¿Vuelve la Guerra Fría?

Los tambores de guerra de la OTAN redoblan en torno el mar Báltico. Según portavoces oficiales de la Alianza, ha aumentado el número de incursiones de la fuerza aérea rusa sobre este mar y, aunque el Gobierno de Moscú niega que sus aviones de combate hayan violado las normas internacionales, la OTAN ha decidido reanudar algunas prácticas que fueron habituales durante la Guerra Fría.

No se ha demostrado que en ninguno de los casos citados haya habido violaciones del espacio aéreo de algún país de la OTAN. Todos los encuentros entre aviones rusos y otánicos se han producido en el espacio internacional, aunque han recibido a menudo una extraordinaria atención por los medios de comunicación europeos, a pesar de no haber sido oficialmente confirmados o incluso después de que fueran desmentidos.

El nerviosismo producido por estos incidentes no se refiere solo al espacio aéreo. Un submarino "fantasma" ruso, supuestamente detectado en aguas suecas, produjo resonantes titulares en la prensa europea en octubre del pasado año. Tras una extensiva búsqueda desarrollada por las fuerzas armadas de ese país, nada concreto pudo revelarse. Meses después, las sospechas recayeron en "una nave local no identificada", como confirmó el ministerio sueco de Defensa. Pero el daño ya estaba hecho y agudizada la histeria antirrusa entre los países ribereños del Báltico, insistiendo en un presunto paralelismo con la anexión rusa de Crimea.

Antes de valorar lo que está sucediendo en torno al mar Báltico, conviene saber que las vicisitudes de la historia (sobre todo, el reajuste territorial que produjo la 2ª Guerra Mundial) han configurado las fronteras de los países que lo rodean de modo que Kaliningrado (la antigua Könisberg alemana), hoy una región rusa, se ha convertido en un enclave al que solo puede accederse directamente por mar; también por aire, pero a través de los espacios aéreos de Bielorrusia o los Estados bálticos. Por tierra, al estar rodeado por territorios de la UE y de la OTAN (Lituania y Polonia), Kaliningrado se ha convertido en un lugar geopolíticamente sensible, no muy distinto a lo que representó Dánzig (hoy Gdansk), el enclave alemán en la Polonia anterior a la 2ª G.M. Además, es el único puerto septentrional ruso cuyas aguas no se hielan en invierno y, por tanto, constituye una importante base para la flota rusa del Báltico, algo similar a lo que para la flota de mar Negro es Sebastopol.

Pero si desde la OTAN se insiste en el creciente peligro que representa para Europa la actividad militar rusa en el Báltico, desde Moscú las opiniones expresadas son parecidas. El viceministro de Defensa ruso declaró que se está produciendo "un aumento sin precedentes e injustificado de la actividad de la OTAN cerca de la frontera con Rusia. Sin embargo, son las fuerzas armadas rusas las que son acusadas de todos los pecados mortales (sic)".

En Moscú también se desconfía del progresivo aumento de las bases militares de la OTAN próximas a la frontera: "Son unas 400 bases. Es una información fidedigna, y los que trabajamos en el Ministerio de Defensa -prosiguió el viceministro- nos preguntamos: ¿Qué es lo que estáis haciendo alrededor de nosotros?". Los Estados bálticos han reclamado la presencia de tropas y aviones de la OTAN en su territorio, y en ellos se suceden las maniobras y ejercicios militares. En las costas lituanas se han desarrollado hace poco las maniobras internacionales de la Alianza denominadas "Fortaleza Báltica 2015".

Entre las medidas propias de la Guerra Fría que se están restaurando, sobresale la instalación de "teléfonos rojos" para evitar cualquier incidente o error que pudiera agravar la situación y producir una escalada indeseada. En palabras del Secretario General de la OTAN, Jens Stoltenberg, "vamos a asegurarnos de que esos procedimientos estén permanentemente activos, funcionen y se utilicen si ocurre algún incidente".

La OTAN, además, ha reducido el número de funcionarios autorizados para la delegación rusa en el Cuartel General bruselense. Stoltenberg declaró: "Hemos decidido suspender toda la cooperación práctica [con Rusia] pero mantener los canales de diálogo y contacto político y militar".

Se podría decir que, visto desde Moscú, "llueve sobre mojado". Aludiendo a la expansión de la OTAN en las proximidades de Rusia, Putin declaró en marzo pasado: "La OTAN está desarrollando una fuerza de reacción rápida y ampliando su infraestructura cerca de nuestro territorio. Se rompe la paridad nuclear y se acelera la creación de un sistema de defensa antimisiles en Europa y en la zona del Pacífico". Acusó a EE.UU. de que al abandonar el tratado ABM (de defensa antimisiles) "está destruyendo las bases mismas del sistema moderno de seguridad internacional".

Añadió: "Nadie podrá intimidar a nuestro país; nadie ha podido ni podrá hacerlo. Siempre tendremos la respuesta adecuada ante las amenazas internas y externas a nuestra seguridad nacional".

¿Vuelve la Guerra Fría? Los hechos observados y las palabras pronunciadas hacen temer que la respuesta a esta pregunta ya no puede ser negativa.