No llores por mí…

…Argentina

Hace años, no muchos, en uno de mis viajes a Buenos Aires un amigo argentino me contó un chiste que hoy recuerdo más que nunca. Dice así.

Está Dios en la ceremonia de la creación del mundo y le toca el turno a la Argentina. Está contemplando el trabajo uno de sus hombres de confianza, san Pedro, que ve como Dios crea feraces y muy extensas tierras, ríos caudalosos, mares muy ricos, abundantes recursos minerales y así. Esto inquieta a Pedro que le dice: “Señor, me parece que te estás pasando, puedes ser injusto respecto al resto de humanos con tantos regalos para estos”. A lo que Dios le responde: “No te preocupes Pedro, ahora ponemos aquí a los argentinos que se encargarán de estropearlo todo”. Y en eso parece que estamos nuevamente, con una muy grave crisis, la novedad del año por esos pagos mientras se sustancia el juicio a la expresidenta Cristina por presunta y gigantesca corrupción. También la novedad del año.

Crisis de manual tantas veces repetida allí. Muy excesivo endeudamiento sobre todo público y externo y en la que ha jugado, aunque sin ser lo más importante, el factor de la inmediatamente anterior crisis turca. Enseguida entra en escena un/el dato clave que es la pérdida de confianza por parte de los acreedores y prestamistas externos quedando así la última y tradicional salvaguardia en estos casos, léase el Fondo Monetario Internacional, el denostado FMI con sus muchas veces brutales políticas de austeridad. Claro que el caso venezolano resulta mucho peor en costes de todo tipo.

La receta es la tradicional: gran apretón presupuestario a cambio de préstamo del Fondo de miles de millones de dólares ( en este caso hasta cincuenta mil) con calendario de entregas en función del cumplimiento de ese apretón que supone, por supuesto, un muy alto coste social como siempre ocurre, mal repartido. Así es la vida. Nada nuevo bajo el sol.

La duda es por supuesto si ese apretón presupuestario se podrá cumplir frente a una previsible respuesta de protestas ciudadanas en un país con luchas sociales amplias y enraizadas en gran parte de la población y en esta oportunidad frente a un gobierno débil como el de Macri quien había asegurado que ese tipo de crisis eran cosa de un pasado ya superado. Hoy otra crisis está ahí y obliga a grandes sacrificios que, con más o menos excepciones, no habrá más remedio que hacer porque no parece haber otra alternativa. Recuperar la confianza de quienes mandan en el mundo no es fácil ni barato y además lleva tiempo. Perderla, todo lo contrario.

La Argentina es un gran país, no solo con recursos otorgados por el Gran Jefe sino también con gente muy preparada y capaz. Si acaso un pequeño reproche: el mundo, la vida es algo más que el tradicional “derbi” de Avellaneda entre Independiente y Rácing o que el clásico de los clásicos, Boca-River. Sin Maradona en activo ya no corre la famosa frase de un conocido cronista futbolero, aquella inmortal de “qué lindo levantarse un domingo por la mañana sabiendo que por la tarde juega Maradona”. En fin, parece que llegó la hora de lo que con pasión y cariño decía Ortega y Gasset hace cerca de cien años. “A las cosas, argentinos, a las cosas”. Hoy, con esos mismos sentimientos, hay que recordarlo ante otro momento difícil en su historia.