El tiempo se acaba

En su crónica del reciente lunes 9 de septiembre C.E.C. escribe en el El País “Cada vez queda menos tiempo antes del día 23, pero ambas partes (se refiere a los dos actores principales, los bien sabidos PSOE y Unidas Podemos) creen que todavía es suficiente”. Seguramente es así, si es que ambas partes quieren llegar a un acuerdo.Y esa voluntad parece ser la principal duda para algunos observadores, entre ellos esta columna, como más de una vez he escrito.

Hay un tema en esta historia que algunos, seguramente pocos, consideramos muy importante y que creemos sigue ahí, en un segundo plano pero gravitando de manera importante. Es el de la falta de confianza mutua entre esos dos principales, e imprescindibles, actores. Es bien conocida esa falta de confianza del PSOE respecto de Podemos. No se fían de ellos tanto por sus proclamas como por (muchos de) sus hechos. Algo que, recurriendo a los clásicos de la cosa se puede sintetizar en ver en Podemos una formación política, amalgama de varias, contaminada de la enfermedad del “infantilismo”. El que sea así o no resulta accesorio( aunque hay pruebas de su existencia real), si esa percepción existe en quienes mandan en el PSOE. Y parece bastante claro que existe y por ello, obstáculo muy difícil, casi imposible, de superar si se quiere eliminar o, al menos, reducir la desconfianza.

Parece importante destacar que “no fiarse” se da también en la otra dirección, algo menos destacado por muchos medios y opinantes. Unidas Podemos tampoco se fía del PSOE y del cumplimiento de sus promesas programáticas. Y aquí basta echar la vista atrás y recordar lo prometido de un lado y de otro lo hecho durante sus (bastantes) años de gobierno. Es cierto que lo normal en todo gobierno, prácticamente en los países de nuestro entorno, es que los hechos queden por detrás de las palabras y promesas. Pero en el caso de los gobiernos del PSOE, lo que se dió en llamar (adecuadamente) su “derechización” ha sido reconocida prácticamente de manera unánime por propios y extraños. Eso que se llamó “los poderes fácticos”, fundamentalmente económicos, demostró ser realidad que obligó a muchas renuncias. Sin duda que Podemos conoce bien la historia y hace bien en “no confiar”.

Lo que resulta, al menos en principio, claro es que si hay desconfianza mutua difícilmente superable, las probabilidades de acuerdos que funcionen (este verbo es clave) son más bien escasas, por decirlo caritativamente. Por eso, alguien acertó al afirmar que una cosa es un gobierno de coalición y otra, muy distinta, una coalición de dos gobiernos (se entiende que muy diferentes). Y en esas parece que seguimos, al menos cuando escribo estas líneas. ¿Y seguiremos hasta llegar al límite del próximo 23? Vaya Vd. a saber pero no es descartable, incluso lo más probable.

Naturalmente, y esa parece ser la opinión mayoritaria, tanto entre los actores como en el paciente e impaciente (las dos cosas) electorado, repetir elecciones es un fracaso. Y se nos presenta el caso de Italia, país en general paradigma de semi (o sin semi) fracaso político casi permanente que parece haber encontrado una salida donde aquí no se encuentra. Sin conocer suficientemente el tema, un par de observaciones. Una, las diferencias entre los principales actores italianos que han llegado al acuerdo pueden no ser tan profundas como en el caso español. Y segundo, las atribuciones y poderes del Jefe del Estado allí , en estos casos, pueden ser mayores que en el nuestro. Tema éste de serias disfuncionalidades en nuestra democracia a estudiar por quien tenga la obligación de hacerlo. Pero habría que hacerlo y sin falta.

Segundo aspecto. Las encuestas que, recordemos algo obvio, son eso, encuestas que a veces fallan, apuntan a ganadores y perdedores en esta especie de “segunda vuelta electoral”. Pero, ¿y si el resultado es de nuevo muy parecido? ¿Segundo callejón sin salida? Esperemos y deseemos que no pero también deseábamos que no hubiera esta “segunda vuelta” con el consiguiente parón con ausencia de gobierno con los consiguientes costes de todo tipo, no solo económicos, sino además otros intangibles muy importantes. Por lo menos si esto sirve para hacer examen de conciencia con propósito de enmienda habrá servido para algo. Aunque razones también hay para el escepticismo. Pero bueno, no seamos aguafiestas. Si nos comparamos con el “trumpismo” en EEUU, el Brexit en Reino Unido con el inefable Boris al frente o el permanente laberinto italiano o, incluso, la creciente inoperancia de la UE, no salimos tan malparados. Nuestros defectos y carencias son limitados. Pero están ahí con un alto coste y por eso urge eliminarlos. Para eso debe servir la política.