También los nuevos nos toman por idiotas

En los medios la concejal portavoz del Ayuntamiento de Madrid nos anuncia que la consulta convocada por esa entidad para que los ciudadanos de Madrid decidiéramos sobre varios y variados temas a consulta, ha sido “un rotundo éxito”. Quizá piensa que lo que se nos pedía en la publicidad del Ayuntamiento antes de la consulta y como acicate a la misma,eso de que hiciésemos “historia” se ha cumplido y así se ha alcanzado un hito en el camino, siempre difícil, de la democracia directa en la que el pueblo, sin intermediarios, decide. Enternecedor. Solo que la portavoz olvida que la participación sobre un total de 2.7 millones de ciudadanos con derecho a voto, ha sido ligeramente inferior al ocho por ciento, cifra no muy estimulante. En un caso, este especialmente “político”, el cambio de nombre del parque Felipe VI, esa participación ha sido del 0.1 por ciento ( ha leído usted bien). Y es especialmente “político” porque si la mayoría que gobierna el Ayuntamiento quería cambiar el nombre y de eso no hay duda, podía y debía haberlo hecho mediante decisión propia. ¿O no se atrevía?

La consulta ha incluido variadas preguntas, una parte de las mismas de respuesta obvia y sabida de antemano formuladas así “ad maiorem gloriam” del consistorio, otras no totalmente competencia de la autoridad local. El coste total, algo a tener siempre en cuenta y muchas veces olvidado por los gestores, ha sido de 1,1 millones de euros. Cualquier análisis por rudimentario que sea del coste y beneficio social sería negativo. No así para los promotores porque sin duda incluyen en ese “beneficio social” cosas intangibles que van desde ese “hacer historia” hasta declaraciones del estilo de que “la democracia representativa que se blinda ante la democracia directa se corrompe” (el edil de Ahora Madrid, Pablo Soto ”dixit”).

La democracia representativa, esa definida por Churchill como “el peor sistema con excepción de todos los demás”, es un fin y al mismo tiempo un proceso siempre mejorable. Puede y debe ser complementada y perfeccionada con otras formas como la democracia directa y la participativa mediante instrumentos como, entre otros, las consultas populares. De ello hay ejemplos en número creciente en otros países y regiones. Pero dotados, y eso es la clave, de una serie de requisitos que han faltado totalmente en el simulacro de Madrid. Requisitos que se resumen en dos conceptos aquí olvidados: seriedad y respeto al ciudadano. Aquí hemos visto una pantomima en la estela del “No nos representan” con el resultado sabido pero no reconocido por los autores: la indiferencia, el rechazo ciudadano a participar. La participación ciudadana no es sencilla. Exige para empezar conocimiento del ciudadano del tema planteado lo que supone un cierto esfuerzo por su parte. Exige transparencia por parte del convocante algo difícil en este país con limitada tradición democrática.

Lo que hemos presenciado no es de recibo. Es una tomadura de pelo al ciudadano. Es una pura operación de pretendida “agit-prop”. Fallida porque ni ha agitado y la propaganda global ha sido escasa y contraria a los convocantes. Esos convocantes, los que hoy mandan en el Ayuntamiento de Madrid, los “nuevos” que venían a regenerarnos a todos, nos toman por idiotas. Ya vale conque nos tomen por idiotas los “viejos” con el PP destacadamente en cabeza en todo el país para que ahora vengan éstos con las mismas milongas. Un poco de seriedad y respeto. Tampoco es mucho pedir.