Siempre nos quedará Trump (lamentablemente)

Trump, lo que dice, lo que hace, lo que tuitea siempre merece la atención mundial. Lógico, ocupa el puesto de trabajo más importante del mundo. Pero ¿cabe decir mejor que “todavía” ocupa? ¿O es más adecuado decir “el puesto de trabajo “todavía” más importante del mundo? Aquí, en esto que parece un trabalenguas, la diferencia es notable y sencilla de apreciar.

La primera frase se refiere, es obvio, a su condición personal y da a entender la propia transitoriedad del cargo, en principio cuatro años, luego prorrogable con otros cuatro. La segunda se refiere al mantenimiento o no del país que él gobierna o sea Estados Unidos como primera potencia mundial. Vale la pena detenerse en ambos aspectos.

La pregunta es si Trump cumplirá esos cuatro años. No está claro pero lo más probable, al menos al día de hoy, es que los cumpla. Hay varias y variadas razones. La primera es que sigue contando con un importante respaldo ciudadano aunque por debajo, según encuestas, de los casi 63 millones de votos obtenidos en la elección presidencial. Ese respaldo se da sobre todo en la llamada “América profunda”, blanca, conservadora, religiosa y a lo que pasa fuera de su entorno, no digamos ya de su país, le importa poco. No se suelen guiar por lo que digan el New York Times o el Washington Post sino por sus periódicos locales, en general contrarios a los “liberals” así como lo que escriban cientos de miles de blogs y similares. Muchos observadores de fuera de este inmenso país y no conocedores del mismo creen que Estados Unidos es como Nueva York o San Francisco y se equivocan totalmente. Ejemplo último: la decisión de Trump de abandonar el acuerdo sobre el clima ha sido apoyada por una gran parte de sus conciudadanos. Y como esa, muchas otras decisiones. Hasta hoy la economía y las bolsas van bien y el posible tema de la injerencia rusa no parece tener mucho recorrido.

Solo si la opinión pública es crecientemente contraria, algo por supuesto no descartable dado el personaje, cabe pensar en un amplio respaldo a un posible “impeachment”, algo institucionalmente muy difícil dadas la exigencia de votos tanto en la Cámara de Representantes como sobre todo en el Senado donde reside la decisión última y por mayoría de dos tercios. Puede influir y de manera importante el hecho de que tanto los integrantes de la Cámara de Representantes como los Senadores vean peligrar sus escaños que se renuevan cada dos años (en su totalidad los primeros, en un tercio los segundos) y eso les llevara a considerar prescindir de Trump por ser contrario a sus intereses. Pero, en resumen, todo ello es muy poco probable. Cabe otra vía legal, a la que se refería Alvaro Anchuelo en su columna de la última semana, pero también harto improbable, la referida a la declaración de incapacidad del presidente. O sea, hay que acostumbrarse a vivir con Trump y esperar y desear que solo sean cuatro años.

La segunda cuestión es precisamente si dentro de cuatro años ese será todavía el puesto de trabajo más importante del mundo. O dicho de otra manera, si Estados Unidos seguirá siendo la primera potencia mundial. Pregunta no ociosa al menos para algunos que andan ya preguntando qué país ocupará ese puesto. Pero de eso hablaremos otro día. Anticipo mi (falible) pronóstico: lo seguirá siendo, a pesar de Trump.