¿RIP derecha e izquierda?

Un fantasma recorre algunos países a la vista de recientes resultados electorales o, más exactamente, a la vista de comentarios sobre los mismos. Ese recorrido empezó con la victoria de Trump y ha seguido con el Brexit y la victoria de Macron en Francia. En síntesis, hay indicios de que se ha producido una segmentación nueva en el electorado. De un lado, los aperturistas al exterior, urbanitas, con estudios superiores, digitales, jóvenes, viajeros. De otro, sus opuestos o sea, los antiglobalización, habitantes de núcleos urbanos pequeños, estudios primarios, perdidos en el mundo digital, de edad, poco o nada viajeros. Son seguramente conjuntos disjuntos, es decir sin ningún elemento en común, ninguna intersección. Lo podemos denominar como modelos de dos conjuntos.

Como en toda estilización de hechos, la conclusión es arriesgada y sujeta a objeciones. Por ejemplo, y sin duda lo que más “canta”, es lo relativo a los antiglobalización. Es obvio que muchísimos de los que se incluyen o los incluyen en esa opción, que crece de manera indudable, no se reconocen en el resto de integrantes de ese conjunto citado. Y en el resto de integrantes de cada uno de los dos conjuntos también sin duda hay excepciones. Pero a pesar de todo esto, las categorías citadas pueden ser valiosas para analizarlas, quizá no tanto como hechos nítidos sino como inicio de posibles tendencias lo que, sin duda, es de interés.

La muestra, hasta el momento, es de solo tres países y tres votaciones pero no hay duda que son países importantes. Con salvedades también a tener en cuenta. En Estados Unidos, Trump no ganó por votos sino por el sistema del Colegio Electoral pero es cierto que el patrón de votación se adapta, en general, a los dos conjuntos citados. En el Reino Unido, el resultado del Brexit aparece más nítido mientras que las elecciones generales inmediatas quiebran el esquema (hay mucha mezcla) destacando el alza del laborismo, algo que puede indicar un alza del voto ideológico. El “fenómeno Macron”, con sus dos victorias, aplastante y con muy alta abstención la segunda en la estela de la sorprendente primera, tiene características de ese modelo de los dos conjuntos y también propias.

¿Es posible a la vista de lo ocurrido en tres convocatorias electorales extraer la conclusión de que estamos, al menos en el inicio, de un nuevo paradigma electoral? ¿Paradigma caracterizado por el reemplazo de las históricas así como ideológicas y políticas categorías de “derecha e izquierda” por otras, determinadas por factores en unos casos geográficos, en otros por la edad, en otros por la “ilustración” del sujeto? ¿Por la propia experiencia vital del elector, vote o no? Curiosamente, llegarían aquí ecos de aquella afirmación de Carlos Marx de que “la existencia determina la conciencia”.

Es cierto que estamos en tiempos de confusión creciente, de “relatos” y que hay doctrinas y conceptos que están perdiendo su significado o en grave peligro de perderlo y entre las mismas destaca lo de derecha e izquierda, para muchos, intencionadamente, conceptos “demodés”. Pero a pesar de esa confusión lo esencial de ambos conceptos persiste como persiste la diferencia entre ambos tanto en su vertiente ideológica como en su praxis. Aunque es este segundo apartado es claro que muchas políticas llevadas a cabo por partidos autotitulados o percibidos de izquierda son las que han sembrado y aumentado esa confusión, sobre todo en ciudadanos menos “ilustrados” y más sometidos a las influencias de medios de comunicación.

Aceptando que existe (¿añadimos “todavía”?) la izquierda y la derecha, la conclusión errónea sería no tener en cuenta ese modelo de los dos conjuntos que parece (repetimos “parece”, la evidencia no es concluyente ni de lejos) apuntar en lontananza. Hoy por hoy, son compatibles ese “nuevo” modelo de los dos conjuntos (que no olvidemos tienen “fugas” y no son estáticos) con el “viejo” de izquierda y derecha (también con fugas y no estáticos), siempre que este último mantenga sus diferencias entre estos dos polos, tanto en lo referido a objetivos como a medios políticos. Es decir que izquierda y derecha respeten, practiquen y hagan conocer sus señas de identidad. Porque no son lo mismo. Al menos hoy por hoy.