“Fins als collons de tots nosaltres”

El título de esta columna (excepcionalmente en catalán) es el final de una frase célebre pronunciada por el entonces primer presidente de la I República Española en 1873. La frase dirigida a los ministros integrantes del gobierno fue así: “Señores. Voy a serles franco. Estoy hasta los cojones de todos nosotros”. Tras ello abandonó la reunión y al día siguiente tomó un tren con destino a París terminando su mandato. El dimisionario, aunque formalmente no presentó su dimisión, se llamaba Estanislao Figueras, catalán, primer presidente de esa República que duró poco menos de cuatro meses en su cargo. Tiempos muy difíciles, con una república instaurada tras la renuncia de Amadeo de Saboya, monarca totalmente debilitado tras perder el apoyo de otro catalán, Prim. Tiempos agitados en todos los aspectos, muy difíciles, sobre todo para gobiernos muy débiles.

Pretender trazar un parecido (por lejano que sea) entre esa coyuntura y la actual en nuestro país sería un disparate. Pero cuando llevamos ya demasiado tiempo sin nuevo gobierno tras el trámite electoral y cuando el problema catalán parece cronificarse, cuando en las perspectivas económicas mundiales crecen más las incógnitas menos favorables que las favorables parece conveniente echar la vista atrás y tratar de extraer algunas conclusiones de nuestro pasado más reciente. Al fin y al cabo y según cuentan los historiadores, la reacción de Figueras era una respuesta a la incapacidad de llegar a acuerdos en su gobierno respecto de los problemas que enfrentaba el mismo. Repito: la situación ahora seguro que no es la misma pero también es seguro que muchos, muchísimos españoles “estamos hasta los cojones” (esta vez, en el idioma oficial) de que nuestros líderes políticos (si es que todavía siguen siéndolo) no se pongan de acuerdo unos en proponer y otros en aprobar un nuevo gobierno o, mucho peor, en que haya nuevas elecciones generales, fracasado lo anterior. Elecciones generales en las que me temo que muchos no votaremos por estar…”hartos” de tanto politiqueo.

Sin duda que en esa resistencia “numantina” de algunos líderes o partidos de llegar a acuerdos hay aspectos dignos de consideración y respetables. Algunos lo son claramente. No puede el visto bueno a un gobierno, en este caso del PSOE,o de cualquier otro partido nacional, depender de lo que decidan los independentistas, los que quieren dividir el país. Está claro que esa raya no se puede ni se debe traspasar. Eso es lo más sencillo de entender y explicar a la ciudadanía. Eliminada esa opción (realmente no lo es), las opciones restantes son más complejas.

Empezando por lo que ya tenemos encima de la mesa, un posible apoyo de Podemos. Aquí lo más complicado y eso lo estamos viendo claramente, es la contrapartida por parte del PSOE es ahí donde parecen (según las escasas informaciones) estar los problemas. El PSOE parece se opone a un gobierno con participación de Podemos con ministros y se le ofrecen cargos de segundo nivel para abajo, lo que está claro (sobre todo para quienes conocemos la Administración) que no es lo mismo (y por eso unos ofrecen eso y los otros lo rechazan, al menos hoy por hoy). Parece que estos últimos estarían pensando en el “modelo valenciano” (el Pacto del Botánico) o sea que “florezcan” nuevos Ministerios, algo que resulta muy poco serio. Son comprensibles las reticencias del PSOE a la incorporación al gobierno de ministros podemitas. Por una razón en mi opinión fundamental: no son fiables ni políticamente ni desde el punto de vista de su capacidad profesional. Dicho claramente, aunque algunos o muchos duden de lo segundo a la vista de algunos ministros ya conocidos y “valorados”.

Sigamos avanzando. Son bastantes y seguramente crecientes las voces que dentro y fuera de nuestras fronteras (y ahí hay voces muy poderosas unas sabidas y otras menos) abogan por un acuerdo con Ciudadanos para la investidura socialista, acuerdo necesariamente acompañado de la adopción de algunas medidas o, incluso, un pacto de legislatura. Esta opción, si es que existe, cuenta seguramente con el mayor respaldo de los votantes, pero hoy por hoy tiene algunos obstáculos enfrente. Uno es que Ciudadanos parece que quiere ser el líder de la oposición. Insisto en el “parece” porque Cs (mejor dicho su inmarcesible líder, el Gran Timonel Rivera) un día dice una cosa y el otro, la contraria, quizá salvo en este tema pues el veto al PSOE fue ya antes de las elecciones… Claro que en política siempre puedes desdecirte, estamos acostumbrados aquí y en todas partes. Pero también es cierto que entre ambos partidos hay diferencias ideológicas y programáticas, sobre todo en lo socioeconómico, de no fácil conciliación. Por algo hace algunos años Cs borró de su DNI la referencia explícita a la socialdemocracia, por algo sería como se está empezando a ver ahora en sus propuestas o ideas en temas centrales como el de las reformas del sistema impositivo o del mercado laboral por ejemplo, asuntos clave y definitorios en todo gobierno.

Todo lo anterior está escrito antes de conocer lo ocurrido en horas recientes en Cs con las dimisiones de Roldán y Nart, tras votación en la Ejecutiva de ese partido, que respaldó ampliamente a Rivera en su “No es no” a lo que él llama el “sanchismo”, y cuyo efecto más inmediato y grave es impedir la investidura de Sánchez como presidente del Gobierno. Ciudadanos entra así en una etapa que se adivina difícil y peligrosa para ese partido cada vez más alejado de sus señas de identidad (aunque cada vez es más difícil saber cuáles sean estas), cada vez más sometido a los bandazos de su líder como señaló hace poco Francesc Carreras, uno de los padres de la formación y buen conocedor de sus máximos dirigentes. Con este hecho, y la cada vez más complicada relación entre los integrantes del bloque de la derecha, lo único que parece estar claro es que el inmediato panorama político, con su clave en “la investidura o no”, está cada día más oscuro y con la paciencia del electorado es de suponer al límite. Mal asunto.