Os lo dije (I told you)

Los fieles lectores que lean esta columna semanal habrán observado que un tema recurrentemente tratado en la misma es el del secesionismo catalán, para mí el problema más grave que enfrentamos los ciudadanos españoles en estos recientes años. Me he permitido en esta ocasión reproducir al final de este uno de mis artículos publicados en mi columna en las fechas indicadas en los mismos. Y lo hago porque me interesa recordar mi definición de las decisiones de los gobiernos de la Generalitat de turno y en definitiva de eso que se denomina el “Procés”. Yo lo caractericé, en el artículo que aquí reproduzco, escrito y publicado en la semana iniciada el 13 de enero de 2016 (hace cerca de tres años), como un intento de “golpe de Estado blando” añadiendo en posteriores columnas una característica inevitable en procesos de este tipo, la de ser “por etapas”. Se va instrumentando mediante decisiones del gobierno golpista, decisiones sucesivas que buscan, como en cualquier golpe “duro o tradicional”, sustituir la legalidad e institucionalidad vigentes por la que quieren imponer los golpistas. En el caso del “procés”, como hemos ido viendo día a día, esto se ha hecho o se ha pretendido hacer mediante decisiones de la Generalitat, algunas, si las hay, legales y otras, las más, claramente ilegales o dudosamente ilegales.

“EL “PROCES” COMO INTENTO DE GOLPE

Luis de Velasco. Publicado el 13 enero 2016

La portavoz de la CUP, ataviada con una revolucionaria camiseta del movimiento zapatista, tomó la palabra y escenificó el decisivo apoyo de su grupo parlamentario (otra cosa es de su “partido”) a la investidura como presidente de “su” país del representante de un partido burgués, manchado por la corrupción y las políticas más reaccionarias. Quizá pensando en que, en la pura ortodoxia, un paso previo a “la revolución” es una fase burguesa que “agudice las contradicciones”. O que más prosaicamente, como dijo el anterior portavoz Baños, para ayudar a la independencia y a la república que viene de lo que se trata es de “montar el pollo”.

Ya hay por lo tanto, gracias a la CUP, nuevo presidente del gobierno catalán, hay nuevo gobierno y hay, según declaró el mismo presidente en la sesión de investidura, un programa para los próximos dieciocho meses, el mismo programa de Más, definido por la declaración institucional declarada en su momento inconstitucional. Ese programa, nudo central del proceso, busca la “desconexión”, o sea, dicho sin la manipulación ya usual del lenguaje, la independencia de Cataluña.

El procedimiento elegido es el de tratar de ir articulando una legalidad e institucionalidad “catalana” , o sea emanada de lo que apruebe el Parlament, paralela a la española, entendiéndose que si es contraria la primera a la segunda prevalece la primera. El nuevo presidente remarcó que ese proceso sería acorde a “la legalidad” sin especificar a cual se refería pero hay sobradas razones para suponer que quiere decir a la legalidad “catalana”. La otra ni existe para estos aventureros. Lo han dicho por activa y por pasiva, como han dicho que tienen un “mandato democrático del pueblo”  para establecer ese nuevo marco.

Ese intento de establecer una especie de “poder paralelo” por disparatado que parezca y sea ese objetivo, puede calificarse como un intento de golpe de estado. No se trata por supuesto de un golpe “clásico” con tanques en las calles. Eso está pasado de moda, a nadie se le ocurre salvo en destinos estratégicos en los que las apuestas desbordan ampliamente el país de que se trate, caso de Egipto o Tailandia o en estados fallidos caso de África Subsahariana. Estamos en nuestro caso en un intento de golpe de estado que podemos calificar de “blando” o “por secretaría”, mediante acuerdos y papeles. No estamos ante un golpe, eso hay que remarcarlo. Estamos ante “un intento” porque estamos en el inicio de un difícil “procés” para sus inspiradores y actores.

Corresponde a los poderes legítimos del Estado abortar este disparatado intento, ese “pronunciamiento” como ha sido calificado por medios extranjeros, pensando sin duda en nuestros agitados siglo XIX y parte del XX. Para cortar este intento, el Estado cuenta con muy amplios poderes, los de todo Estado moderno. Lo primero es tener la credibilidad suficiente para transmitir la certeza de que se van a utilizar y segundo hacerlo llegado el caso. Contar además con un importante respaldo de la ciudadanía, de los partidos y de los actores más representativos de la sociedad civil desde medios hasta agentes sociales es imprescindible. Como lo es el respaldo de la UE y de los gobiernos occidentales. Como también lo es el respaldo sin fisuras a los sectores de la población catalana, sin duda más de la mitad, que están en contra del “procés”. Ya está bien de hablar en nombre del  “pueblo catalán” como si fuera un todo homogéneo cuando todos sabemos que no es así. Por algo, han tratado desesperadamente de evitar nuevas elecciones tras la derrota en las últimas. A destacar que las recientes concentraciones de la ANC han sido un fracaso.

Se dice que “hay que dialogar”. De acuerdo pero ¿sobre qué se dialoga? ¿Ha mostrado el gobierno de Más alguna disposición al diálogo o ha seguido con sus decisiones al margen de la legalidad que a todos obliga y con sus mentiras, falacias y ataques? Los comienzos del nuevo gobierno no son muy esperanzadores pero habrá que esperar e ir viendo. Pero lo más probable es que la situación empeore y que lleguen momentos decisivos. La gran pregunta es si un gobierno como el gobierno Rajoy desacreditado ante la mayoría y en funciones puede encarar esos tremendos retos.”  Hasta aquí el artículo citado.

Ocurre que muchas de estas últimas (clara o dudosamente ilegales) decisiones del independentismo) han tenido efectos en la vida real, debido al absentismo o a la abulia del gobierno Rajoy en su lenta respuesta o no respuesta especialmente al inicio del proceso, tema al que no se le dio la importancia y gravedad que encerraba (como hoy estamos viendo…y sufriendo). También ha jugado la actitud digamos despreocupada del PSOE que cuenta además con la permanente e importante presencia en su seno del “quintacolumnismo” del PSC con su acomodaticio y políticamente blando secretario general Iceta al frente asistido por el hoy en el bando “indepe”, Ernest Maragall. Ese inicio del “procés” se ha demostrado decisivo porque, hay que insistir, no se le dio la importancia y gravedad que encerraba, Desde el primer momento se habla y se escribe, por parte del nacionalismo, de “desconexión” y en las referencias a la “legalidad” nunca se añadía la palabra “española”. Pero rápidamente en el lenguaje hablado y escrito de los nacionalistas se abandona la ambigüedad y se habla y se escribe expresamente de “independencia” . Más claro, agua. Frente a ello, la respuesta o no respuesta del gobierno Rajoy tanto en los tribunales como, sobre todo, en el frente de la opinión pública y en eso que se llama “el relato” y la movilización ciudadana, es claramente tardía e insuficiente de modo que la iniciativa ha sido claramente de los “indepes”. Conviene insistir además en que esta opción de golpe blando supone necesariamente transitar con los obligados recursos por parte del gobierno por la vía judicial con la consiguiente lentitud y retraso, frente a los efectos muchas veces instantáneos en la opinión pública y en la calle de las decisiones independentistas y eso da más respaldo y fuerza al independentismo y lo hace más osado para otras iniciativas ilegales en una dinámica que se autoalimenta. Por todo esto, cabe afirmar que solo en un tema la opción “antiindepe” ha llevado la iniciativa y es el internacional, tema sin duda importante pero que no es todo.

El golpe blando y por etapas ha ido avanzando. Al día de hoy, hay más cosas y más claras todavía, la primera es que este problema es más grave  que en su inicio. Y con clara tendencia a  empeorar. No hay duda de que la solución, si la hay, es muy difícil ya que ha quedado claro que dos no pueden dialogar y menos negociar si es que uno no quiere y además no es fiable sino que es mesiánico e irracional y miente continuamente.

Acabar, por ahora, afirmando que por ahora estamos todavía en un intento de golpe. El mismo tendrá lugar y con éxito solo si los independentistas ganan. Mientras tanto, el daño que han causado a la convivencia entre catalanes y entre estos y el resto de españoles es de enorme gravedad y dejará huella muy profunda y lenta de sanar. Mal panorama.