Toque de atención en Europa

Fundada en 2013 y radicada en Londres, la European Leadership Network (ELN, Red europea de liderato) es una plataforma para el diálogo y el debate a nivel internacional, sin ánimo de lucro y desvinculada de cualquier partido u organización política. Tiene como lema: “Reforzar la capacidad de Europa para afrontar los problemas de seguridad del siglo XXI”.

Su finalidad es trabajar en favor de una Europa cooperativa y cohesionada y desarrollar la capacidad europea para gestionar los acuciantes problemas relacionados con la política exterior, la defensa y la seguridad. Para ello articula una red de dirigentes, actuales y veteranos, expertos en los ámbitos de la política, la defensa y la diplomacia, en la que se desarrollan trabajos de investigación, se difunden publicaciones y se organizan encuentros y conferencias, en combinación con otras organizaciones asociadas de Europa, América y Asia/Pacífico.

La ELN adopta un concepto no restringido para Europa: incluye no solo a la Unión Europea sino también a Noruega, Rusia, Turquía, Ucrania, Serbia, Georgia, Albania y el resto de Estados de este variado continente. Según sus estatutos “es única en su alcance político a alto nivel y en su capacidad para conectar con eficacia a las élites políticas, diplomáticas y de seguridad de todos los países de esta región y parte de Asia Central”.

Una de sus últimas publicaciones (12 de agosto), que ha tenido un amplio eco en los medios de comunicación internacionales, se titula ‘Preparing for the Worst: Are Russian and NATO Military Exercises Making War in Europe more Likely?’ (“Preparándose para lo peor: ¿Es más probable una guerra en Europa a causa de los ejercicios militares de Rusia y la OTAN?”).

El informe, firmado por el director y dos investigadores de la ELN, constata que en los últimos 18 meses, y como consecuencia del conflicto ucraniano, se ha producido un grave deterioro en las relaciones entre Rusia y Occidente. Señala dos serios aspectos de la confrontación: las arriesgadas prácticas militares rusas, al límite de lo tolerable, y el aumento del número y amplitud de las maniobras militares efectuadas por Rusia y la OTAN en el espacio euroatlántico.

Un detallado informe y unos mapas interactivos analizan dos recientes ejercicios: unas maniobras “repentinas” de Rusia en marzo de este año, que afectaron a 80.000 efectivos procedentes de todo el país, y el ejercicio Allied Shield de la OTAN, que en junio englobó cuatro maniobras distintas en el flanco oriental de la Alianza, con 15.000 participantes de 22 países.

En el informe se deduce que “cada bando se adiestra teniendo presentes las posibilidades del contrario y sus planes de guerra más probables. Aunque los portavoces sostengan que las maniobras están concebidas contra un enemigo hipotético, su naturaleza y amplitud indican lo contrario: Rusia se prepara para un conflicto con la OTAN y ésta para una posible confrontación con Rusia”.

No se sugiere que ninguno de ambos bandos haya decidido ir a la guerra, ni que ésta sea inevitable. Pero la reforzada naturaleza de los ejercicios contribuye a mantener el clima de tensión en Europa, lo que se agrava cuando éstos no se anuncian por anticipado, como parece ser el caso de Rusia.

La ELN apunta cuatro recomendaciones para desactivar las actuales tensiones:

– Considera “vitalmente importante” reforzar los contactos entre la OTAN y Rusia sobre la programación de las maniobras.
– Convendría utilizar el conducto de la OSCE y las vías establecidas en el llamado Documento de Viena, para mejorar la confianza mutua.
– Los Gobiernos de ambas partes deberían reflexionar sobre los pros y los contras de las grandes maniobras en zonas fronterizas. El mejor modo de empezar a reducir la tensión sería ponerse de acuerdo para limitar las zonas y la envergadura de los ejercicios a realizar.
– Convendría iniciar lo antes posible los trabajos previos para un nuevo tratado que limitase las armas y los contingentes a desplegar en ciertas zonas, así como un sólido sistema de inspecciones.

La larga y sangrienta historia de las guerras nos enseña que aunque los Estados y las alianzas organicen sus instrumentos militares con finalidad nominalmente “defensiva”, la inevitabilidad del efecto de acción y reacción puede conducir a críticas situaciones imprevistas. Unas maniobras defensivas pueden ser percibidas por el contrario como una provocación, acelerando el ciclo que conduce a la guerra.

Hace un siglo sangraron profusamente las venas de Europa durante más cuatro años en una guerra que se creía que duraría apenas unos meses. La rivalidad terrestre y naval entre unos imperios que pugnaban entre sí por la hegemonía mundial llevó a la total y violenta desarticulación de tres de ellos y sembró los gérmenes de una nueva guerra que alumbró la era nuclear y, con ella, la posibilidad de un holocausto a nivel planetario.