El independentismo, enfermedad infantil del nacionalismo

En esa fase estamos. En un interesante artículo publicado el pasado día 25 en El País “Combate por la hegemonía” de Antonio Santamaría, el autor se refiere a las tres fases de los movimientos nacionalistas según Miroslav Hroch. Una cultural, de reivindicación de las diferencias culturales; otra autonomista donde se reclama el autogobierno dentro del Estado y una tercera, la independentista, es decir Estado propio como templo de la nación. Estamos en esa tercera fase aquí y ahora, esa fase que recuerda aquello del “izquierdismo, enfermedad infantil del comunismo” que escribió Lenin.

Analizar las causas próximas y remotas que nos han llevado hasta aquí es muy complejo y, sobre todo, muy polémico. Lo estamos viendo cada día, incluso cada hora con declaraciones, análisis, artículos totalmente diferentes. Salvo mínimas excepciones la mayor parte de los mismos se utiliza como arma arrojadiza en esta lucha que no es otra cosa que una lucha por el poder, elemento decisivo en todo devenir social sobre todo en momentos como el actual, que hay que calificar como decisivos, incluso revolucionarios. Porque lo que persiguen los independentistas es una verdadera revolución en nuestro país por reaccionarios que sean sus objetivos.

A estas alturas a menos de una semana de la convocatoria del 1-O y dentro de la confusión reinante hay algunas cosas claras (para quienes las quieran ver, seguramente no serán muchos).

Una es que el salto a la ilegalidad y por ello la ilegitimidad en este proceso, es clara responsabilidad del independentismo. Se produce con las aprobaciones ilegales en el Parlament de las leyes del Referéndum y de la Fundacional de la República y de Transitoriedad. Es decir, cuando tras sesiones bochornosas se pone en marcha la llamada “Desconexión”. En su toma de posesión, enero de 2016, como nuevo presidente del gobierno catalán gracias a los votos de la CUP, Puigdemont habló de su programa, un programa para los siguientes dieciocho meses, el mismo programa de Mas definido por la declaración institucional declarada en su momento inconstitucional. Ese programa, nudo central de “prucés”, busca la “desconexión”, es decir la independencia de Cataluña. Se trata de ir articulando una legalidad e institucionalidad “catalana”, paralela a la española. Así cuando el nuevo presidente remarcó que ese proceso sería acorde a la “legalidad” ya estamos viendo a la que se refería, a la legalidad “ilegal”, la catalana y esto no es un juego de palabras.

Esto nos lleva  una segunda consideración hoy también muy clara más allá de disquisiciones teóricas. Se ha producido una enorme quiebra en la sociedad catalana así como en la sociedad española en su conjunto puesto que la primera es parte, muy importante cualitativa y cuantitativamente, de la segunda. Lo estamos viendo cada día y, lamentablemente, la tensión seguirá creciendo, por supuesto también después del próximo día 1. Quiebra ciudadana e institucional de la que el principal responsable es el independentismo, esa enfermedad infantil, con el gobierno Puigdemont a la cabeza acompañado de sus abundantes y variopintas terminales tanto dentro como fuera de Cataluña.

Mucho y con cabeza muy fría habrá que trabajar a partir del próximo 2 para deshacer tantos entuertos. Difícilmente con los mismos primeros actores. Pero ese es otro tema para más adelante.