Sin sorpresas en Francia

Esta vez no ha habido sorpresa y las encuestas han acertado. Sin duda porque el pronóstico era muy fácil: dos candidatos con una, Marion Le Pen, descartada de antemano de la victoria por variadas razones que van desde su trayectoria política hasta su programa y sus compañeros de viaje. Nadie en su sano juicio pensaba que iba a ganar, ni ella misma. Aunque el denominado Frente Republicano no se constituyó formalmente, sí lo hizo “de facto”. Nadie podía pensar de verdad que las maniobras atribuidas, sin prueba alguna, a Putin podían influir en el resultado electoral y no influyeron. El antecedente de Trump y Hillary Clinton traído por los pelos no es tal porque allí las cosas fueron diferentes y si Trump ganó fue, entre otras cosas, porque mucha gente estaba en contra, incluso visceralmente, de la demócrata.

Tras el triunfo de Macron vale la pena recordar algunas cifras destacadas. La primera, la abstención, un veinticinco por ciento de un censo de votantes de cuarenta y siete millones lo que supone unos doce millones. Es la abstención más alta de los últimos cincuenta años en elecciones presidenciales. La abstención es la segunda fuerza electoral por delante de Le Pen. Sube si añadimos los votos nulos y en blanco que alcanzan el entorno de un diez por ciento. Síntomas claros del malestar ciudadano no solo con los políticos tradicionales (como se vio en la primera vuelta) sino más ampliamente con la política en general. Además que el Frente Nacional, a pesar de su autoconsiderado fracaso, obtenga un tercio de los votos emitidos en un país “principal” como Francia debe ser motivo de seria preocupación. Sin duda lo es.

Se han vertido ríos de tina sobre Macron, su candidatura y su triunfo y estamos solo en el comienzo. Ese triunfo supone otro ejemplo de la ruptura ciudadana con la política tradicional. El mapa electoral del país ha quedado perfectamente definido tanto en términos sociológicos como geográficos y tampoco ahí ha habido sorpresas. Una Francia abierta al exterior, ilustrada y más rica que es optimista frente a otra Francia cerrada, menos ilustrada y más pobre que es pesimista (algunos dirán realista). Macron, aparte de un respaldo notable y sin fisura de los poderes económicos, ha tenido suerte porque se ha enfrentado a una candidata “basura” repudiada visceralmente por gran parte de la población. Sin duda que muchos de ellos han votado a Macron como mal menor y eso le ha beneficiado.

Vamos ahora a la tercera vuelta electoral, las elecciones legislativas en junio con más de quinientos escaños en juego. Muy difícil prueba para Macron que carece de un partido que lo respalde. Pero esto no será un obstáculo insalvable. La estela de un movimiento victorioso durará sin duda hasta esa fecha y como siempre ocurre en todas partes habrá muchos voluntarios prestos a ir en ayuda del ganador (el primero parece ser Manuel Valls, uno de los inmediatos responsables de la debacle socialista. Inmediatos hay más y menos inmediatos muchos más). Pero más importante que hacer esa lista es ganar en cada circunscripción y, más aún, la fidelidad al partido o movimiento o lo que sea a partir de ahí para hacer viable un gobierno al que se le va a exigir mucho. Ahí es donde Macron deberá mostrar su valía, su capacidad de liderazgo y de gobierno y pasar de los versos de su campaña a la prosa de la dura realidad con un país en crisis institucional y existencial.

El Frente Nacional está ahí y va a echar el resto en esas elecciones, cuestión de supervivencia para ellos. Puede llegar a ser “la oposición” con lo que eso supone para Francia, para la UE y para el mundo occidental. Lo que pasa en Francia siempre es importante. Que el FN progrese o se estanque o sea reducido a algo testimonial depende sobre todo de las políticas del nuevo presidente de la República y de sus apoyos. Pero no solamente ni mucho menos depende de esos factores internos. Depende y mucho de Bruselas y del verdadero motor y centro de la UE que no es otro que Alemania. Un parte muy notable de las quejas de la ciudadanía francesa descontenta y pesimista van contra “Bruselas” porque sus políticas austericidas de estos años han causado graves destrozos sociales y económicos en los países miembros entre ellos Francia por supuesto. Como lo ha causado un camino mal diseñado y peor aplicado hacia una unión económica y monetaria imprudente y arbitrista sin los necesarios requisitos. Como lo ha causado la no existencia de la cacareada “Europa social” a la que ahora se pretende poner un tardío y muy insuficiente remedio. Pues bien, todo eso tiene un coste que recae en los más débiles y es lo que se está viendo y viviendo en Francia.