El panorama se va aclarando

O eso parece. Lo cual no quiere decir que vaya mejorando. Veamos.

Esta semana, con el comienzo del juicio en el Supremo así como el inicio del debate presupuestario, va a hacer posible que se empiecen a despejar incógnitas claves para la vida española. Por lo menos que “se empiecen” lo que, visto lo ocurrido en los últimos meses o incluso años, ya es bastante. Una colectividad, un país no puede estar tanto tiempo con tantas incógnitas pendientes. O mejor dicho, sí puede, pero siempre con un coste importante. Seguramente Italia, siempre viviendo en el alambre, es un claro ejemplo de ello.

La mañana del martes reciente día 12 de febrero se ha iniciado, con las cuestiones previas, el juicio en el Supremo. Vamos a vivir momentos dramáticos e importantes para nuestra nación, sin la menor duda. El juicio va a durar mucho y, como se ha afirmado, con alta probabilidad de terminar en Estrasburgo. Lo que está claro es que la problemática del “procés” no va a terminar cuando termine este juicio sino que es de temer que la misma seguirá y seguirá, con sus correspondientes costes de todo tipo. Lamentablemente.

Por mi parte, no voy a cometer la insensatez de intentar una crónica jurídica sobre este muy complejo tema. Por una razón muy sencilla: no soy experto en esta materia y además “doctores tiene la Iglesia” y de todo tipo para ilustrar sobre este asunto. Que informen y opinen ellos. Lo que sí me voy a permitir es reproducir aquí un artículo que en esta misma columna publiqué hace tiempo, concretamente el 12 de enero de 2016 que me permito reproducir aquí (El “procés” como intento de golpe).

No se trata de una argumentación jurídica sino que es, o trataba de ser, un análisis digamos político de unos hechos que parecían que iban a ser de importancia para nuestra convivencia como país. Creo que así han sido y siguen siendo ¿Lo seguirán siendo? Probablemente, aunque todo cambia con el paso del tiempo. Ese artículo no recibió la menor atención y no es un reproche a nadie. La “cosa política” es bien sabido es un círculo cerrado y opaco ante “intromisiones extrañas”. Pero sigo, tozudamente, manteniendo la vigencia del mismo. Insistiendo en que seguimos en la fase de “intento de golpe blando” que sólo se consumaría si los “indepes catalanes” y asociados externos logran su objetivo final de la denominada, en el comienzo del “procés”, “desconexión”. Hoy esa y otras “metáforas” han desaparecido de su fabla y se habla de independencia.

El segundo tema, en esta importante semana, parece (insistamos en el vocablo “parece”, siempre con sombra de duda) de solución más rápida porque también parece que habrá un rechazo mayoritario al proyecto de Presupuesto y en ese caso, también parece que el presidente Sánchez optará por convocatoria inmediata de elecciones generales. Acertadamente, no sé si para su partido, pero sí para la nación en su conjunto, como se ha dicho varias veces en esta columna. En este caso, una incógnita menos y algo muy, muy importante: que voten, que votemos los ciudadanos y que decidamos, es lo más democrático.

En este caso, entraremos (o seguiremos) en campaña electoral con un probable panorama distinto del tradicional “bipartidismo”. Distinto y más complejo, como lo está siendo en recientes convocatorias electorales en varios países europeos, con resultados difíciles de administrar para formar gobiernos medianamente armónicos y estables tras las elecciones. Preparémonos para algo muy parecido a eso.