Del fantasma comunista al terrorista

Dado que el proceso se encuentra todavía en fase de eclosión, es prematuro intentar extraer conclusiones fiables de la revuelta popular iniciada en Túnez y que se está propagando por varios países del mundo islámico. Sin embargo, algunas de sus características tienen ya antecedentes que permiten valorar mejor lo que está sucediendo.

Quizá el factor más conocido y comprobado sea esa común tendencia política que justifica el abandono de los pueblos a las veleidades autocráticas de sus corruptos dirigentes, basándose en el presumible peligro que acecharía al mundo (y en especial a las potencias occidentales) si se dejara de apoyar a los tiranos amigos, a “nuestros propios hijos de puta”, utilizando la expresión atribuida al presidente Roosevelt en alusión al asesino de Sandino, el corrupto dictador nicaragüense Anastasio Somoza.

Durante los años de la Guerra Fría, el apoyo prestado por EEUU y algunas potencias europeas a tiranos de toda índole, en América, África y Asia (sin olvidar a algunos dictadores europeos), estaba fundamentado en la llamada “teoría del dominó”, es decir, en la creencia de que la caída de cualquier país en la órbita soviética se extendería a los países vecinos, en una serie fatídica que pondría inexorablemente al mundo a los pies de Moscú.

La evolución de los acontecimientos mostró más que de sobra la falsedad de tan irracional teoría, que era apoyada con entusiasmo por las grandes corporaciones del armamento y la extensa red de intereses creada en su entorno, ya que el temor al comunismo multiplicaba aceleradamente sus beneficios. Sirvió tanto para justificar la destitución de Mossadeq o el asesinato de Allende, como para sostener a los corruptos militares vietnamitas o indonesios y armar y cortejar a los sátrapas árabes dueños de las llaves del petróleo.

A menudo se olvida que las difíciles relaciones que EEUU sostiene hoy con Irán son consecuencia del entusiasmado apoyo que Washington prestó al autocrático dictador Reza Pahlevi, como recompensa por la destrucción de los partidos políticos iraníes de centro e izquierda. El Gobierno de EEUU pensaba que de ese modo se cerraría el camino a la penetración del vecino soviético en tan crítica zona del Oriente Medio. Pero lo que se consiguió fue facilitar el camino a la revolución de los ayatolás con las consecuencias ya conocidas.

Sustituya el lector, ahora, el miedo que entonces inspiró la extinguida Unión Soviética por el pánico -igualmente exagerado y manipulado- que hoy produce el terrorismo de Al Qaeda. Aunque Obama parece haber eliminado de su vocabulario la principal cantilena de su predecesor -“la guerra contra el terror”-, subsisten en la política de EEUU reflejos condicionados que la distorsionan seriamente. La nueva “teoría del dominó” presupone que cualquier retroceso, por pequeño que sea, de la influencia de EEUU (y de Occidente en general) en algún país mahometano implicará la temible creación de un califato islámico, cuya finalidad será la de propagarse por todo el mundo, sometiéndolo a los dictados de Mahoma.

Una vez más, conviene servirse de la luz encendida por WikiLeaks, que ilumina algunos de los más tortuosos vericuetos de la política internacional. Los despachos diplomáticos procedentes de la embajada de EEUU en la capital tunecina, tras describir la corrupción y el nepotismo que rodeaban al ya depuesto presidente Ben Ali y su corte de familiares y compinches, incluían en julio de 2009 estas líneas: “A pesar de lo frustrante que es hacer negocios aquí [por la corrupción de los gobernantes] no podemos descartar a Túnez. Nos jugamos mucho. Tenemos interés en impedir que Al Qaeda en el Magreb islámico [AQMI] y otros grupos extremistas pongan pie aquí. Estamos interesados en mantener la profesionalidad y la neutralidad de los ejércitos tunecinos”.

De lo que se deduce que es el temor a una panda de desharrapados terroristas, refugiados en los aledaños saharianos -no es otra cosa AQMI-, que se adscribieron a la “franquicia” de Al Qaeda para adquirir cierto renombre, lo que justifica que EEUU viniera sosteniendo a un régimen corrupto, tiránico y violador de los derechos humanos de los disidentes, y al que la población ha sabido quitarse de encima sin ayudas del exterior. Paradójicamente, quizá esa “profesionalidad” del ejército tunecino, recomendada por la embajada de EEUU, le ha impedido disparar contra su propio pueblo; que fue lo que hicieron los ejércitos chileno y argentino, especializados en el sistemático exterminio de sus compatriotas durante la Guerra Fría para evitar la temida propagación del comunismo.

Ya va siendo hora de que EEUU -y nuestra atribulada y vergonzante Unión Europea- comprendan que el temor al terrorismo no es razón suficiente para apoyar la tiranía y la corrupción de quienes mantienen oprimidos a sus pueblos, sea cual sea su religión. La democracia, el respeto a los derechos humanos y a las libertades personales no son simples palabras que se pronuncian en discursos oficiales, sino conceptos esenciales que es necesario sostener, reforzar y aplicar sin rodeos ni subterfugios.