La triada reaccionaria

En los recientes y multitudinarios fastos de la toma de posesión del nuevo presidente del Brasil, el nuevo Mesías (no es exagerado, su segundo nombre es ese) Bolsonaro, además de la lógica bandera verdeamarilla del país se vieron banderas de Israel, algo que parece indicar un creciente entendimiento entre ambas naciones o, por lo menos, entre el nuevo gobierno de Bolsonaro y el ya veterano y no precisamente paradigma democrático de Benjamín Netanyahu. Llama la atención también las menciones del gobierno brasileño en declaraciones y discursos a la trascendencia en ese país de los lazos y huellas no solo “católicas” sino “judeocatólicas”, algo a tener en cuenta. Como también la decisión muy reciente, en la estela de Trump, del gobierno brasileño de llevar su Embajada a Jerusalén, gesto de indudable trascendencia para ambos países. Israel, siempre necesitado de nuevos y fiables amigos, parece buscar relaciones preferenciales con el país más importante de América del Sur y Brasil lograr un aliado con enorme influencia en Estados Unidos además de ser una indudable potencia tecnológica a escala mundial. Una relación que puede beneficiar a ambas partes.

Mucho menos sorprendente es la calurosa reacción de Trump a la “entronización” de Bolsonaro. La proximidad, incluso la afinidad política e ideológica de ambos dirigentes es bien conocida e indudable y abarca muchos campos desde el medio ambiente y el calentamiento global (léase “el destino de nuestro planeta”) hasta su desprecio a los acuerdos multilaterales, su amor por la desregulación económica y el “que gane el mejor” hasta, como ya lo ha demostrado Trump en sus meses de mandato y Bolsonaro en declaraciones y sus primeros actos de gobierno, su concepto “sui generis” de la democracia y acerca de la minorías raciales y las gentes pobres en sus países. Demos ahí tiempo al tiempo a Bolsonaro. En cuanto a Trump, la exsecretaria de Estado Madeleine Albright, en declaraciones recientes ha advertido del peligro en que se encuentra la democracia en su país por las acciones de Trump. El nombramiento de la demócrata Nancy Pelosi , tras la victoria electoral de su partido, como presidenta de la Cámara de Diputados ( la tercera autoridad del país) es importante pero seguramente insuficiente , salvo poco probables sorpresas en la filas senatoriales republicanas, de un “impeachment” exitoso contraTrump. Ahora el objetivo demócrata y de los demócratas en ese país parece ser el de evitar su reelección. Un mal menor pero imprescindible,No es fácil pues Trump sigue contando con importantes apoyos entre los más conservadores en un país muy, muy conservador porque además la economía va aceptablemente bien. Esos apoyos son , en gran parte,de la “América Profunda”,de los descendientes de quienes conquistaron el Oeste “with the rifle and the Bible”, los que masacraron a los indios que poblaban las “Great Plains”, un auténtico genocidio realizado por dos vías: una, la directa, matándolos, la otra indirecta pero igualmente eficaz , aniquilando los millones de bisontes que eran alimento y abrigo ( con sus pieles) para los indios. De eso no hablan las películas del Oeste, los Westerns.

La tercera pata de la triada reaccionaria, antidemocrática, es Rusia, lo que queda de la URSS, presidida y dirigida imperialmente por Vladimir Putin, no precisamente un demócrata sino un desestabilizador en otros países que cuenta además con un factor cada vez más clave en los equilibrios internacionales como es gran capacidad tecnológica de su país tanto para la paz como para la guerra.

El corolario de todo esto lo estamos viendo cada día y se resume en tiempos presentes y sobre todo futuros ( a no largo plazo) inquietantes para la democracia. La capacidad de la Unión Europea para resistir a esta triada ( a la que siendo pesimistas habría que transformar en Cuarteto con China) es muy limitada por no decir ínfima. La UE es poco más que un limitado artefacto económico donde la Europa Social ni está ni se le espera. Además con escasas facultades políticas como lo demuestra su inoperancia frente a acciones antidemocráticas a cargo de gobiernos de países miembros como Hungría y Polonia que no toman en serio las advertencias de la Unión, mientras crece la amenaza de los nacionalismos y la ultraderecha. En otro orden de cosas la conciencia de ser europeo antes que nacional de un país miembro está, digámoslo suavemente, poco desarrollada todavía, Tarea sin duda muy compleja y siempre muy lenta en un continente con tantos desgarros internos en su agitada historia. En resumen, el papel actual y previsible en el corto plazo de la UE en la arena mundial es poco más que el de figurante , eso sí, distinguido. Magro consuelo. Se anuncian más turbulencias. Así que abrochémonos los cinturones de seguridad.