Un partido con resultado incierto

Ahora que, con el éxito en la copa de Europa de la selección Sub-21 el fútbol (masculino, aclaremos esto) vuelve a primer plano, tras el también éxito del femenino, vale la pena seguir con esta jerga futbolera para echar un vistazo a lo más destacable del momento político que no es otro que la gran incógnita de si habrá o no gobierno o tendremos nuevas elecciones.

Ese es un partido, al menos hoy por hoy, de resultado incierto para la mayoría de los españoles. Quizá algunos privilegiados saben cuál será el resultado. Yo, como ni soy ni he sido uno de estos, confieso mi ignorancia al respecto. Trataré de examinar elementos favorables y desfavorables a resolver este “impasse” sin necesidad de nuevas elecciones, algo esto último que creo la mayoría de españoles rechaza aquí y ahora.

Primero, recordar algo obvio y es que la máxima responsabilidad en este tema corresponde al ganador de las elecciones y al que el Rey, obviamente, encargó la formación de gobierno para someterlo al dictamen del legislativo. Todo normal y constitucional. El candidato Pedro Sánchez obviamente ha realizado esfuerzos para tratar de lograr eso pero, es bien sabido, sin éxito, al menos hasta el momento. Sin duda que salir del bipartidismo y caer en una especie de maremágnum multipartidista donde se mezclan elementos de todo tipo (no me refiero a personas solamente) con campo libre a lo peor (y también a lo mejor) de la política está mostrando ser tan peligroso como el vuelo de un trapecista sin red. Pero como dijo alguien, las dificultades está ahí para vencerlas y eso es lo que debemos exigir a los políticos, sobre todo a los más votados. A la cabeza de todos ellos, el Presidente del gobierno, encargado de formar el nuevo gobierno y lograr el visto bueno del Legislativo. Ha dicho recientemente, en alto y ante la ciudadanía que ese nuevo gobierno debe ser aprobado ya, concretamente este mes de julio fijándose la fecha del correspondiente debate, algo ya concretado en el momento de escribir esta columna. Decisión acertada pues impone un plazo a todos, a él mismo y su partido y a los demás. Prolongar esta absurda situación tiene siempre, hay que repetir lo de “siempre”, unos costes serios, en muchos órdenes, no sólo económicos, para la nación y los ciudadanos, lo sepan éstos o no. Estas cosas no salen gratis.

Parece estar descartada totalmente la opción de un acuerdo del PSOE con Ciudadanos. Descartada por su Gran Líder Rivera incluso antes del día electoral, no es descartable que el propio Rivera esté atrapado por esa declaración pero eso no es importante. Lo que es importante es que él mantiene ese mismo criterio, es de suponer que frente a importantes y quizá muy importantes presiones dentro y fuera de España. Entre paréntesis, y cito de memoria (y quizá por ello esta cita mía está equivocada), Rivera habría afirmado que él no hace caso de esas presiones y como es liberal vota (y por ello, hace) lo que estima adecuado. Si ha afirmado eso, es algo digamos curioso y que a los españoles que lo sufrimos y vivimos, nos recuerda frases y acciones de Franco y sus acólitos. Pero seguro que mi cita de Rivera está equivocada. Bien lo cierto, al menos hasta el momento, es que la opción PSOE- Cs (con la necesaria colaboración de otros menos importantes) está o parece cerrada. Recordemos de paso que hay algunas destacables diferencias programáticas entre ambas formaciones, sobre todo en el terreno económico. Por ejemplo en temas de fiscalidad, obviamente siempre importantes en toda política gubernamental y que definen sus políticas, mucho más allá del aspecto puramente fiscal y económico. Definen el carácter de todo gobierno. Ciudadanos ha hecho bandera de lo que define como “Rebaja impositiva para todos” frente al PSOE que defiende cambios a fondo en la fiscalidad de modo que, de verdad (cosa que hoy no ocurre ni de lejos y hay cientos de ejemplos) paguen más quienes más ganan y más tienen, haciendo así posible las rebajas para quienes menos tienen y menos ingresan, buscando de verdad un sistema tributario más eficaz y más justo. Lo cierto, al menos hasta ahora es que esas proclamas de rebajar impuestos “para todos” en la realidad son rebajas a los más poderosos porque aquí una vez más este tema del poder es, obviamente, el decisivo (y el que no lo crea así es que vive en otra galaxia). Con esto en cuenta ¿es posible armonizar ambos objetivos políticos centrales que están en la realidad a años luz uno de otro? Que cada cual juzgue. Parece poco probable esa armonización, incluso aproximación, salvo engaños. Porque además esa no es la única diferencia programática entre esos dos partidos. Son imprescindibles reformas a fondo en el mercado laboral así como medidas serias y urgentes para enfrentar la creciente desigualdad en nuestro país con medidas no solo, o no tanto, redistributivas (son insuficientes) como previas a la distribución incluyendo aquí una mucho mayor igualdad de oportunidades. Todo un conjunto de políticas activas, intervencionistas que de entrada por lo menos pueden rechinar a los que se declaran liberales (por cierto ¿alguien puede explicar seriamente que significa eso de liberal aquí y ahora?).

En fin, lo que está más claro es que las posibilidades de entendimiento entre ambos partidos son más bien limitadas mientras que las que hay entre el PSOE y Podemos parecen más probables. ¿O hay que decir ya “parecían” a la vista de lo ocurrido en los días recientes con la insistencia de un lado a eso que se da en llamar “gobierno de cooperación”, rechazado por Podemos. Esta formación alega que lo que ofrece el PSOE de cargos oficiales como mucho de segundo nivel no es estar en el gobierno y en eso tienen toda la razón pero precisamente lo que no quiere Sánchez es que entren en el gobierno probablemente porque no se fía políticamente de ellos y porque quizá piense también que en términos de capacidad y experiencia profesionales poco le aportan. Y en ambos casos tiene por lo menos parte de razón. Podemos busca entrar en el gobierno para que ese gobierno con ellos lleve a cabo las políticas de progreso prometidas por el PSOE. Seguramente Podemos mira a los años en que, desde la primera presidencia de González, este partido sufrió un claro proceso de “derechización”, no atreviéndose a medidas y decisiones progresistas frente a los poderes económicos y financieros, sobre todo. Muchas promesas quedaron en eso, en promesas, algo que Podemos ni seguramente la mayoría de sus votantes no quieren que se repita. Este es un aspecto que el PSOE debe meditar y debatir seriamente y a fondo antes de la ya fijada fecha de la investidura, si quiere el apoyo de Podemos, ya descartada cualquier otra opción válida. Seguramente además esta opción es la menos mala. Y puede funcionar. Esperemos y deseemos que la solución sea en los próximos días y que no haya nuevas elecciones. Sería un fracaso.