El otro lado de la colina

Con las palabras que encabezan este comentario, Liddell Hart tituló en 1948 uno de los libros que más ha influido en el moderno estudio de las guerras (The Other Side of the Hill). Prolífico escritor sobre la guerra, Sir Basil Henry fue historiador (sus síntesis de ambas guerras mundiales no han sido aun superadas en perspicacia interpretativa), un teórico de la táctica y la estrategia y un competente e incisivo crítico militar y político. Aunque murió en 1970, Sir Basil Liddell Hart ocupa hoy un puesto destacado entre los clásicos del Arte de la Guerra y su nombre se codea con los más conocidos pensadores que han tratado esta cuestión: Sun Tzu, Jomini, Maquiavelo, Clausewitz, etc.

El origen del título de la obra se explica en el prefacio. Está en la respuesta que el duque de Wellington (el laureado vencedor en Waterloo y el que expulsó de España al ejército napoleónico) dio a un amigo, con el que en cierta ocasión cabalgaba, entreteniéndose ambos en adivinar qué es lo que habría detrás del cambiante horizonte de su itinerario. Éste mostró su sorpresa porque el duque siempre acertaba en sus predicciones, a lo que Wellington respondió: “No le extrañe, amigo; he pasado muchos años de mi vida intentado averiguar lo que había al otro lado de la colina“.

Liddell Hart explica la observación de Wellington por la necesidad que tiene todo general en campaña de adivinar lo que hay “al otro lado de la colina“, es decir, detrás del frente de los ejércitos enemigos y dentro de la mente de sus jefes. Pudo comprobar la certeza de sus análisis teóricos porque, concluida la Segunda Guerra Mundial, participó en el interrogatorio de muchos generales y almirantes alemanes hechos prisioneros tras la derrota. Con esto recopiló datos de gran interés que, filtrados y elaborados gracias a su aguda capacidad de síntesis, le permitieron estudiar en profundidad muchos aspectos de la guerra.

Si pongo al lector al tanto de estos antecedentes es porque, hoy día, y para los ciudadanos de muchos países implicados en la guerra de Afganistán, al otro lado de la colina parece evidente que hay muchas cosas que nos deberían preocupar. No solo un ejército enemigo y los propósitos de sus generales; a veces está también el ejército propio, con algunas actividades funestas que se ocultan culpablemente para engañar a la opinión pública. Se puede declarar oficialmente que los soldados de un país están allí en misión de paz y descubrir, al otro lado de la colina, que en realidad están implicados en una confusa guerra civil en la que se han visto obligados a tomar parte por uno de los bandos.

Se puede afirmar públicamente que se está teniendo gran cuidado para no causar víctimas entre la población civil y luego descubrir al otro lado de la colina, cuando una organización estadounidense publica por sorpresa en Internet unos documentos hasta entonces ocultos, que en muchas ocasiones sus soldados aplican la táctica de “primero disparar y luego preguntar” (a los que queden vivos para responder).

Se descubre, también, que al otro lado de la colina hay autobuses ametrallados cuando transportaban niños, madres y abuelos; que se llevan a cabo misiones de ejecución sumaria de presuntos enemigos, asignadas a unas tropas especiales que apenas rinden cuentas de modo abierto; y que, más a menudo que lo que se publica habitualmente, se causan víctimas entre la población civil en incidentes que nunca llegan a ver la luz.

Los varios miles de documentos filtrados ahora a la opinión pública constituyen un demoledor testimonio que echa por tierra mucha de la retórica que ha venido acompañando a la guerra de Afganistán. Como los documentos son anteriores a diciembre de 2009, desde la Casa Blanca, y para salvar la cara en situación tan embarazosa, se atribuyen los hechos a decisiones tomadas por el anterior presidente y su Gobierno. Pero eso no disminuye la gravedad de las acusaciones para el ejército de EEUU y los de los aliados que participan en algunas operaciones de dudoso carácter.

Es probablemente más peligroso que todo lo anterior, y más demoledor en el plano de las alianzas internacionales suscitadas en torno a Afganistán, constatar ciertas actividades del ejército pakistaní, enfrentado en varias ocasiones a quien debería ser su principal aliado: el ejército afgano. Y también algunas acciones del servicio secreto pakistaní y su implicación a favor de los insurgentes afganos. Aunque algunos documentos puedan estar basados en la llamada “propaganda negra”, la que se fabrica para salvar los errores propios, las filtraciones publicadas muestran que también, al otro lado de la colina, las alianzas y los apoyos internacionales no son exactamente los mismos que anuncian algunos de los Gobiernos más enredados en esta guerra.

Según Clausewitz, la “niebla del combate” (la confusión inherente a toda batalla) es un factor que complica seriamente la toma de decisiones en la guerra. Si, además, es casi imposible adivinar lo que hay “al otro lado de la colina”, porque los mismos gobernantes que dirigen la guerra como “continuación de la política por otros medios” procuran ocultarlo, no debe extrañar que sea cada vez más difícil encontrar salida al enrevesado caos en que se está convirtiendo el conflicto afgano.