Acerca de las llamadas embajadas de Cataluña

La ministra de Asuntos Exteriores González Laya ha tomado una decisión contraria a la de su predecesor Josep Borrell, en lo que se refiere a la autorización de una “Embajada” de la Generalitat en Bruselas. Una respuesta positiva frente a la negativa de Borrell, sin duda mejor conocedor de este tema y de las actuaciones del gobierno catalán en el “frente exterior”. Lo símbolos son sin duda de enorme importancia y abrir una llamada Embajada, especialmente en tiempos de agitación en el frente “indepe”, es importante como muestra de esa “independencia”, como símbolo y como instrumento de trabajo y de agitación y propaganda. La Ministra ha pedido a la Generalitat “juego limpio”. Ella es, sin duda, persona de currículo profesional brillante, la mayor parte en trabajos fuera de España en organismos internacionales y seguramente por ello, insuficientemente conocedora de que el concepto de “juego limpio” por parte de muchos dirigentes “indepes”, sobre todo en ciertos temas como éste, puede ser muy distinto al suyo, como han demostrado muchas veces. Ya lo irá viendo con el paso del tiempo.

Algunos bienintencionados comentaristas han colocado esta decisión de la Ministra frente a la correcta de Borrell como un paso en el camino de la denominada “desjudicialización” (vaya palabro!! Léase “sacar de los tribunales”, es más sencillo) del conflicto autonómico, “conflicto político” dicen y que, como tal, debe enfrentarse no en los tribunales sino en la mesa de negociación. Tesis admitida para este tema del conflicto autonómico recientemente por el gobierno Sánchez, tras primero negar esa calificación. Otro puntito más para los “indepes”. Admitido el calificativo, la solución debe buscarse entonces en la mesa de negociación bilateral.

Ocurre, sin embargo que también en este tema hay legislación en vigor que, por supuesto, hay que cumplir. Concretamente la Ley 2/ 2014 de 25 de marzo, ley “De la Acción y del Servicio Exterior del Estado” (BOE 26 marzo 2014). Vale la pena referirnos aquí y ahora a algunos de sus preceptos. Entre los establecidos por esa norma siete principios rectores de la Acción Exterior del Estado, se incluye, lógicamente “la unidad de acción en el exterior”, y ahí la ley “reafirma la competencia del Gobierno en su papel de dirección de la política exterior, algo que en todo país digamos civilizado se realiza a través de las Embajadas. Por eso, el texto de esta ley, “concibe el Servicio Exterior del Estado como el instrumento fundamental para para la ejecución de la Política y de la Acción Exterior”. Y ”Todo ello se vertebra, lógicamente, en el marco constitucional, en particular con base competencial en el artículo149.1. 3ª de la Constitución, que atribuye al Estado la competencia exclusiva en materia de relaciones internacionales”.

Parece que la cosa está suficientemente clara y remito al lector interesado y con paciencia, si hay alguno, a la lectura de esa ley que los independentistas quieren interpretar, con evidente mala fe, como favorable a sus intereses y a su objetivo final de golpe de Estado “blando” y “por etapas”, amparado en interpretaciones “sui generis” de la legislación estatal y la autonómica propia. Así van avanzando poco a poco hacia ese objetivo final. Insistimos en el incuestionable hecho de que abrir una embajada es un poderoso símbolo en el país de destino, normalmente escasamente conocedor de los vericuetos administrativos en el país de origen de la misma y que, por ello, identifica Embajada con país independiente con el apoyo, además y en muchos casos, de la prensa y otros medios de ese país de destino, a veces cuidados con esmero por el “propietario” de esa Embajada “de facto”, dedicada sobre todo a la defensa de “su causa” y a denigrar al Estado “opresor”. Parece que algo de eso llevó al entonces ministro de Asuntos Exteriores Borrell a prohibir estas “Embajadas”. Si fue así, hizo lo correcto. No parece ser ese el actual criterio. No importa, sigamos y dentro de algún tiempo sabremos de la apertura de una “Embajada” de la Generalidad en Madrid, ante el gobierno español. Todo llegará… si no se pone remedio al presente disparate.