¿De nuevo elecciones generales? Para mí, no

Pasan los días y no hay acuerdos entre los partidos afectados que indiquen algún posible acuerdo final para la investidura del Presidente del Gobierno, y conforme pasan esos días el espectro de un nuevo día electoral se agranda pasando esa hipótesis de mera posibilidad a probabilidad cierta. Por disparatada que parezca la cosa.

Todos los partidos que pueden jugar un papel en este asunto de la elección de un nuevo Presidente de Gobierno que, como es bien sabido, no son los diecinueve del arco parlamentario, tienen su cuota de responsabilidad en lo que está ocurriendo aquí y, más importante, en lo que finalmente ocurra, cosa que nadie parece saber. Esa cuota de responsabilidad por supuesto no es igual para cada uno de ellos. Quien tenga la mayor cuota de irresponsabilidad que lo juzgue la ciudadanía española.

Hay que reconocer que no es fácil llegar a un acuerdo cuando las posiciones políticas están, sobre todo en muchos casos, alejadas. A lo que hay que añadir que, lógicamente aquí y ahora, tras muchos años de dictadura y una vez en democracia con bipartidismo y mayorías absolutas, existe, en nuestras formaciones políticas, escasa o más bien nula experiencia y mentalidad pactistas. Es territorio virgen para todos o casi todos y, por ello, la prudencia es necesaria. Pero hay que adentrarse con decisión en ese territorio virgen sobre todo cuando la paralización está teniendo costes de todo tipo crecientes que aumentarán si no hay acuerdos finales que posibiliten salir del “impasse” actual. Esos acuerdos deben ser hoy el objetivo principal para los dirigentes partidistas y para quienes respaldan a esos dirigentes, conocidos o no.

Los primeros actores de este drama (que esperemos y deseemos no mute en tragedia), es decir los partidos con más peso en la decisión final, sea la que sea, tienen sin duda perfiles ideológicos, programáticos y trayectorias políticas diferentes. Incluso muy diferentes, lo que dificulta y sirve como excusa para esos no acuerdos. Ejemplo muy claro en lo relativo a partidos independentistas con los digamos estatalistas o constitucionalistas. Cuando los primeros llevan como estandarte y emblema la autodeterminación o el derecho a decidir unilateralmente, hay que reconocer que un acuerdo entre unos y otros es, por no decir imposible (palabra a evitar en política como muestra la experiencia), muy difícil de alcanzar. Ahí, en la relación a tener con esos partidos claramente secesionistas (obsérvese que en pocos meses han dejado los circunloquios y eufemismos tipo “desconexión” y similares a utilizar conceptos más claros y rotundos, algo a agradecer por otra parte) es un camino plagado de obstáculos, algunos de gran entidad. Hay que insistir en que el peligro para la democracia y para la existencia de nuestra común nación como tal, es mayor en el caso de estos partidos anticonstitucionales y separatistas que en el de formaciones de extrema derecha caso de Vox, cuyos planteamientos se suavizarán con el simple paso del tiempo y por eso que se llama “los tozudos hechos”. Conforme vayan mostrando sus cartas, crecerá el rechazo ciudadano. Quizá yo no lo veré (por mi edad) pero sí lo verán el grueso de los españoles mientras que el problema del independentismo tiene más difícil solución y más largo aliento. Véanse sino a los del PNV llamando ya a la puerta. Y no serán los últimos, por desgracia. Ojalá me equivoque.

El independentismo catalán está desde los tiempos de dominio ideológico del “Gran Papa” Jordi Pujol en un pertinaz intento de lo que en esta columna se calificó (publicado el artículo el 6 de febrero de 2018 en www.republica.com “Un Golpe de Estado blando y por etapas”, intento que sigue vigente y en el que los “indepes” han avanzado con pasos muchas veces simbólicos pero siendo simbólicos, importantes. Ejemplo más reciente lo afirmado por Miquel Iceta este 9 de diciembre reciente: “No renunciaremos a pedir que se reconozca a Cataluña como nación”, otra muestra más de Iceta, alguien de peso en el PSC, como quinta columna del nacionalismo en ese partido, importante en Cataluña. Hoy por hoy es sólo un intento de golpe que si triunfa será un Golpe de Estado eso sí, sin tanques en las calles. En principio…

Es difícil llegar a un acuerdo para la investidura pero no es imposible. Pero cuidado que peor que no llegar a ese acuerdo sería un acuerdo que se concretase en un gobierno débil por fecha de caducidad casi inmediata,con menor duración que un pastel a la puerta de un colegio. Ese “remedio” sería peor que la enfermedad pero tampoco es descartable aquí y ahora. Por desgracia.

Permíteme respetado y paciente lector de esta columna. He participado estos años directamente en la política española militando en el PSOE ocupando puestos de relativa importancia en Ejecutivo y Legislativo. Siempre me interesó la política, actividad noble a pesar de actuaciones reprobables de demasiados oportunistas y peores. Pero si no hay acuerdo y, por desgracia, tenemos que ir a nuevas elecciones, aquí afirmo que no iré a votar, como mínima protesta por esa situación. Y espero y deseo que haya muchos miles de españoles que tomen decisión similar.