carácter preventivo, pero su eficacia es muy dudosa. Algunos países utilizan la prisión incomunicada durante periodos reducidos. El pasado mes de mayo, un tribunal irlandés se negó a extraditar a EE.UU. a un individuo acusado de apoyar el terrorismo, aduciendo que el aislamiento total, sin contacto con el personal penitenciario ni con los demás reclusos, durante periodos prolongados que pueden extenderse varios años “es una violación de la obligación constitucional [irlandesa] de proteger a las personas contra cualquier tratamiento inhumano o degradante y respetar la dignidad de los seres humanos”. La vieja Irlanda dando lecciones de humanidad a la moderna república americana que sus hijos tanto contribuyeron a modelar.

El régimen de aislamiento extremo exige limitar el contacto con el mundo exterior. Un preso californiano declaró que solo había podido telefonear dos veces a su madre en 22 años de reclusión. El intento de comunicarse con otros presos, a gritos a través de las paredes o por los conductos de ventilación, se castiga como infracción grave. Si esa comunicación se establece con otro presunto miembro de una banda, el resultado es la prolongación ilimitada del aislamiento total.

Este tipo de confinamiento puede inducir a la locura. El citado tribunal irlandés incluyó un ejemplo, apoyado con datos de Amnesty International, donde un recluso enviado a una prisión de máxima seguridad en régimen de aislamiento total se dañaba a sí mismo repetidas veces. Tras ser atendido por los servicios psiquiátricos del Estado, fue reinternado en las mismas condiciones: “Se laceraba el escroto con un trozo de plástico, se mordió y arrancó una falange, se incrustó grapas en la frente, se cortó las muñecas y fue hallado inconsciente en la celda”. Tras mutilarse los genitales, fue sometido a medicación antipsicótica.

George Ruiz, no obstante, va a pasar a la historia de las prisiones estadounidenses porque, gracias a una demanda legal cursada en su nombre y en el de otros reclusos, va a ser modificado el régimen de confinamiento incomunicado del Estado de California, uno de los más duros de EE.UU., país que se distingue por la brutalidad de su sistema penal. Para aplicarlo ya no bastará la sospecha de pertenecer a banda criminal, sino que habrá de ser acusado por conducta violenta, asesinato, agresión, intento de fuga, posesión de armas o acciones similares, tras un proceso debidamente ordenado.

El precedente sentado por California no obliga a los demás Estados de la Unión, pero muestra el camino a seguir y obedece a una creciente marea de críticas al régimen carcelario de EE.UU. En julio pasado, Obama requirió al Departamento de Justicia para que revisase el sistema federal de penas: “¿Creemos realmente que tiene sentido encerrar a tanta gente en pequeñas celdas 23 horas al día, durante meses o incluso años? Esto no nos hace más seguros. Tampoco más fuertes. Y cuando esos individuos queden en libertad ¿cómo van a readaptarse? Esto no es razonable”.

Muchos funcionarios de prisiones se oponían al sistema. El director de una cárcel de Colorado decidió en 2014 pasar veinte horas en una celda de 2 x 4 m y acto seguido redujo a la mitad el número de presos en aislamiento total. Los seres humanos somos sociales por naturaleza; estamos definidos por la familia, los amigos, las comunidades. Suprimir todo contacto con otras personas es aplastar un elemento esencial de la identidad humana.

Como afirma el escritor y profesor de la Universidad de Georgetown David Cole en The New York Review of Books, en EE.UU. está muy arraigado en las instituciones un planteamiento bronco de la justicia criminal. La policía recurre a menudo a una violencia desproporcionada; se aplica la cadena perpetua por delitos menores de tráfico de drogas; y se conserva la pena de muerte, que la mayoría de los países civilizados han desechado por bárbara. Es el país con mayor población carcelaria. Aunque se reduzca el castigo de aislamiento, la crueldad de la vida en prisión suele ser innecesariamente severa: la mayoría de los presos californianos permanece en la celda 22 horas diarias. Lo que se requiere, según Cole, es un cambio radical, no un pequeño arreglo.