Llegando a “terra incognita”

¿Añoraremos pronto como electores aquellos tiempos del bipartidismo en que todo el proceso electoral era mucho más sencillo, y no nos perdíamos en el intrincado laberinto de seguir la pista a los pactos postelectorales y saber en definitiva qué pasó con nuestro voto? Todo esto, se ha mostrado especialmente difícil en las autonómicas y locales con gran profusión (y la consiguiente confusión) de opciones y con resultados, después de las obligadas negociaciones, muchas veces tan sorpresa como la victoria de algún partido con un solo candidato o la de otro u otros descartados por todos de antemano. Cuestión de acostumbrarse y de superar para próximas convocatorias las disfunciones del sistema, que las tiene. Los resultados de las votaciones, una vez santificados, están ahí y a partir de ese trámite se abrió el proceso negociador, a veces muy difícil de seguir con su culminación con los resultados finales. Y a partir de ahí, a lo más importante. Unos a gobernar, otros a la oposición. La democracia, con sus defectos y sus virtudes, en marcha y entramos en “terra incognita”.

Sin duda que el bipartidismo tenía sus inconvenientes y también sus ventajas. Entre los primeros, que no atrapaba adecuadamente las crecientes opciones en democracia, crecientes conforme las sociedades se hacen más complejas y variadas por la misma variedad de los retos,desafíos y demandas en colectividades más modernizadas. Entre las ventajas del bipartidismo, su sencillez para optar y para administrar los resultados. Por eso perdura el bipartidismo ( aunque con matices crecientes) en países como EEUU y el Reino Unido.

Las recientes elecciones en nuestro país parecen haber reemplazado el bipartidismo por algo parecido al “bibloquismo”(permítasenos la palabreja) con un grupo o bloque de partidos en la derecha y otro en la izquierda. No es desde luego una reproducción exacta de lo anterior, sobre todo cuando hay partidos ( cada vez son más) que se reivindican y autotitulan de centro y algo más( como si autotitularse de derecha o de izquierda a secas les diera vergüenza( que por supuesto les da y de ahí el añadido).Tampoco los bloques están tan claros. Por ejemplo, en cual de los dos colocamos a un partido nacionalista. Para algunos, como el autor de esta columna, la respuesta está muy clara: en la derecha, son partidos reaccionarios. En esta reciente campaña electoral, hay partidos que saltan o, mejor dicho, pretenden saltar sobre la marcha de un bloque a otro, al menos en las palabras y según sople el viento de los sondeos y las percepciones de sus líderes… Seguramente el ejemplo más claro ha sido Ciudadanos, formación, según muchos avezados comentaristas políticos, la que peores resultados electorales y pactistas (no son lo mismo, atención)ha cosechado.

No son lo mismo afirmamos los resultados electorales y los de los pactos. Quizá el mejor ejemplo es el de Vox, con una fuerza final (por lo menos para oponerse, no tanto para proponer) superior a la de sus votos. Al menos en principio, aquí y ahora. Hay que esperar y ver como se desarrollan las cosas a partir de aquí. El caso opuesto parece ser precisamente el de Ciudadanos. Pero siempre repitamos que hay que esperar y ver como son los hechos , muchas veces muy distintos, sobre todo en política (en todas las democracias).

Esta ceremonia democrática previa, la de negociaciones y acuerdos, parece estar terminada. Falta ahora la más complicada de la elección presidencial. Si ya era complicada antes de estos pactos, ahora , con su conjunto de damnificados y lo difícil de los equilibrios, lo parece mucho más. Quizá la amenaza de repetición de elecciones sea un estímulo para que prevalezca la racionalidad y haya acuerdos (y a tiempo). Por mi parte y en lo poco que valga mi opinión, afirmo que no iré a votar de nuevo. Que espabilen los políticos porque creo intuitivamente que mucha gente piensa lo mismo. Así que adelante y quien sea, a gobernar porque el abrumador conjunto de problemas pendientes, desde el digamos tema del “procés” hasta el desempleo y la creciente desigualdad en nuestra sociedad pasando por el cambio climático, la precariedad en el “empleo”, las pensiones, el ineficaz e injusto sistema impositivo, el tema de la vivienda, el despoblamiento de gran parte del país y muchos otros de una larga lista están ahí pendientes esperando decisiones bien pensadas , eficaces y justas. Es hora de pasar a los hechos y de cumplir con los ciudadanos, que no súbditos.