Y ahora lo más difícil

Que no es otra cosa que la formación de un gobierno… con la espada de Damocles de nuevas elecciones si no lo hay en un plazo de unos dos meses, hipótesis esa que no hace feliz a nadie , empezando, seguramente, por la mayoría de la ciudadanía. Como eso lo saben los políticos esperemos y deseemos que tengan suficiente sentido de su responsabilidad y lo concreten en acuerdos.

No será fácil. El resultado electoral ha confirmado lo ya “sabido” y es que la época, a veces molesta por la escasez de opciones pero siempre, por eso mismo, fácil ha pasado al baúl de los recuerdos y, en que cabe prever, algo siempre difícil en política, allí reposará por cierto tiempo. De momento hay lo que hay que son los resultados electorales y un tope definido para cerrar acuerdos. Esa busca de acuerdos empezaría a correr en realidad a partir de la celebración, dentro de un mes, de las elecciones autonómicas y europeas. Hasta esa fecha las cosas se moverán pero discretamente y, seguramente, con ritmo muy lento.

La reciente elección ha tenido un claro ganador que es por supuesto el PSOE y su candidato y hoy indiscutible líder, Pedro Sánchez (seguramente lo más adecuado a lo ocurrido sería invertir el orden en esta frase colocando a Sánchez en primer lugar, pero en fin dejémonos de matices excesivos) a quien corresponde llevar la iniciativa en este inmediato proceso. Proceso sin duda complejo en el que, en principio, tenemos ya dos datos de interés, ambos referidos a la pareja PSOE-Ciudadanos. Uno, la afirmación en campaña electoral ratificada tras la votación por parte del líder de Ciudadanos de que no habría pacto con el PSOE. Es cierto que la credibilidad de los políticos en ese tipo de afirmaciones es, digámoslo diplomáticamente, limitada y más a la vista de recientes rectificaciones de Cs, pero la insistencia por parte de su líder debe hacernos creer lo que afirma. Incidentalmente, basta echar una lectura al programa económico de ese partido, concretamente en lo relativo al apartado fiscal y tributario, para ver grandes diferencias con lo abogado por el PSOE en esa misma y fundamental materia. Entre un partido autodeclarado liberal (sea lo que quiera eso decir, ya que es un concepto muy amplio que va desde una Ayn Rand o un Friedman, éste de muy “grato“ recuerdo en el Chile de Pinochet a liberales menos apolillados) y otro ¿todavía? socialdemócrata, las diferencias son notables, casi abismales.

El segundo dato de interés, es el avanzado hace semanas por la Biblia económica mundial, el semanario británico The Economist recomendando un acuerdo de gobierno entre PSOE y Ciudadanos. Tras el resultado electoral, en eso han insistido destacados dirigentes económicos con la presidenta del Banco Santander, la Sra. Botín en cabeza. Opiniones sin duda de interés porque vienen de eso que se llama el Poder (con mayúscula), algo de lo que esta columna ha tratado con frecuencia. Vienen además esas digamos advertencias o comentarios (si el concepto de “advertencia” parece excesivo) del núcleo duro del Poder que cuenta con numerosas y poderosas ramificaciones, sobre todo en formadores de opinión, núcleos intelectuales, hasta un numeroso y variopinto etcétera. O sea que son importantes, por lo menos para conocerlas. Ya más…

El PSOE, al menos lo sabido hasta el momento, parece no inclinarse a un acuerdo del tipo que sea (gobierno, de legislatura) ni con Podemos ni con los nacionalistas/separatistas catalanes. Opciones, si se pueden mantener sobre todo la segunda, dignas de apoyo. El actual caleidoscopio partidista obliga a negociaciones y, en su caso, a acuerdos, pero eso también tiene o debe tener límites. No todo vale. Parece por ello, más digna de atención otra opción en la que han insistido últimamente los más altos dirigentes de ese partido y del actual gobierno: gobierno monocolor con apoyo de algo así como ( y cito de memoria), “Personalidades independientes de prestigio”. Como idea está muy bien pero ¿Cuántas, prestigio en qué rama?¿Cuánto apoyo ciudadano o, más importante, cuántos votos en el Congreso aportan? Temas no menores porque estar en minoría en el legislativo tiene sus costes, no se puede funcionar siempre con decretos-ley. En fin, opción posible pero muy problemática también.

Recordemos finalmente que hay una cita también problemática pero próxima e ineludible: formar la Mesa del Congreso lo que exigirá decisiones de acuerdos. Ahí habrá pistas para lo que viene a continuación. Así que paciencia, así es la democracia. Se acabó el bipartidismo, entramos en el multipartidismo y todos somos neófitos en esa compleja materia.