El acuerdo de los dos apóstoles, Pedro y Pablo

Y de pronto cuando menos se esperaba (es, al menos, el caso de esta columna ya finalizada ayer mañana y a punto de ser enviada para su publicación, columna referida a la muy difícil o casi imposibilidad de un acuerdo y la posible formación de un gobierno de derechas con variopintos apoyos) llega el acuerdo o, más exactamente, el “preacuerdo” (desde luego muy genérico y falto de muchos detalles importantes) entre los líderes máximos del PSOE y Unidas Podemos, Pablo y Pedro, nombres casualmente de dos Apóstoles, ambos muy importantes, sobre todo Pedro, uno de los Doce. Pablo, por libre, también lo fue.

Algo sin duda importante y también lleno de incógnitas, algunas de las cuales ya se pueden señalar. Ambos firmantes e intervinientes esta mañana ante los medios en la presentación (sin preguntas) del documento ante los medios y la opinión pública, han insistido que lo firmado no es solo para investidura de un Gobierno de coalición sino para un Gobierno duradero, señalado explícitamente “de cuatro años”, es decir una legislatura. Este es un punto clave, que no se trate solo de evitar el no Gobierno es decir que no estemos en un “pan para hoy y hambre para mañana” porque entonces sería peor el remedio que la enfermedad”. Ese objetivo de Gobierno duradero exige apoyo de otras formaciones, naturalmente variopintas, algo siempre complicado y para lo que hay poco entrenamiento en nuestros políticos. Parece que Ciudadanos ha manifestado estar totalmente en contra del acuerdo Pedro-Pablo (para abreviar, preacuerdo “PP”). Salvo que haya otro bandazo de Cs eso exigiría más votos al texto por parte de los otros participantes. O sea, más difícil todavía la obra de artesanía que requiere 176 escaños que lo respalden por activa o por pasiva y ambos partidos firmantes suman 155.

Se busca un acuerdo “para un gobierno progresista” (Pedro dixit), “necesidad histórica frente a la extrema derecha” (Pablo dixit) “uniendo la experiencia del PSOE y la valentía de Podemos”, dijeron ambos. A la valentía habría que añadir la poca experiencia de Podemos y algunos añadirían su limitada fiabilidad. Suena muy bien como mensaje, veremos los hechos cuando la cosa ande (si anda).

Poco más se puede comentar de este preacuerdo a estas alturas con muchos, muchísimos aspectos por completar por sus autores. La declaraciones generales suelen estar muy bien pero, como es sabido “El diablo está…” Y por curiosidad, una pregunta del autor de esta columna, militante del PSOE desde 1976 hasta que me dí de baja en 1994. La pregunta es ¿Qué pensará de este acuerdo la vieja guardia de ese partido con Felipe a la cabeza?