En muy mal momento

La enorme, brutal crisis que está ya asolando la economía española (y la mundial) nos llega en mal momento, aunque es bien sabido que, cuando hay una crisis siempre es mal momento. Pero en este caso, este mal momento es anterior en el tiempo a esta crisis del Coronavirus.

Ese mal momento se manifiesta en dos extremos fundamentales no sólo para nuestra economía sino para toda nuestra nación. En uno, el frente exterior, en la UE. En el interior, en el Estado de la Autonomías. Un elemento común a las dos: el estar, desde hace mucho tiempo, en estado de construcción y por lo tanto inacabadas, debido ello fundamentalmente a las enormes dificultades de alcanzar su fin satisfactoriamente.

Las razones son bien conocidas y discutidas pero no hay soluciones duraderas (al menos hasta ahora), y se resumen en el dominio real en la dirección económica de la Unión, siempre a cargo de los países más ricos y más “fundamentalistas” en lo económico, siempre con la austeridad y los “equilibrios económicos fundamentales” como únicos ejes de su acción. Precisamente pocos días antes del estallido de la presente crisis tuve oportunidad de leer un artículo oportunamente titulado “¿Para qué sirve la UE?” Casualidades del destino. El llegar a un acuerdo final entre visiones muy diferentes, proceso obligado, supone, también obligadamente, costes importantes desde pérdida de confianza entre los socios y pérdidas de tiempo, con repercusión económica.Todo ello debería ser un acicate para un proceso más rápido de unión y más equilibrado. Algo seguramente utópico.

En el otro extremo, en el frente interno español, está la construcción del Estado Autonómico, proceso, es bien sabido, enormemente complejo y agravado a partir del resurgir del independentismo a cargo de algunos partidos catalanes (con los nacionalistas vascos contemplando… y esperando). La competencia en materia de Sanidad (excepto en la exterior), corresponde a las Autonomías lo que impone negociaciones con el Gobierno de Madrid, acuerdos difíciles y complejos y toda una serie de obstáculos, lo que supone también costes variados y difícil aplicación de esos acuerdos, si es que la hay… No se trata aquí de reclamar una vuelta a tiempos pasados sino de recordar esos costes de todo tipo que supone un proceso que nunca parece vaya a acabarse felizmente.

Dicho muy sintéticamente y sin aportar posibles remedios, la situación actual en estos dos puntos, agrava la dificultad del asunto. La prórroga del estado de alerta estaba cantada para cualquier observador neutral (alguno queda) pero habrá que ver si esa prórroga es suficiente. Veremos. Esperemos… con cierto escepticismo. Por difícil que parezca quizá se encuentre antes la anhelada vacuna contra la pandemia presente (y me refiero al coronavirus y no al tema de la UE y el autonómico). Ya veremos.