Heating or eating

El título de esta columna no es un acertijo ni nada que se le parezca. Es un breve y exacto resumen de una opción que enfrentan muchos españoles entre los más humildes y desasistidos.”Calefacción o comida”. Hay que optar porque simultanear las dos no se puede. Es un resumen de una situación trágica, según la expresión muy reciente, hace poco más de una semana, del Relator de la ONU sobre la extrema pobreza y los derechos humanos cuya misión es recorrer los países que, en función de su cargo, visita entrevistándose con los más pobres y desasistidos, “los desheredados del sistema”, el canadiense Philip Alston quien acaba de finalizar su visita a España, fruto de la cual es un informe, hoy provisional, que ha recibido un atento eco en varios medios españoles. Informe provisional que, es de suponer, no gustará a quienes mandan en nuestro país, tanto en el sector público como en el privado

Por mi parte, debo informar aquí en esta columna, que no dispongo de copia del informe pero sí de comentarios acerca del mismo por parte de varios medios escritos de nuestro país, algunos de ellos, concretamente los del diario El País (días 7 y 8 de febrero reciente) que me han parecido muy valiosos, y son por ello en los que me baso para esta columna.

A destacar primero el método de elaboración del informe a cargo de alguien, hay que suponer por su cargo, perfectamente apto para un buen trabajo. Se trata de un experto independiente, que no cobra sueldo del organismo y que ha recorrido seis autonomías en doce días “para evaluar la desigualdad… y conocer “in situ” la realidad de los más vulnerables” (El País, 8 de febrero). Interesante metodología y poco común: sus interlocutores no son altos cargos políticos o distinguidos empresarios, sino los que más sufren y privaciones tienen. Los desheredados. Los parias de la tierra. Los que, como afirma Alston, más le han dicho es que “se sienten abandonados”.El Relator es muy duro con todo esto afirmando que “España es el cuarto país más rico de la UE y sus niveles de pobreza no se corresponden con ese su nivel económico” insistiendo en que se España “se puede permitir hacer mucho y hacerlo mejor si quiere, pero ha decidido no hacerlo”, afirmación ésta muy dura y opuesta a muchas declaraciones del actual y anteriores gobiernos que siempre insisten en recursos insuficientes y compromisos externos. Frente a esto, Alston afirma que no ayudar más a los más débiles y marginados es una opción política. Afirmación muy seria. No es tanto que no se puede como que no se quiere.

Alston asegura que “ha estado de visita en España muchas veces, siendo testigo de la diversidad cultural, de la riqueza. Esta vez he visto otro rostro”. En suma, dos Españas, una próspera, otra, vista en las últimas dos semanas, “es el hogar de un porcentaje alto de gente que vive al borde de sus posibilidades” con la pobreza y la precariedad integradas en el sistema.

Las recetas suenan a cosas muy repetidas a las que siempre el gobierno de turno y las fuerzas vivas responden que no es posible, no hay recursos suficientes. Naturalmente, en cabeza de esas reformas imprescindibles está la fiscalidad con “un sistema fiscal más progresivo”, algo que a los lectores de esta columna les sonará con seguridad. No se trata, como afirman los opuestos a esa reforma de subir los impuestos a todos sino de subirlos a quienes más tienen y más ganan así como, entre otras cosas, combatir decididamente la evasión fiscal de empresas españolas y foráneas. El informe insiste también, obviamente, en el tema de la vivienda, calificando la vivienda social como “un desastre” e insistiendo en que las cifras de desahucio “se han disparado esta década”.

Hasta aquí, algunos de los puntos más destacables de este informe que debería servir para algo, aparte de leerlo atentamente. Una advertencia más de que, debajo de la prosperidad y el bienestar, hay mucha pobreza y abandono en y hacia los más débiles y que la desigualdad no puede seguir aumentando. Ojalá que la difusión y la lectura de este informe sean amplias, como merece y que se traduzca en acciones imprescindibles. Desde esta columna hemos querido, modestamente, contribuir a su conocimiento, indispensable.