Crisis financiera y captura del regulador

A mediados de 2010 publiqué un libro titulado “No son solo algunas manzanas podridas. Sobre las causas de la crisis financiera de Estados Unidos”. Mi objetivo era tratar de llevar al lector interesado mi opinión sobre esa denominada Gran Crisis iniciada precisamente en EEUU y luego propagada a gran parte del mundo, crisis iniciada oficialmente en septiembre de 2008 con la caída de un “too big to fail”, el banco de inversión Lehmann Brothers. Yo había vivido y trabajado como Jefe de la Oficina Comercial de España en Nueva York desde septiembre de 2000 hasta septiembre de 2005 lo que me permitía conocer de cerca la economía y la política de ese país. En la Introducción del libro advertía al lector que no esperase encontrar en el mismo ”un análisis macroeconómico ni un tratado de economía financiera” y que “mi objetivo ha sido tratar de hacer un análisis de economía política, institucional de lo ocurrido”. Publicado aquí, en nuestro país su eco, tanto en comentarios como en difusión ha sido el esperado (al menos por mí): ninguno. Ninguna sorpresa pues no formo parte de ninguna cofradía de bombos mutuos. No son santo de mi devoción. Me satisface en este caso la seguridad de haber acertado en algunas cosas que afirmo en el libro y me satisface más el trabajo realizado, que ha incluido el estudio de numerosa y muy variada bibliografía. Si ha sido de utilidad para algunos, con eso me vale.

Hoy traigo este tema a mi columna semanal con motivo de lo que se va conociendo del informe definitivo de la Comisión en el Congreso de los Diputados de investigación de la crisis financiera en nuestro país. Crisis que fue un total desastre y que, de momento y según estima el Banco de España, supone pérdidas de más de 42.000 millones de euros, naturalmente de los contribuyentes (aunque no de todos, como siempre ocurre): Insistimos en que “de momento” y la experiencia nos indica que esas estimaciones se suelen luego revisar al alza.

A señalar de entrada que hay, y no podía ser de otra manera, diferencias notables entre la crisis en Estados Unidos y la ocurrida aquí. Pero hay también un aspecto a destacar y es el que me ha llevado a traer a colación lo ocurrido en EEUU. En el exhaustivo trabajo de esta Comisión parlamentaria (un año y medio de trabajo y más de ochenta declarantes), concretamente en su informe de conclusiones, según lo recoge la prensa especializada, se afirman cosas como que aunque había “herramientas disponibles” para enfrentar la crisis por parte del organismo supervisor “no se usaron por falta de voluntad política”, afirmación muy grave a la que luego nos referimos. Se habría producido en ese caso lo que en literatura al respecto se denomina como “la captura del regulador”, algo muy parecido a lo ocurrido en la gran crisis de Estados Unidos. Veamos este punto con cierto detalle. Debo indicar que los párrafos entrecomillados corresponden a párrafos de mi libro citado.

En el mismo señalo que el concepto de la “captura del regulador se puede sintetizar en la entente entre lo que genéricamente se conoce como Wall Street de un lado y, de otro, los organismos públicos competentes en la regulación y supervisión del sistema financiero en EEUU”. Ambas partes coinciden en que lo trascendental y decisivo es dejar que los mercados financieros, perfectos y eficientes según ellos, operen sin interferencias reguladoras y supervisoras externas”. Es lo que ocurrió en la crisis de EEUU. Aceptado ese axioma de la perfección de los mercados, el paso siguiente fue la no intervención de esos organismos, capturados así por Wall St. Precisamente la revolución reaganiana que tiene lugar durante esos años se basa en el dominio de los mercados, siempre perfectos y eficientes y que se autocorrigen en el improbable caso de desequilibrios. Revolución que se sintetiza en dos frases que resumen muy bien su ideario y el de los suyos. Una es “El gobierno no es la solución, es el problema” y la otra “Las siete palabras que me inspiran más temor son: soy del gobierno y vengo a ayudarle”. Surgen y se multiplican en la Academia y en la administración conversos múltiples a este fundamentalismo de mercado, el principal de ellos es el eterno presidente de la Reserva Federal, Greenspan nombrado por Reagan que le llama “El Maestro”. Mientras tanto la especulación y la burbuja financiera siguen creciendo en lo que el propio Financial Times denominó “turbocapitalismo financiero”.Y los mercados no se autocorrigen y llega el desastre que luego se transmite al mundo entero.

“Frente a esa ideología dominante (porque de eso se trata) de la perfección de los mercados financieros, un economista hasta entonces poco conocido Hyman Minsky sostiene que el sistema financiero es frágil, inestable y con tendencia a las crisis. Pero es voz que clama en el desierto frente a la ideología dominante que es, naturalmente, la de la clase dominante.” Hay en esto una diferencia importante con la crisis financiera en nuestro país. Y es que esa ideología no es ( hay que añadir ¿todavía?) dominante aquí y ahora. Al menos cabe deducir eso de los planteamientos conocidos de las máximas autoridades reguladoras. Aunque es cierto que esa afirmación recogida en el informe final de la comisión parlamentaria de que había “herramientas disponibles que no se usaron por falta de voluntad política” es importante y da que pensar mucho al respecto. La pregunta obligada es cual puede serla causa de esa falta de voluntad política Quizá la respuesta la tengan los diputados de esa comisión a la vista de la gran cantidad de testimonios aportados. Yo desde luego no la tengo. Solo puedo aventurar algunas hipótesis. Por ejemplo que la máxima autoridad en ese momento del organismo supervisor pensó en la incomodidad de enfrentarse a los poderosos dirigentes de las entidades de crédito. Es más cómodo y fácil así como más liberal el no hacer nada en esos casos. Esos poderosos dirigentes suelen ser los Cerberos vigilantes no de las puertas del infierno sino de otras puertas que giran y giran. O que su socioliberalismo (¿) les llevase a confiar en el restablecimiento autónomo del equilibrio por esos mercados perfectos (sic).Ese Informe final incluye una serie de recomendaciones sin duda de interés y el que se apliquen o no dará más elementos de juicio respecto de la captura o no del regulador. Naturalmente dependerá mucho del partido o partidos que gobiernen y que acepten o no ese axioma de la perfección y la subsiguiente autorregulación de estos fundamentales mercados, cada vez de mayor importancia en economías crecientemente financieras. Tema a seguir muy de cerca por sus repercusiones en el bienestar colectivo como estamos viendo, especialmente cuando haya crisis ( y crisis siempre va a haber, son inherentes al sistema).Siempre muy costosas, sobre todo para una parte de la población, siempre la más débil.