Moción de censura o el remedio y la enfermedad

Ya no se trata de rumores, calumnias, ataques o noticias falsas. La reciente sentencia de la Audiencia Nacional en el Caso Gürtel coloca las sosas en un plano distinto muchísimo más grave y nos coloca ante territorio inexplorado.

La sentencia estima probada la existencia de un esquema eficaz y auténtico de corrupción institucionalizada inserto en el PP con una caja B y, también de enorme gravedad, niega credibilidad al testimonio del propio Presidente del Gobierno. Nada menos. Con esta sentencia, queda gravemente dañada, incluso hundida, la autoridad política, moral y ciudadana del Presidente del Gobierno, lo que le debería inhabilitar para seguir gobernando.

Si es que hay un mínimo de coherencia y patriotismo en el mismo, su inmediata reacción debía haber sido presentar su dimisión y convocar elecciones generales para que la ciudadanía eligiera el camino a seguir ante esta dramática situación. No lo ha hecho ni es esperable que lo haga. En ese caso, lo principal es lograr que dimita. ¿Cabe pensar en que pretenda seguir “gobernando” en lo que serían más años perdidos cuando hay problemas muy graves a enfrentar y tratar de resolver? Esta es una opción claramente descartable con un presidente “zombie”, y aislado y sin “auctoritas”. Un suicidio colectivo que hay que rechazar.

Ante esta situación ¿qué ofrece el primer partido de la oposición, el PSOE, el primero precisamente en salir con su propuesta de moción de censura constructiva, la permitida por la Constitución? Parece que el secretario general de ese partido (hay que personalizar este decisión en él por lo que se ha ido conociendo del proceso interno de decisión), opta por dar a conocer el texto de lo que pretende y tratar de lograr los imprescindibles apoyos en votos en el Congreso con un planteamiento de “El que esté de acuerdo que me siga”, con mínimo o nulo margen, `parece, de negociación. En principio…

También en principio está bastante claro que la iniciativa no reunirá el apoyo imprescindible y fracasará. Depende principalmente de lo que decida Ciudadanos que rechaza un gobierno PSOE aunque sea por escaso tiempo hasta las elecciones, seguramente porque no confía en esa brevedad proclamada por Sánchez. Y porque sabe o intuye que no es lo mismo encarar unas elecciones desde el gobierno que desde la oposición. De no sumarse Ciudadanos entraríamos en un opción que es, como mínimo, tan desastrosa como la de Rajoy siguiendo “al frente” (es un decir) del gobierno con las huestes del PP. Es desastrosa porque esa opción de gobierno de Sánchez en caso de prosperar habría contado con el apoyo de los votos de lo peor del Hemiciclo, empezando por los golpistas “indepes” que siguen insistiendo en su labor de zapa de las instituciones y en sus actividades ilegales y supremacistas. No minusvaloremos el atractivo que el nacionalismo y sus diversas formas mantienen sobre el PSOE con un influyente submarino como es el PSC.Y también con el apoyo de Podemos con su permanente oportunismo (enfermedad infantil, ejemplo destacado el reciente de la mansión) y su nula fiabilidad. En suma, rechazables compañeros de viaje que harían que el remedio fuera peor que la enfermedad.

Así las cosas a estas alturas del campeonato, lo más probable es el fracaso de la moción de censura con la consecuencia de que Rajoy seguiría “gobernando”. Pero no cabe descartar lo improbable, eso es la política. Por ejemplo, que a  Rajoy le de un ataque de responsabilidad patriótica, dimita y convoque elecciones. O que los calculistas perennes de Ciudadanos decidan que es mejor llegar a un acuerdo con el PSOE y apoyen la moción y a partir de ahí se pueda llegar al número suficiente de compañeros de viaje mínimamente presentables aunque no será fácil. Así con esos acuerdos iríamos entrando en lo que parece va a ser nuestro inmediato porvenir: un “sistema a la italiana”, guste o no. Siempre quedará al final la posibilidad de un presidente del gobierno procedente del FMI. La superortodoxia económica como valor supremo.