Es la desigualdad, estúpido (II)

Publiqué el pasado 17 de diciembre en esta Columna de Opinión un artículo titulado “Es la desigualdad, estúpido” y hoy me decido a añadir una especie de segunda parte insistiendo en este tema. Y lo hago así porque veo que este asunto de la desigualdad en el mundo y en nuestro país ha ganado eco en muchos medios con numerosos artículos, comentarios, informaciones lo que parece indicar preocupación creciente por este muy grave problema. Problema que además se ha agravado durante los años más recientes. Concretamente y aquí transcribo entrecomillados párrafos de mi artículo citado “Desde la crisis que se inicia en Estados Unidos a mediados de los setenta, crisis financiera en su origen luego amplificada y contagiada al resto del mundo, sobre todo a Europa, a la que sigue la crisis de 2008 acompañada en este continente de drásticas medidas de seguridad desigualmente repartidas (lo habitual) hay una realidad que se impone y es la creciente desigualdad no sólo en la renta sino además en otros campos menos conocidos y resaltados que van desde la desigualdad en la riqueza hasta en oportunidades, acceso a los servicios públicos y, por todo ello, desigualdad en lo que se llama el poder, elemento decisivo en el devenir de toda sociedad o colectividad humana. Las cifras, aunque poco publicitadas, en lo que se conocen son claras (para los que quieran verlas).En resumen, nuestro mundo es hoy más desigual que ayer. Así parecen entenderlo cientos de millones de sus habitantes, no así muchos de sus dirigentes políticos y económicos. Y esta contradicción que es principal, es central en este tema.

Eficiencia y equidad, dos conceptos base en esa contradicción. La gran pregunta es si son dos conceptos, dos metas, dos elementos que son incompatibles o, por el contrario, son complementarios. ¿Buscar mayor equidad social es incompatible con mayor eficiencia económica o, por el contrario, mayor equidad es condición necesaria para más eficiencia? ¿Es necesario y viable compatibilizarlas y a partir de ahí adoptar la equidad como elemento necesario para lograr mayor eficiencia y, por ello, mayor bienestar global y mucho mejor repartido?

Adoptar este objetivo a nivel internacional y nacional sería un avance indudable, un gran cambio cualitativo. Por supuesto, muy difícil y lento de lograr y cuyo primer paso debe ser reconocer este grave problema y el peligro que supone. Segunda condición: para enfrentarlo hacen falta a nivel internacional, global, consensos reales basados en decisiones activas y operativas en los niveles nacionales. Es decir, hacen falta gobiernos y otros poderes estatales e instituciones activas, fuertes y con iniciativas. Que legislen, actúen y cumplan. Que hagan realidad lo que dijo Lacordaire de que “entre el amo y el siervo, el poderosos y el débil, el liberalismo oprime, la ley protege”. Ni el mercado ni el liberalismo por sí solos resolverán este gran problema”.

Vale la pena considerar que, desde hace algunos meses, el tema de la desigualdad parece haber ganado más relieve en las preocupaciones nacionales e internacionales. Aquí en nuestro país por ejemplo el diario El País ha dedicado una serie a recoger estadísticas oficiales sobre desigualdades entre diferentes barrios y localizaciones. Interesante ver en cifras esas desigualdades, a veces insultantes, dentro de un mismo país. Es bueno que se conozcan y difundan. Como las que hay en un tema clave como es la sanidad, no tanto en el acceso como en los resultados como recoge otra información publicada en ese medio. Buenos y útiles trabajos.

Otro síntoma de ese cambio es la información que he leído o escuchado hace poco (siento mi imprecisión pero estoy por mi parte cada vez más distraído, al estar en rendimientos decrecientes) de que el PSOE está elaborando un estudio o informe sobre el tema de la desigualdad en España. Si es así, enhorabuena siempre que sirva para acciones posteriores.

Un par de consideraciones finales. Una, el remedio universal que desde la derecha “liberal” proponen algunos de rebajar impuestos a todos tiene truco: la idea real es rebajarlos solo a los más ricos (son quienes patrocinan y con sus medios de difusión propagan ese Evangelio). De paso dejan al Estado con escasos recursos mientras piden que intervenga para solucionar estos problemas. Dos, los que con razón, se preocupan por el gravísimo problema de las migraciones deben completar su análisis y sus decisiones analizando una importante causa (no la única) de las mismas como es la enorme desigualdad mundial entre “los pocos que tienen” (los “have”) y “los muy muchos que no tienen”( los “have nots”). Sería eso de gran utilidad. Imprescindible. Esperemos a ver que nos cuentan los que mandan en su magna reunión de estos días en Davos