Bradley Manning: ciudadano y soldado

Hay ocasiones en las que una persona puede encontrarse ante la complicación de poseer a la vez dos o más “naturalezas distintas”, y perdone el lector si para aclarar el asunto que hoy voy a comentar recurro al abstruso lenguaje teológico con el que los niños españoles éramos atormentados en clase de religión durante la época nacionalcatólica que nos tocó vivir. Es verdad que la cosa no parece complicada: un hombre puede ser a la vez padre y maestro cerrajero, y una mujer puede muy bien trabajar como médico y a la vez vender las acuarelas que pinta.

No es así para todo el mundo. Bradley Manning está teniendo muy serios problemas por su doble condición de ciudadano y a la vez soldado del ejército de EE.UU. Para él, unir esas dos naturalezas está resultando muy peliagudo. Arrestado en 2010, ha sufrido desde entonces un duro régimen de aislamiento, presiones y humillación, lindante con la tortura, y está acusado de muy graves delitos contra el Estado, que podrían acarrearle una prolongada condena o incluso la pena de muerte por “ayudar al enemigo”, lo que él rotundamente niega. La vista está programada para principios de junio próximo.

Para mejor entender este complicado asunto, que ha levantado una encendida polémica en todo el mundo, es muy aconsejable que el lector contemple con detenimiento el vídeo que constituye una importante pieza de la acusación y también de la defensa, abriendo esta página web:

http://www.youtube.com/watch?v=5rXPrfnU3G0

Se le acusa por haberlo difundido sin autorización, lo que Manning reconoce sin duda, pero a la vez una buena parte de su defensa se basa en el análisis del contenido.

El vídeo fue grabado en el verano de 2007 desde un helicóptero Apache en un barrio de Bagdad, durante un ataque del que fueron víctimas dos periodistas de la agencia Reuter, varios civiles desarmados e incluso dos niños. No solo se observa detalladamente la operación desde el aire, sino que también se escuchan las voces de los atacantes, que expresan un gran desdén por lo que abajo sucede y hacen muestra de una sanguinaria crueldad. Mientras uno de los heridos se arrastra por el suelo buscando refugio tras la lluvia de proyectiles que le ha abatido, se oye al tirador expresar el deseo de que se le vea empuñar un arma para poder reanudar el ataque y matarlo al fin.

Para Manning, lo que este vídeo le traía a la mente era la imagen de un niño entretenido en quemar hormigas vivas con una lupa que concentra los rayos del sol. Es difícil no experimentar la misma sensación cuando se observa la secuencia en cuestión, que además exhibe tanto la torpeza de identificar erróneamente armas donde no las hay como el gusto de apretar el gatillo con un hondo desprecio por la vida humana. Añade perversidad al incidente el hecho de que cuando al lugar del asesinato múltiple llegaron varios vehículos acorazados y los soldados estadounidenses descubrieron a los niños heridos, su intento de trasladarlos a un próximo hospital militar fue rechazado por el mando, que ordenó llevarlos a un hospital iraquí, desentendiéndose así de tan grave asunto.

Las repetidas mentiras difundidas por el Pentágono ante las protestas de la agencia Reuter por la muerte de sus periodistas no salieron a la luz hasta que en abril de 2010 Wikileaks difundió el vídeo, con el consiguiente escándalo de ámbito internacional. Un año después, con el título Collateral Murder (Asesinato colateral) fue premiado en el Festival de Cine y Derechos Humanos de Barcelona. Pero no es de su calidad cinematográfica de lo que aquí se trata.

Manning reconoce que filtró a Wikileaks el vídeo en cuestión y muchos documentos secretos obtenidos durante su trabajo como analista de inteligencia en Irak. Afirma que lo hizo porque creía que sus conciudadanos tenían derecho a conocer el “verdadero coste de la guerra”. En su declaración previa ante el tribunal, hace pocos días, dijo: “Estábamos obsesionados con cazar y matar objetivos humanos e ignorábamos los propósitos y las misiones”. Deseaba provocar una discusión sobre los ejércitos y la política internacional de EE.UU., que hiciera a la sociedad reconsiderar la necesidad de unas acciones contraterroristas que “ignoraban la situación humana de las personas con las que nos relacionábamos día tras día”. La resistencia del Pentágono a reconocer la existencia del vídeo ante los requerimientos de la agencia Reuter y su personal estado depresivo, ante el rumbo que tomaba la guerra en Irak, fueron factores que, según él, contribuyeron a la decisión de revelar lo prohibido, con la que no creía ayudar a ningún enemigo pero sí contribuir a romper el secreto oficial sobre algunas operaciones que vulneraban las más elementales leyes de la guerra.

No es probable que Manning haya leído la “Brevísima relación de la destrucción de las Indias” de Fray Bartolomé de las Casas, quien preconizaba “anunciar el evangelio sin estrépito de armas”, pero ha coincidido con el dominico español en desear que la difusión de la democracia y los derechos humanos no sea acompañada por el estrépito de los helicópteros esparciendo muerte indiscriminada en derredor. El ciudadano responsable se ha impuesto al soldado desaprensivo y es de desear que no sea condenado por ello.