La UNESCO, de nuevo en vanguardia

El Club de Amigos de la UNESCO de Madrid (CAUM) ha sido durante el medio siglo de su existencia un foro de discusión democrática, libre y abierta, sobre muy variados asuntos que, en diversos momentos del devenir político español, preocupaban a nuestros compatriotas. Aunque sufrió toda clase de vicisitudes como consecuencia de su actividad crítica con el poder establecido, durante la transición política acogió en sus tribunas a una larga nómina de intelectuales, pensadores, periodistas y otros profesionales comprometidos con la libertad y la democracia.

Parecería como si el paraguas de la UNESCO estuviera concebido para amparar a los que se mueven en las más arriesgadas vanguardias de la lucha de los seres humanos por la libertad, la justicia y la paz. No en vano los tres pies sobre los que reposa esta organización de Naciones Unidas -educación, ciencia y cultura- son precisamente factores imprescindibles para cualquier tipo de desarrollo humano. Conjuntamente constituyen el antídoto más eficaz contra los fanatismos que inducen al terrorismo en cualquier parte del mundo; contra las tendencias tiránicas y dictatoriales de muchos poderes públicos; y contra las fuerzas retrógradas y conservadoras cuya acción hace más difícil erradicar la pobreza en el mundo, generar las bases para un desarrollo sostenible e impulsar el respeto por los derechos humanos y el entendimiento recíproco entre los pueblos.

Una vez más en la vanguardia de la humanidad, ha sido la UNESCO la que el pasado lunes dio un significativo paso adelante en su lucha por la dignidad y la libertad de los pueblos, al admitir en su seno al pueblo palestino. En su 36ª Conferencia General celebrada en París, que marcará sin duda un hito histórico, fue aceptada la solicitud de ingreso de la Autoridad Nacional Palestina (APN), con una clara mayoría de 107 votos a favor (incluido el de España) y solo 14 votos en contra, así como 52 abstenciones.

Lo que ocurrió a partir de ese momento es lo que causa más sorpresa y un hondo abatimiento, al comprobar que, como resultado de la votación y de la justa decisión de incorporar a la APN como miembro de pleno derecho de la UNESCO, sea el Gobierno de EE.UU., dirigido por Obama, Premio Nobel de la Paz, el que, como castigo a una decisión palestina que no coincidía con sus intereses, muestre su irritación y su desprecio por los esfuerzos de la ONU en los campos de la educación, la ciencia y la cultura, retirando en el acto su participación financiera para tan noble empeño.

Justifica la Casa Blanca tan brusca decisión apoyándose en una ley de ese sorprendente cuerpo legal estadounidense, que se tiene por ejemplar ante todo el mundo; ley que fue votada en los años noventa y por la que se prohíbe al Gobierno de EE.UU. contribuir a la financiación de los órganos y agencias de la ONU en las que se admita a Palestina. Así, sin más. Ahí está la ley y, al parecer, nadie es capaz de proponer y conseguir su reforma. Pero en ese país exportador de democracia y libertades pasan a veces cosas poco comprensibles: hay otra ley, igualmente disparatada, que impide a EE.UU. tratar con Cuba de modo siquiera parecido al que utiliza a diario con la dictatorial teocracia saudí.

Como consecuencia de eso, la UNESCO habrá de renunciar a algo más de la quinta parte de su presupuesto, al cerrarse el grifo washingtoniano. No es el primer enfado de EE.UU. con esta organización, a la que durante la Guerra Fría tachó en ocasiones de no estar suficientemente al lado de “los buenos” y contemporizar excesivamente con “los malos”, enfados que siempre se resolvieron cortando los apoyos económicos a la organización.

Pero más hipocresía aún encierran las quejas israelíes que insisten en que la decisión palestina impedirá todo diálogo futuro. El jefe del equipo negociador de Israel con la ANP recordó enfáticamente que “todos los logros de los acuerdos de paz se han logrado a través de negociaciones”, aunque no mencionó las continuas obstrucciones de su Gobierno para impedir que aquéllas llegasen a buen puerto. También en este caso, y como sucede a menudo, algunos políticos israelíes se entregan al victimismo declarando que la UNESCO es uno “de esos foros internacionales donde siempre hay mayoría contra nosotros”.

Para mostrar la retórica disposición del Gobierno israelí a avanzar por el camino de la negociación, justo al día siguiente del ingreso palestino en la UNESCO, se ordenó la construcción de 2000 viviendas en Jerusalén y dos colonias próximas, desintegrando todavía más el ya exiguo y triturado territorio palestino, hasta convertirlo en un mosaico sobre el que sea imposible crear un Estado.

Como tiene visos de proseguir la ofensiva diplomática palestina en la ONU para lograr su plena admisión, no le vendría mal al Gobierno israelí distraer la atención mundial de tan engorroso asunto. Quizás a esto obedezca su ofensiva mediática contra Irán y la amenaza que representan sus presuntas armas de destrucción masiva, ya que este país siempre puede ser utilizado como espantajo para aterrorizar a la opinión pública occidental y obligarle a aceptar cualquier nueva ignominia.