Macron mira a Alemania

Decisión lógica y obligada. Macron, tras ser proclamado con la tradicional y admirable solemnidad francesa, presidente de la República y designar a su primer ministro mirando a la derecha, viaja a Alemania a  entrevistarse con la Canciller Merkel, muy reforzada tras su clara victoria en Renania del Norte-Westfalia. Reunión de trabajo de dos vencedores y reunión sin duda importante para tratar de rehabilitar y fortalecer ese eje indispensable para la marcha de una Unión Europea cada vez más debilitada.

En esta misma columna tras el pase a la segunda vuelta de Macron y Le Pen se insistía en que el malestar (“malaise”) francés no lo era solo con su gobierno y sus políticos sino también respecto de Bruselas y sus decisiones. Tras la victoria de Macron insistíamos en esas carencias europeas desde la política de austeridad hasta el aumento de las desigualdades y la ausencia de la, en tiempos cacareada, Europa Social. Añadiendo que ese malestar, en diversos grados, existe prácticamente en toda la UE. Por ello, para Macron es imprescindible actuar no solo en el marco interno sino además, y más fundamentalmente, en el marco comunitario y de ahí lo imprescindible de ir de la mano con Merkel. Eso sí, sabiendo y reconociendo, al menos de puertas para dentro, que ahí quien manda es Alemania lo que aumenta las dificultades porque la situación de ese país, tanto económica como en estado colectivo de ánimo, poco o nada tiene que ver con la francesa.

La reunión bilateral de este fin de semana se concreta en un grupo de trabajo para establecer las líneas de lo que al parecer se denomina “la refundación de la eurozona” (concepto que, lamentablemente, recuerda aquel de la “refundación del capitalismo” del que habló Sarkozy tras una magna reunión multilateral cuando la Gran Recesión y de refundación, nada.) Pero esta vez, con el nombre que sea, bienvenida sea este imprescindible iniciativa porque pone encima de la mesa su necesidad y su urgencia ante una realidad comunitaria que hace agua por todas partes con el consiguiente y obligado escepticismo y rechazo de un número creciente ciudadanos que saben que fuera de la unión hace frio pero que ven que dentro también lo hace y cada vez más. Ven que la unión, que es una parte destacada de la globalización económica mundial, adolece de muchos de sus defectos. El principal que sus beneficios indudables alcanzan a una parte de la población mientras que no llegan a los muchos “left behind”, a “los que deja atrás”. Crece la desigualdad económica y social tanto en oportunidades como en resultados y, muy importante y poco o nada recordado, esto lleva a la desigualdad política. Muchos de los que se quedan atrás no participan porque no ven para qué les sirve la democracia. Dejan de ser ciudadanos.

Volviendo a Francia, los retos de Macron son muchos y muy difíciles. La primera prueba son las legislativas inmediatas. Hay que esperar y ver, es difícil hoy un pronóstico salvo un posible resultado favorable en la ola de su reciente victoria aunque el porcentaje del censo que le votó es limitado. Pero a mucha gente le gusta votar al vencedor. A partir de ahí, una acuerdo con Alemania para tratar de reformar la unión es indispensable aunque su gestación y su aplicación será muy lenta como todo en la UE. Si fracasa, el peligro de la extrema derecha sigue estando ahí, no ha desaparecido ni mucho menos. No se olvide.